Alfredo Lewin conversa con “Registro Poético”: “Ingresé a estudiar Licenciatura en Literatura porque amaba a Edgar Allan Poe”.

Por Rodrigo Cabrillana Godoy.

El comunicador Alfredo Lewin, nos cuenta en esta conversación con “Registro Poético”, acerca de los  textos que lo marcaron en sus primeros años de vida, su paso por la Escuela de Literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la relación que forjó con los libros durante su estadía por Estados Unidos (MTV) en los años ’90, sus preferencias lectoras de actualidad, además de reseñar la lírica en la obra de Óscar Hahn, Chris Cornell, y el componente de la muerte que resalta sus composiciones. Al respecto, (Alfredo) Lewin es parte del circuito de especialistas en el género de la Literatura que componen los medios de comunicación en Chile. Fue conductor del programa de ARTV “Ojo con el Libro”, dirigió el ciclo de charlas en Biblioteca Nacional: “Libro Abierto, Conversaciones con Alfredo Lewin”, ha prologado destacados libros de narrativa chilena contemporánea, y mantiene un segmento sobre el arte de las letras, denominado “El Rock de los Libros”, en su programa “Radiotransmisor” de Radio Sonar FM. Asimismo es cofundador y Director de la revista nacional de música, “Rockaxis”.

¿Llegas a la música por la literatura o viceversa?

AL: Llego a la música, no por la literatura. Creo que no hay como camino de ida y de vuelta, pero por cierto, sí llega primero a mí, la literatura, y luego la música. Porque recuerdo de leer novela negra, novela policial y novela infantil, cuando no tenía ningún efecto por la música. No me causaba ninguna impresión escuchar a Queen, o John Lennon, o Abba, o todas esas cosas que resuenan a mi niñez. Ninguna de esas bandas me hizo una relación directa a la literatura. Y si hubo alguna que lo hizo, ya son esas bandas que yo sentí que estaban citando a (H.P.) Lovecraft y a (Edgar Allan) Poe, pero ahí yo ya llevaba harto tiempo leyendo. Simplemente me llevó a otro género que estaba más relacionado con el Rock y con el Metal, que es el género del gótico y el terror, y todo aquello. Pero ya iba leyendo, desde harto tiempo atrás, más que nada fomentado en este gusto lector por mi tía abuela. Que fue una especie de mamá que yo tuve, y que era una señora de mucha edad y muy lectora, que era de las que trajinaba en las librerías del Paco Rivano (Luis Rivano) en San Diego, y me metió el placer de la literatura de (Georges) Simenon y de Agatha Christie, y toda esa cuestión muy policial. Pero yo venía leyendo también Papelucho, como creo que lo leímos todos, de Marcela Paz o también de Esther Hunneus, y toda esa gente de libros juveniles, como (Julio) Verne, (Emilio) Salgari. En ese sentido, mi educación sentimental con la literatura, que llega primero que la música, se maneja más menos a fines de los ’70, principios de los ’80, como un lector inocentón y que luego va a decidir que ama tanto los libros, que ya fantasea con estudiar bibliotecología, que fue lo que me pasó a mí.

¿Qué autores te cautivaron durante tus años de estudio en la escuela de Literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile?

AL: Este tema de la Universidad Católica como que llevó la apreciación de la literatura a otro nivel. Yo entré a estudiar Licenciatura en Literatura con una mención en Inglés, porque amaba a Edgar Allan Poe. Pero no necesariamente la mención en Inglés tenía que ver con el gusto por la literatura británica o estadounidense, sino que tenía que ver más bien, cómo en la academia, en la Escuela de Letras de la Universidad Católica podía tener una especie de anexo del idioma. Porque el idioma también me interesaba perfeccionarlo, y en mi caso yo creo que incluso empezar a manejarlo, porque tampoco hablaba mucho inglés. Me parecía que era una cosa más atractiva estudiar con esta mención en inglés, y me abrió un mundo que yo desconocía absolutamente en tanto a literatura británica, como la poesía de (Samuel Taylor) Coleridge o de (William Butler) Yeats, más bien inglés e irlandés respectivamente, y luego conocer el retrato de un artista adolescente de James Joyce, y toda esa grandeza de la literatura del Reino Unido. Y por cierto, William Faulkner y especialmente para mí, Saul Bellow, estos escritores norteamericanos, que probablemente yo no hubiera conocido, porque tal vez son más para iniciados en la literatura. El leer aquello y darme cuenta que el Boom Latinoamericano y cierta cuestión del Realismo Mágico de García Márquez, está directamente entroncado y enraizado en William Faulkner, en la tradición de los pueblos que inventaba Faulkner, en el sur de Estados Unidos. Entonces, agradezco ahí, una cierta competencia literaria que me dio la Universidad, pero yo no veía venir eso. No veía venir que era tan potente, y que había un mundo que yo desconocía, más allá del gusto por la lectura. Agradezco ya, con los años que han pasado, ya con la distancia, el haber entendido Literatura Antigua, porque teníamos esa materia. Entonces, leíamos a Esquilo, Sófocles, leíamos a Shakespeare citando a todos estos griegos con sus tragedias y todo. O también obras de teatro del siglo XX que citaban también a temas que estaban enraizados en La Odisea, o unos cruces de diferentes tipos de literatura, donde destaco las del siglo XIX, las del Renacimiento y las Antigua.

Bueno, ese es un lujo que se puede dar alguien que puede estudiar literatura, porque también acepto que es un lujo estudiar eso. Ya que no es muy fácil encontrar un campo laboral para desarrollarse como Licenciado en Literatura.

¿Durante tus años de trabajo en Estados Unidos (MTV) qué libros te marcaron?

AL: Me marcaron quizás los mismos que marcaron a la generación de acá, o a esta gente como pensantes y líderes de opinión, que a través de La Zona de Contacto, recomendaban mucho libro. Por cierto yo podía vivir en Estados Unidos, pero estaba muy atento a qué es lo que se leía en Chile, o qué era lo que recomendaban estos gurú como Alberto Fuguet y Felipe Bianchi, vía La Zona de Contacto, o el canal Rock & Pop y todo eso. De pronto se hablaba de literatura, y se hablaba de un movimiento que tenía a artistas que nosotros no conocíamos, como el canadiense Douglas Coupland. Y a mí Douglas Coupland me marcó mucho, que es el hombre que se relaciona con “Microsiervos” (Microsierf), un libro, o también “Generación X”. Y Douglas Coupland es un grande, pero en ese tiempo se hablaba mucho de La Trilogía de Nueva York de Paul Auster, también del texto “La Broma Infinita”, de un autor que se suicidó, (David) Foster Wallace. Porque “La Broma Infinita” es como “Ulises” de James Joyce, de la generación de los ’90. Y bueno, Paul Auster que lo mencioné anteriormente, tiene muchísimos más. Era como una cita bien gringa, y como que había una recomendación de que los chilenos tenían que leer aquello, como para estar en onda, como para entender por qué el Grunge y el Rock alternativo. Todo era muy rockero, muy guitarrero en ese tiempo.

Recuerdo que también había un dominicano, radicado en Nueva York, que me gustaba mucho y que tuve la suerte de conocer, que era Junot Díaz. Y yo en ese tiempo, en Miami, como que alternaba con gente como el peruano (Jaime) Bayly, cuando Bayly era chévere, cuando era más bueno que lo que se convirtió después. Pero la verdad es que había mucho músico que recomendaba la literatura y literatos que de verdad parecían fanáticos del Rock, y eso a mí me gustaba mucho. Y por lo mismo, vía Los Fabulosos Cadillacs pude acceder a conocer a Ernesto Sábato, cuestiones así, para mí como muy potentes en mi educación sentimental y en la relación entre la literatura y la música.

¿Qué solista o banda representa principalmente el cruce estético entre la literatura y la música?

AL: Eso es muy difícil, pero siempre hay una consideración que a estas alturas está como institucionalizada, y es que Leonard Cohen y Bob Dylan, son 2 tipos que representan un poco ciertos valores de la literatura, su vuelo poético. A mí en lo particular, Bob Dylan, al que conozco al revés y al derecho, en cambio Leonard Cohen no tanto, me doy cuenta que la construcción de Bob Dylan es muy como la literatura dentro de la literatura. Hay mucha cita desde (William) Shakespeare hasta Ezra Pound, y me gusta como en algún momento Bob Dylan, estaba obstinado en hacer referencia como una metaliteratura, dentro de esta lírica, estos versos, que son los que le proveen a Bob Dylan, esta herramienta en particular. Y de verdad, creo que lo lindo del Rock, no hay que tomarlo tanto como poesía. Por mucho que el Premio Nobel se le haya otorgado a Bob Dylan. Sino que es más lindo aún, que la canción, o más bien la poesía, vuelve a tener su esencia como antigua, como griega, que es cantarla. Lo que pasa es que después nos olvidamos de eso, y entendemos que la poesía es un texto que se lee en silencio y está impreso en una hoja. Pero yo encuentro que tiene que estar en acción. Y por cierto, el libro de Bob Dylan, llamado “Chronicles”, encuentro que está súper bien escrito, y es una buena pieza, donde entendemos que Bob Dylan escribió sin ninguna ayuda. Es una buena pieza de narrativa, escrita de manera muy antojadiza, muy a la manera de Dylan. Me parecía extraordinario, hasta que leí la autobiografía de Morrissey hace poco, y de verdad me asombré de lo bien que escribe Morrissey. Yo no tenía la menor idea, que Morrissey era tan culto, y lo otro, es que escribe bien. Es decir, Morrissey escribe espectacularmente bien, y creo que así uno se va dando cuenta, cuando encuentras estos libros firmados por ellos mismos, y no por un escritor fantasma, o un periodista escribiendo. Y es ahí cuando también uno se percata, que hay muchos músicos que tienen una gran pluma, por cierto.

¿Podríamos caracterizar a Óscar Hahn como un escritor relacionado con la música?

AL: Bueno, Óscar Hahn ha citado harta música, y eso fue lo que particularmente me atrajo de él, en algún momento. Estas citas a (Kurt) Cobain por ejemplo, que me parecían como tan actuales. Porque otra cosa, es que alguien cite al Rock & Roll o Elvis Presley, sobre todo considerando la edad de Óscar. Como que conoció el Rock & Roll cuando éste explotó con los Beatles. Entonces, como que hay una fijación de él, para con John Lennon, para Bob Dylan. Pero también lo de Nirvana y el conocimiento del tema éste, de la adaptación musical Heavy, de Iron Maiden, para un poema como “The Rime of the Ancyent Marinere”. Por tanto, ese tipo de cosas, como que me encantan de Óscar. Que es un tipo al que le gusta la música, y que nunca le tuvo miedo al Rock de guitarras y todo eso. Porque encontraba que había algo ahí, delirante y como una sensación que yo creo le llama la atención, más allá del misterio. Porque siempre hay un misterio en este asunto del Rock, y también de los suicidas del Rock, hay una cuestión bien misteriosa. Y a él le gustaba o le gusta, también el fenómeno de la agresión del Rock que significa, o de la rabia contenida que tiene.

¿Existe una conexión en la estética de la muerte que cita Óscar Hahn en sus poemas (“La muerte está sentada a los pies de mi cama”), en relación con el componente de lo funesto que era parte de las canciones que escribía Chris Cornell en sus distintos discos?

AL: Yo creo que si a Óscar le mostráramos un poco de eso, de esta muerte acechante, que incluso está ahí, en el momento en que te levantas de la cama, y sientes que te levantaste con el pie izquierdo, y todo es una serie de inminencias siniestras y de muerte, a Óscar Hahn le encantaría. Pero encuentro que hay un bonito paralelo entre esa muerte acechante a los pies de la cama de Óscar Hahn, con ese terror que Chris Cornell dijo tener desde que compuso “Fell On Black Days”. En donde a propósito de nada, de ningún elemento exógeno, hay una presencia que está ahí, y tú tienes terror de que pronto esa se articule y se explicite, y te lleve al lugar de los poetas, el lugar de la locura y la desesperación.

Hay una conexión particular, porque la misma noche que muere Chris Cornell, Óscar Hahn está leyendo el poema “La muerte está sentada a los pies de mi cama”, durante el lanzamiento de su último libro en el Centro Cultural GAM.

AL: Por cierto, un día lluvioso, hay una sincronía. Y no lo había pensado de esa manera, y a veces quizás quién sabe, que la poesía tiene una capacidad de invocar a la muerte. Pero la poesía siempre la conjura,  como la enfrenta. Creo que el acto suicida va a otro lado. Así que… bueno… a Óscar le vamos a tener que mostrar a Chris Cornell. Me gustaría saber qué opina Óscar acerca de la poesía, de la lírica de Cornell, que a mí me parece que por momento, “Black Hole Sun” es un muy buen caso, es puro flujo de la conciencia. Eso es un argumento poético bien elevado, viniendo de una persona como Cornell, que siempre resintió el no haber terminado el colegio por ejemplo. A mí eso siempre me llamó muchísimo la atención. Porque Cornell es un tipo que a esta altura del tercer o cuarto medio, dejó todo para dedicarse a la música, y siempre pensó que no había tenido tiempo, para dedicarse más formalmente a estudiar porque le interesaba. Y le llamaba mucho la atención que la gente lo tildara a él de poeta, por su exquisito uso de palabras y todo eso. De hecho, me lo confesó en una entrevista en Lollapalooza el año ’96, y yo le dije que eso él lo tenía por talento natural, y no tenía que ir a aprenderlo a ninguna parte. Pero se lo dije, porque me llamó mucho la atención que dijera –“me hubiera gustado aprender más como de la formalidad de la estructura poética”-. Y le dije –“Para qué, si hasta Johnny Cash tomó textos tuyos para convertirlos en canción, porque encontró que las letras eran una cuestión, salvajemente buenas”-, como es el caso del tema ese, “Rusty Cage”. Entonces, creo que se nace, no se hace, en mucho sentido.

La muerte ha estado presente en toda época en el imaginario de la literatura y por supuesto de la música.

AL: Bueno, el Rock siempre ha tenido un efecto especial con el tema de la muerte, como una transición, un paso, y también se interpreta, se elabora como un crecimiento. Son muchas cosas. Tú y yo hemos vivido en el mundo del Rock, estos últimos 30 años, rodeados de temas que guardan la muerte. Porque hay misterio, porque hay romanticismo. Básicamente yo siempre pensaba en la muerte como algo muy siniestro, y algo relacionado casi con lo oculto y cosas que no se juega con la muerte. Pero sí creo que se juega con la muerte, se escribe de la muerte, se le ensalza como el ideal romántico. Y al ideal romántico, me refiero al movimiento del siglo XIX, que es el precursor y prefigura todo, el gótico. Soundgarden en sus inicios, es una banda como marcada por Bauhaus, y todo el gótico musical rockero británico que tiene a la muerte omnipresente. Y  la muerte ha estado ahí en la edad media, pero en el siglo XIX fue ensalzada, como algo tremendamente atractivo, así tal cual como los cementerios, como la sensación de oscuridad, e incluso lo más heavy, es la violencia de la naturaleza, que también provoca muerte. Todo eso era un objeto de estudio poético, en lo que consideramos probablemente una de las épocas más gloriosas de creación literaria en el mundo, que es el Romanticismo. Y por cierto, ahí uno empieza a mirar acerca de esta belleza. Y yo sé que la gente se resiste a encontrar belleza en algo que puede sonar tan atemorizante como la muerte. Pero como decían algunos grandes del Rock & Roll, -“La muerte hay que mirarla de frente para desacralizarla, pero también hacerla algo sagrado y objeto de inspiración”-.

Tú prologaste el libro de Néstor Flores, “Revolver punto docx”. ¿Cómo traducirías esa experiencia?

AL: Yo sé cuál es el tema, y el tema era “Revolver” con los 50 años, un disco que consideramos que es el mejor de los Beatles, probablemente. Pero no me quedo con eso, porque si escribo algo más que tiene que ver con la situación de los Beatles en aquel tiempo, y la descripción del año ’66. Pero no, quise como rematarlo, habiendo leído primero los cuentos y entendiendo esta relación más bien lateral que tiene cada uno de los cuentos con alguna canción de los Beatles. Con mejores momentos, y otros no tan iluminados, me quedo con la parte buena, me quedo con esa estrategia de creador, fría y calculadora que tenía él, en rigor de que se escribe con un patrón. Me pareció que es como una filosofía de la composición media satánica de este creador, para cómo se establece el crescendo de cada uno de los cuentos, y se juegue con los factores, para luego alterarlo con algo que pertenece mucho a la literatura del terror, del misterio, de lo maravilloso y de lo fantástico, que es como un quiebre. Siempre hay un quiebre, en donde las cosas pierden la normalidad y la naturalidad, y se convierten en algo como ominoso. Y me llama la atención también, que en el libro, él explica en su propio prólogo, cómo escribe. Y hay momentos que son también brillantes, en donde por cierto se cita a esta figura de la literatura contemporánea estadounidense moderna, y muy vendedora, y muy popular, como la de Ray Bradbury o la de Stephen King.

“Valparaíso 107-27”, es el cuento que cita a “Tomorrow Never Knows”. ¿Qué te pareció?

AL: Me recuerdo que era un muy buen cuento, que era una especie  como de una distopía futurista, impresionante. Aunque el cuento que recuerdo que más me llamó la atención, fue la de “El último fumador del mundo” (Love To You), porque lo encontré muy Bradbury. Pero lo encontré muy Bradbury, en el sentido de que este es un cuento que a Bradbury se le fue escribir, porque lo podría haber escrito él y no lo escribió. Pero sí, ese de Valparaíso lo encontré bien impresionante. Pero ya a momentos, me encantaba la licencia creativa que se daba el autor, en donde al final el guiño al tema del título de la canción de The Beatles era como muy colateral, y estaba bien. Todos los títulos, y todas las canciones de The Beatles de pronto, dan para algo. Pero parte de un tipo, que es fanático de la música. Entonces, quiere relacionar los ítems. Pero me gustó, cuando lo hizo con mayor soltura, cuando básicamente era el alcance de un nombre o una palabra de una canción del “Revolver”, que se convierte en cuento. Bonito ejercicio.

Si tuvieras que sugerirnos un autor chileno, ¿a quién nos recomendarías leer?

AL: Hay tanto, y más que yo leo principalmente literatura chilena y latinoamericana, ya desde hace años. De vez en cuando leo algún libro de algún gringo, o algún europeo. Pero en general, leo más europeos como noruegos, franceses y alemanes, pero me dan como un poco de “mono”, porque encuentro que las traducciones del alemán son bien complejas, y de alguna manera cada vez estoy más al tanto, o más bien consciente, pero dolorosamente consciente, de que estoy leyendo una traducción y sobre todo del alemán, en donde hay un ritmo y una poesía que es diferente. Y me pone mal, pero no hay caso, no puedo leer en alemán, y tampoco puedo leer en inglés mucho. Así que trato de evitar la literatura en otro idioma, y leo mucho chileno y mucho latinoamericano. Entonces, a mí la última que me ha  llamado poderosamente la atención, la escritora, aunque ella es más bien periodista que escritora, es Lola Larra, que escribió este libro, “Sprinters: Los niños de Colonia Dignidad”. Que encuentro que es una obra de arte, y que fue publicada por Hueders, este año. Y quizás me gusta tanto, porque ella es una muy buena escritora. Puede escribir ficción, pero esa ficción que está basada en un elemento real, y que al final junta 3 esquemas narrativos, y primera vez que veo algo así, en un solo libro. En donde una línea va por la ficción, la historia inventada de la escritora. Y al final de cuentas, siempre el escritor o la escritora, dicen que en su historia inventada hay algo autobiográfico, casi todos los escritores tienen que luchar con eso. Porque se les cuestiona de inmediato. Pero “ese eres tú, o ese eres alguien”, siempre hay una pata puesta, en ese hecho real, de la autobiografía. Sin embargo, ella inventa una ficción, y al mismo tiempo, lo hace correr paralelo a un trabajo, a una investigación periodística para ser publicada, y a un guión para una película. Que junta las tres cosas, con una historia, que nosotros más bien conocemos, que es el tema de Paul Schäfer y la Colonia Dignidad. De hecho, “Sprinters” se les llamaba a los niños, que eran los favoritos, el séquito de Paul Schäfer. Pero, de Lola Larra no podría decir que es mi favorita por un cuerpo de trabajo, sino más bien por esa obra. Entonces, a veces me dan ganas de quedarme con José Donoso, como el gran escritor de Chile, el gran cuentista y novelista de este país. Ese hombre que también está a la altura de los próceres del Boom, ahí, mano a mano con (Julio) Cortázar, con García Márquez, con Carlos Fuentes. Y hay tanto escritor chileno que me gusta tanto, tanto, tanto… Y creo que más debería referir a estas editoriales como Hueders, que encuentro está haciendo una buena curatoría con escritores con buena pluma, que ofrecen algo interesante. Marcelo Mellado por ejemplo. Me encantan esos escritores que al mismo tiempo son todo terreno y son periodistas que escriben columnas. Porque eso dice que son “secos” y que escriben rápido, sobre la marcha. Y ya escribe en sus columnas, como con un flujo, donde uno nota que los tipos ya están por sobre el periodista. Pero encuentro que los periodistas, los profesores de castellano, todos esos son los personajes ideales para escribir, son los que están llamados a escribir. No creo que tanto los abogados lo sean. Incluso nosotros vivimos una generación de viejos baluartes, que era como que los abogados, luego, derivaban en escritores. A mí me parece que son los profesores y los periodistas. Como el caso de Armando Uribe (Poeta y Abogado), por ejemplo….

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