EL CLUB DEL TALLER LITERARIO SINIESTRO.

Por Rodrigo Cabrillana Godoy.

Una conversación por teléfono a la distancia bastó para concretar una idea que había perseguido toda la vida: pertenecer a un Taller de Literatura de Terror que convocase en lo posible, a todos los autores y lecturas del género que despertaban mi interés en particular, desde hace muchísimo tiempo. El asunto es que no lo haría desde el alumnado, sino de la vereda contraria, es decir, desde la guía pedagógica del espacio. Un desafío al que no le temía, porque ya tenía experiencia trabajando con grupos de personas con intereses en la literatura, pero que resultaba complejo por la temática que nos habíamos propuesto abordar con Solange Carolina Arroyo (mi compañera de ese entonces en este tipo de proyectos), en este caso, “Lo Siniestro”. Algo abstracto, recóndito, indescifrable e incluso hasta tenebroso. Pero por sobre todo arriesgado, ya que la interrogante que nos hacíamos era: ¿cómo lográbamos adherir a nuestra propuesta a diversos participantes, con un concepto que solamente estaba reconocido por el Psicoanálisis, pero que no existía mayormente en los matices de la literatura tradicional, como puede resultar en cambio, la esencia más habitual del terror, lo insólito, lo misterioso e incluso lo fantástico en las letras? Dificultoso, porque tal como expone Sigmund Freud en uno de sus escritos, la sustancia de “Lo Siniestro” asoma cuando percibimos algo que nos resulta familiar, pero con una extrañeza bastante singular, provocando un desconcierto que nos transporta interiormente en nuestra conciencia a un estado límite de angustia. Es decir, lo que se podría denominar como la apreciación misma del miedo, o del espanto. Por la misma razón, inclusive llegamos a dudar en el perfil de las personas que podrían interesarse en pertenecer a un Taller que trabajara con una especie de concepto, que ni siquiera era tangible. Porque “Lo Siniestro” hasta el día de hoy, se sigue estimando como algo subjetivo. O sea, una sensación de horror de la persona misma, sin la necesidad que otra tenga que experimentar algo similar a lo que sintió el individuo anterior.

Por consiguiente, esa charla de febrero del año 2012, mientras me encontraba terminando mi tesis de Posgrado en Isla Negra, y mi compañera de vacaciones en Argentina, bastó para que nos pusiéramos en aras de estructurar el plan. Nacía el “Taller Literario y Visual: Mente Siniestra”. Un proyecto que apostaba por rescatar textos de autores no solamente clásicos del terror, el misterio y lo fantasmagórico, como Lovecraft, Joseph Sheridan Le Fanu o Charles Dickens, sino que también buscaba componentes de “Lo Siniestro” en las composiciones macabras de Tomás Harris (“Historia Personal del Miedo”), en los cuentos intrigantes de Darío Oses (“Los Resucitados” y “La Dama del Lago”) e incluso en esa consternación de la cotidianidad que podemos encontrar en un texto del escritor mexicano, Mario Bellatin, como es “Salón de Belleza”.

Pero por otra parte, había que considerar también el complemento de la visualidad como un punto estético importante de resaltar en un Taller de este tipo, ya que mucho de lo literario tiene relación en el tiempo, con el arte de la pintura y la fotografía, como sucedía en pleno en la época del Romanticismo (en el caso de los retratos). Y algo que se enfatiza aún más, cuando se trata de indagar sobre todo, aspectos que involucran al horror. Esto, porque cuando Solange comenzó a investigar sobre el concepto de “Lo Siniestro”, tomó como referencia el arte de René Magritte para examinar esa evocación del pavor y el desasosiego que pueden causarnos algunos de sus cuadros. De hecho, recuerdo haber estado observando por largos minutos una pieza original del artista francés (Voice of Space) que despertaba esa sensación, en una exposición (Peggy Guggenheim) montada en un centro cultural de Santiago de Chile, durante fines del mismo año (2012). Una obra que de por sí te sumía en el caos y en la turbación, ante la imposición de la figura extraterrenal que sobresalía de la pintura al óleo de Magritte. Un cuadro que podría relacionarse fácilmente con los aspectos sobrecogedores que pudo causar un texto literario como el de H.G. Wells, “La Guerra de los Mundos”, que sin tener aspectos tétricos en su narrativa de ficción, sí llegó a marcar un suceso trágico y de pánico en la sociedad estadounidense, como fue la alarma social que provocó en los ciudadanos de Nueva Jersey y Nueva York en 1938, al creer enterarse la población mediante una transmisión radial, acerca de una supuesta invasión extraterrestre, cuando se trataba en lo fundamental, de una adaptación del texto del autor norteamericano al radioteatro local. En ese sentido, “Lo Siniestro” puede esconderse sutilmente hasta en un acto de fobia y confusión de tipo comunitario y social. O sea, está presente en una infinidad de contextos y situaciones. Pero que se relacione el componente mencionado (lo siniestro) al contexto de la lectura y el arte visual a la vez, por supuesto que denota un carácter especial de la circunstancia que lo involucra. En este caso, el vínculo entre la pintura de Magritte y la obra de Wells, se puede establecer en el horror supremo de que la ficción pudiera traspasar la realidad, y hacerse presente en la imaginación exacerbada del lector y contemplador a la vez de un lienzo pictórico, admitiendo que la vida alienígena si podría tener no solo un carácter desconocido para la raza humana, sino que también una naturaleza sombría y nefasta como civilización cósmica, de forma similar a como lo retrataron los autores en sus respectivas obras.

Por esa razón es que quizás el espacio tuvo un éxito de público en el primer llamado que se hizo. Porque conjuntaba materias que por lo general no se tratan en otros espacios de discusión literaria más informales, o también porque “Lo Siniestro” es muy posible que solamente se le estudie desde un punto de vista muy académico, con mucha rigurosidad, en el caso de las Escuelas de Literatura de alguna Universidad. Una puesta en escena que contrastaba abiertamente con lo que pretendíamos como Taller, porque lo importante era generar discusión, explorar aspectos que no habían sido propuestos y por supuesto dar lugar a la creatividad literaria y por qué no, visual. De hecho, no solamente llegaron a las primeras clases, personas con inquietudes e intereses en los textos de ficción, sino que también se hicieron presentes artistas visuales que se cautivaron con la idea. En resumen, se generó un proyecto que se inició con una propuesta básica de averiguar sobre la concepción de “Lo Siniestro” en diversos escenarios, donde la base era la literatura, pero la cultura visual jugaba el rol importante de evidenciar todo aquello que no podía ser explicado a través de los textos. Por lo mismo, hubo sesiones en que se conjuntaban dos autores que tenían un denominador común en su estética, y se trabajaba con el grupo en base a clases  y temas determinados. Por ejemplo la contextualización de “Lo Siniestro” en el ámbito de la literatura fantástica, por medio de la lectura de “Casa Tomada” de Julio Cortázar y la presentación de fotografías de la artista francesa Aëla Labbe, contrastando ambos trabajos y generando una reflexión y un análisis en torno al aspecto inicuo y fantasmagórico de ambas obras. Es decir, deliberar donde se instala el componente de “Lo Siniestro” en la analogía propuesta. Asimismo, con esa metodología fue que también examinamos el asunto del terror psicológico en “El Guardavías” de Dickens y los retratos del  estadounidense Arthur Tress, o en la conexión lúgubre y sombría que podría existir en un texto de imaginación futurista como “La Ciudad” de Ray Bradbury y el trabajo ilustrativo satírico de una urbe posterior sumida en el alboroto, de Josh Keyes. En resumen, correlaciones que nos pueden llevar a un sinfín de conclusiones, y en las que la presencia de “Lo Siniestro” y la estética funesta del mismo, se alojan en  diversos puntos presentes de las creaciones correspondientes a los autores mencionados. En ocasiones son asociaciones que pueden ser muy estudiadas, pero de que existen, están. Es tema de saber apreciar la categoría de lo amenazador, lo perverso y lo espeluznante (o sea, “Lo Siniestro”), que puede llegar a impactar en el universo creativo de las obras mencionadas y otras por inspeccionar. Porque finalmente el encuentro con este tipo de percepciones de extrañeza, de desconcierto, de confusión e intranquilidad que cita Freud en su ensayo “Lo Siniestro”, es propio de quien busca conceptualizar un término que hasta el momento en la literatura y en las artes, solamente ha sido aludido con referencias vagas y livianas a la vez. Ya que por lo general se limita a la lectura del trabajo realizado por el psicoanalista austriaco en 1919 y el texto mencionado en dicha lectura, “El Hombre de Arena”, correspondiente a los “Cuentos Nocturnos” del autor romántico, E.T.A. Hoffmann.

De hecho Freud, al inicio de su trabajo expresa que la tarea del psicoanalista no es adherirse a cuestiones estéticas con “Lo Siniestro”, sino que generar una interpretación del mismo desde la sensibilidad de quien lo experimenta. Por lo cual, alude a los terrores de la niñez que están muy bien expresados para lo que fue la época del Romanticismo Negro o el Terror Gótico del cuento de Hoffmann. Sin embargo, el contexto de “Lo Unheimlich”, como se traduce el aspecto de “Lo Siniestro” en el alemán, se va reformulando de acuerdo al entorno, y al actuar de la sociedad globalizada en la contingencia y en los diversos hitos de la contemporaneidad. Esto, porque tal vez la angustia que pudiera generar un relato como “El Hombre de Arena” en un lector de principios del siglo XXI, ya no advierte la misma trascendencia, impacto y relevancia que pudo haber tenido para un investigador médico como Sigmund Freud, hace tan solo unas décadas. Porque las situaciones van cambiando mayormente, y el terror sobre todo comienza a experimentarse en otros caracteres, en otros cánones más actuales. Por ejemplo en la irrupción agresiva de la tecnología en la sociedad en reemplazo de la mano de obra del ser humano, en la devastación ecológica mundial en pro del capitalismo y la irrupción de una arquitectónica “progresista” de las grandes ciudades, o incluso en la violencia, la belicosidad y la provocación de la imposición política y social que nos han dejado las más recientes dictaduras en América y el resto del mundo. Ya que si todo aquello se llevara al contexto de la literatura moderna, en el punto de aproximarse a dichas eventualidades a través de la escritura de un elaborado texto de terror al límite, “Lo Siniestro” podría ser mucho más concreto y perceptible para aquellos que se interesan en llevar dicha idea a una posible categoría. Aunque muy posterior al trabajo Freudiano han surgido otros textos interesantes que podrían haberlo colocado en evidencia como “Historia de la Fealdad” del filósofo italiano Umberto Eco, o la ponencia de la investigadora costarricense Olga Estrada Mora, titulada “La Estética y lo siniestro II”. El apunte, va en relación a que Freud en su ensayo solamente da como antecedente anterior a su trabajo, algo relativo a la literatura médico psicológica de E. Jentsch, que si bien no profundiza en el tema, sí lo trae a que se abra una discusión sobre el mismo.

Por esa razón, el Taller Literario y Visual “Mente Siniestra” se estructuró también de diversas actividades que trataban de innovar sobre lo que era la concepción tradicional de los lugares de creación y discusión acerca de los textos. Es decir, salir del concepto clásico del Taller de Literatura. Y en ese sentido, no solamente se realizaban en las clases, exposiciones y debates abiertos sobre las materias indicadas con anterioridad, sino que también se invitaba a exponer a escritores, fotógrafos y hasta cineastas que pudieran tener alguna connotación en su trabajo con la representación de lo ominoso. Por ese motivo, fue que en este contexto nos visitaron a lo largo del trayecto, escritores de la crónica urbana como César Parra Cifuentes (autor de “Guía Mágica de Santiago: Historias de Fantasmas, Duendes y Brujas”, “Fantasmas y Casas Embrujadas de Chile” y “Diccionario de la Muerte”), autores del relato fantástico como Den (autor del cuento “Alicias”), el emblemático fotógrafo de la Vicaría de la Solidaridad Luis Navarro (presentando su libro “La Potencia de la Memoria”), el joven cineasta Leonardo Herrmann (Director del corto “Forense” de 2011), el Profesor y reconocido estudioso de fenómenos paranormales Hugo Zepeda Coll, la artista visual Ales Villegas (autora de la exposición “Nueva Cartografía de América” expuesta en el MAC en 2012), el ex comisario y escritor de Literatura Policial José Miguel Vallejo (autor de la novela “Conspiración Blanca), el Poeta Mapuche Wenuan Escalona (autor del poemario “Romería”), el fallecido novelista “El Autor” (“La Semana en que se juntan los siglos”), el Académico y también literato Luis Hachim (autor del libro de cuentos “Sobre Homúnculos y Humanoides”, Editorial Librosdementira, 2012), el Ufólogo Leonardo Araya,  y el también connotado periodista, narrador y ensayista, Darío Oses. Entre otros más. Quienes de una u otra perspectiva, se involucraron y colaboraron en el proyecto, dialogando con el grupo participante acerca de sus motivaciones e inquietudes que los acercaban a la estética de lo abominable, de “Lo Siniestro”. Por lo cual, el proyecto se trazó desde una expectativa amplia y teniendo tal repercusión, que de 12 fechas planificadas originalmente, terminamos haciendo 30. Inclusive con actividades absolutamente fuera de lo común, como fue el tributo en vida que le brindó el Taller en las inmediaciones del centro cultural Gabriela Mistral (GAM), al aún superviviente “escritorísimo”, como se hacía autodenominar, el reconocido personaje del Barrio Lastarria de Santiago de Chile, el “Divino Anticristo”, quien solía durante la época, vender algunos escritos fabricados de forma totalmente artesanal, en las calles del reconocido barrio capitalino. Un homenaje que aún permanece inédito para la opinión pública, de la misma forma como se llevó a cabo la primera versión del Taller Literario y Visual “Mente Siniestra”. Ya que todo fue hecho a partir de las voluntades de quienes participaron y por supuesto desde el “Under” santiaguino, con recursos que muchas veces apenas estaban a la mano. Con una historia que de alguna manera reunió a parte del equipo que hoy conforma la Fundación Lectura Nómada, y por otro lado, se conjuntaron autores que posteriormente irrumpieron en la literatura contemporánea chilena, como el escritor Rodrigo Torres (autor del libro de cuentos “El Antecesor”- Editorial Librosdementira, 2016 y “El Sello del Pudú”) y la ilustradora Ana Oyanedel, quien participara de publicaciones como la novela “El Rapto. El origen del miedo” del autor sureño, Aldo Astete Cuadra (publicada por Sur Umbral Ediciones, 2016), entre otras del género. Por lo mismo, fue un inicio que abrió posibilidades desde la eventualidad, y por supuesto generó nuevas oportunidades de comprender la literatura, a todos quienes se involucraron y formaron parte del proyecto en alguna medida.

De hecho, aún recuerdo anécdotas desde el momento incluso, en que se comenzó a gestar el proyecto. Ya que por ejemplo, ir en la búsqueda de los primeros invitados a exponer, fue todo un acontecimiento. Enviamos decenas de emails, sin tener una respuesta positiva, sin embargo, más del alguno fue contestado con mucha honorabilidad, como fue el caso de la fotógrafa nacional Paz Errázuriz, una de las autoras del libro “El Infarto del Alma”, quien agradecía expresamente la invitación, excusándose de no poder asistir al Taller por encontrarse en España para aquellas fechas, pero también con cierta preocupación de que su obra fuera catalogada dentro de la categoría de lo ominoso. Por otro lado, las caminatas nocturnas por las calles céntricas de Santiago de Chile, con el motivo de fijar afiches para la difusión, algo que fue recurrente durante varios fines de semana, realizando un recorrido que iba desde el Barrio Yungay donde se encontraba el afamado local “El Chancho Seis”, para terminar a altas horas de la madrugada en las proximidades del Cerro Santa Lucía. Espacios que colmábamos con estos carteles que aludían al “Taller Siniestro”, o también entregando volantes (flyers) del mismo propósito a los distintos transeúntes que deambulaban en diversos lugares nocturnos. Es más, las historias no acaban, porque una vez iniciada la idea nos adentramos con el grupo participante en impenetrables lugares para dar cabida a la creación literaria, como fue el trayecto nocturno por algún cementerio de la ciudad, o también nos sucumbimos en la esencia del Rock durante una sesión, para hablar de la obra musical y lírica de Kurt Cobain y los motivos del porqué el hombre busca respuestas en la muerte y en la privación voluntaria de la vida. Una clase que terminó con todo el conjunto de oyentes profundamente conmocionados, al tener que escuchar cada una de las ficticias cartas de suicidio que fueron redactadas como parte del ejercicio final de creación literaria que contemplaba el momento. Una práctica escritural lúgubre y aterradora. Aun así, la concurrencia no descendía de los diez participantes por sesión. Considerando que su punto culmen llegó a estar en las 15 personas, cuando tuvimos la visita del autor José Miguel Vallejo, durante el primer semestre del 2012. De todas formas, las historias no acaban aquí, y posiblemente deban ser narradas en otro futuro texto.

No obstante, el proyecto tras cumplir su sesión número 30 tuvo un abrupto y confuso final, que dejó a todos bajo un manto de que “Lo Siniestro” había complotado para que las circunstancias no acabaran de la manera como se había planificado en sus inicios. A partir de entonces, dejamos el tema de lado por unos años, y solamente en 2015 nos decidimos a aventurarnos en una segunda generación del Taller, para darle continuidad a una idea que no habíamos podido concluir satisfactoriamente, como había sido nuestro deseo primigenio. Experiencia que resultó totalmente propicia, ya que los nuevos participantes se adueñaron de muy buena forma, del espacio que había regresado desde la autogestión de quienes habíamos promovido la primera versión del Taller Literario Siniestro. Eso sí, con menos asistencia, en un lugar con mejores recursos donde impartir las sesiones (esta vez ocupamos un centro cultural reconocido de Santiago Centro, a diferencia de la primera versión, donde las clases se realizaban en una casa-taller de la comuna de Ñuñoa) y por supuesto, con los infaltables invitados. Ya que esta vez, tuvimos la fortuna de escuchar al líder de la banda de Rock chileno, Inverness, Rodrigo Jarque, quien nos contó detalles de su disco solista “Monstruos Bajo La Cama”, el que había sido concebido desde la idea de lo ominoso; y como broche de cierre, la magistral conferencia del ensayista de Ciencia Ficción, Omar Ernesto vega, quien se tomó el aula para darnos una completa cátedra de dos horas acerca de la figura del desaparecido escritor quillotano, Sergio Meier, y el cómo él se involucró en lo que fue el prólogo de su obra maestra, “La Segunda Enciclopedia de Tlön”.

A partir de entonces, el proyecto ha estado en “stand by”, y con intenciones de reaparecer en algún momento, pero lo más seguro en caso de llegar a hacerlo, se proyectaría en un formato más tradicional y no tan “subterráneo”, como lo fue en sus inicios.

Sin embargo, por el contrario, a pesar de que el Taller ya no funciona, el recuerdo sigue estando presente en varios de sus ex participantes, lo que de alguna manera expresa y explora un legado, del trabajo emprendido desde su génesis. Por lo cual, en este contexto, la diseñadora y aficionada a la fotografía urbana, Yvette Reydet, quien fuera una de las asistentes más activas de la primera etapa del proyecto, nos cuenta que “para mí participar en el Taller fue una ventana al conocimiento sobre la literatura fantástica, la música y los artistas plásticos, los que a través de sus obras nos transportaban al concepto de ‘Lo Siniestro’ como expresión, para luego plasmar todo esto en relatos y cuentos, que de alguna u otra forma nos hacían pensar y ver la vida desde otros puntos de vista. Demás está decir que dentro de todo lo que significó participar del proyecto, hubo momentos memorables como fueron los invitados a conversar con el grupo (…)”, agregando además que “la creación literaria dentro del Taller nos llevó a desarrollar nuestra imaginación más allá de lo evidente y en este punto recuerdo con especial afecto una de las clases dedicadas exclusivamente al Divino Anticristo, que concluyó con la búsqueda del hombre más allá del personaje, toda una odisea al conocer su historia y por supuesto sus relatos”. A lo que de manera análoga, Reydet finaliza afirmando que “en definitiva haber participado del ‘Taller Siniestro’ fue una tremenda experiencia en la que no sólo descubrí nuevos espacios de creación, sino también conocí a grandes personas con las que mantengo una linda amistad hasta el día de hoy”.

En pocas palabras, el Taller Literario y Visual “Mente Siniestra”, marcó un antes y un después en nuestro accionar sobre la literatura y la búsqueda del fomento a la lectura enfocado desde otros puntos de encuentro que sobresalen de lo cotidiano. Un hito que se plasmó desde la fotografía escogida del alemán de la Bauhaus, Otto Umbehr, para ilustrar el primer afiche, hasta los mínimos detalles que requirió la búsqueda de los expositores estelares que le dieron un plus agregado al Proyecto. Un plan que finalmente concretó sus posibilidades más allá de lo que cualquiera hubiera esperado. En resumen, y citando al destacado autor argentino, Ernesto Sábato, con un extracto de su texto “Sobre Héroes y Tumbas”: “De ese modo empezó la etapa final de mi existencia. Comprendí a partir de aquel día que no era posible dejar transcurrir un solo instante más y que debía empezar yo mismo la explotación de aquel universo tenebroso”. Tal cual como nos sumergió el abismo y la llama escabrosa de la estética de lo abominable, en el club al que todos llegamos a formar parte alguna vez, o sea, el Taller Literario  de “Lo Siniestro”.

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