EL ESCRITOR CÉSAR ANDRÉS PARRA CIFUENTES CONVERSA CON “REGISTRO POÉTICO”: “TODAS LAS POLÍTICAS DE LECTURA QUE VIENEN DESDE EL ESTADO TIENEN UN SESGO HIPÓCRITA Y ELITISTA”.

Por Rodrigo Cabrillana Godoy.

El escritor e investigador patrimonial, César Andrés Parra, nos cuenta en esta conversación con “Registro Poético” acerca de los diversos matices que ha tomado su trabajo literario durante los últimos años, con especial énfasis en lo que fue su debut en el formato libro con la “Guía Mágica de Santiago. Historias de fantasmas, duendes y brujas”, publicado por RIL Editores el año 2005. De la misma manera, nos introduce en sus intereses sobre el campo de la Historia Mundial y de Chile, nos interna en el neologismo del “Parapatrimonio” y nos da a conocer su particular y crítico razonamiento sobre las políticas de fomento lector que ha emprendido el Estado en la actualidad.

Un diálogo franco, expedito y crucial, pero lleno de debate, polémica y por supuesto cuestionamientos a lo que sucede a diario en el mundo de la cultura y la política en Chile. Un encuentro espontáneo con César Andrés, un hombre que recorre a diario los cementerios de Chile en busca del conocimiento vasto y diverso, de formación autodidacta y que se embelesó leyendo en su juventud a insignes como Julio Vicuña Cifuentes, Jorge Délano y Gonzalo Vial.

Pase y entre a leer, sin golpear la puerta claro está…

Cuéntanos César, ¿cuáles fueron tus autores primigenios?

CP: Marcela Paz por supuesto, porque me fascinó el tema de Papelucho, aunque también soy un convencido de que Papelucho no es para todos, porque tiene mucha broma gramatical que a veces no todos los niños entienden. Ya que yo mismo después de leer “Papelucho ¿Soy Dix-leso?”, luego pensaba en el fondo que ser disléxico, se le denominaba como “dix-leso”. Esto, porque de alguna manera no entendía la mofa. Pero otras sí logré entenderlas bastante bien.  Entonces fue, cuando tuve la colección completa de sus textos y asimismo todos mis tíos y tías sabían que yo era fanático de Papelucho y me regalaban los ejemplares que iban apareciendo. Por lo cual, ahí partí y fui evolucionando con el tiempo a otros clásicos, como Julio Verne con el viaje “De la Tierra a la Luna” y “20000 Leguas de Viaje Submarino”.

¿Todo eso en el contexto de tu escuela o en tu casa?

CP: Mira, yo era de los que repletaba los carné de biblioteca del Darío Salas, en el Liceo. Porque nos daban un carné por alumno, y los completaba rápidamente. Así que me conocían como el “tontito de la biblioteca”, porque yo mismo iba y cambiaba los libros. De hecho, ya a los 13-14 años ya estaba leyendo todo (Gabriel) García Márquez, porque había una excelente colección de sus libros en biblioteca. Así Que García Márquez, fue el primer escritor “adulto” que me fascinó. Pero si hay un libro que me marcó para siempre, fue “Mitos y Supersticiones” de Julio Vicuña Cifuentes, del cual había un ejemplar en Darío Salas. El cual era un texto recopilatorio de leyendas chilenas, muy de escritor en una óptica compilatoria, en la perspectiva de antiguos folcloristas que salían con grabadora en mano a recorrer el país, pero con la salvedad que Julio Vicuña había escrito este libro para que fuera parte de la biblioteca del centenario, en 1910. Así que llegó a tiempo, el libro se editó, y hasta el día de hoy sigue siendo un texto clásico, referencial para hablar de leyendas en Chile. O sea, no puedes prescindir de él. Y en resumen, el libro me deslumbró, porque en el fondo se me abrieron las puertas de un universo mágico, absolutamente.

De forma posterior, otro texto importante en mis lecturas, fue la autobiografía de Jorge Délano, “Yo Soy Tú”, porque es un libro muy ameno, demasiado bien escrito, muy humorístico, además que me gustaba la personalidad de Jorge Délano en el sentido de que era un “hombre renacentista”. En la perspectiva de que se trata de un tipo que era escritor, que era director de cine y que era dibujante a la vez. De hecho, yo creo que se trata de una figura muy aventajada y hasta el día de hoy, porque se desempeñaba muy bien en todas las artes y era un gestor cultural de excepción. O sea, para ponerte un ejemplo, cuando él no encuentra trabajo como dibujante, su dicho era, y lo dice textual: -“Cuando yo tenía hambre, organizaba un banquete”-. Y así lo hizo, además que ha sido una máxima constante también de mi vida. Porque cuando Délano no tuvo trabajo, funda la revista Topaze, la que se iba a convertir un referente en la política chilena, dentro de los 50 años de existencia que tuvo. Por tanto, era un hombre que se autovalía totalmente en lo que hacía. Así que si tú me preguntas por un par de influencias fundamentales, te respondo: Julio Vicuña Cifuentes y Jorge Délano en sus 3 libros, “Yo Soy Tú”, “Botica de Turnio” y “Kundalini, el Caballo Fatídico”. Para mí, son libros claves para crear mi sello, lo que yo quería lograr, hacia donde yo me quería dirigir.

¿Entonces con estas lecturas logras trascender al camino de las letras, la investigación y al trabajo sobre lo patrimonial que son las actividades culturales principales en las que te desempeñas hoy?

CP: Claro, pero creo que existe un equívoco importante en torno a mi figura pública, porque hay mucha gente que me relaciona solamente a lo paranormal. Pero sucede que no es mi interés principal, porque tengo muchos otros intereses también. Sin embargo, dada la primera trilogía (“Guía Mágica de Santiago. Historias de fantasmas, duendes y brujas”-2005; “Fantasmas y Casas Embrujadas de Chile”-2008; “Diccionario de la Muerte”-2010) quedé marcado profundamente por eso. No obstante, por supuesto que a mí me encantan también los temas patrimoniales e históricos. Incluso podríamos hablar de un historiador que me fascina, como Gonzalo Vial, que es un tipo que a pesar de ser de derecha, lo encuentro extraordinario. Un hombre fundamental también para que la derecha política se abriera también al reconocimiento de las violaciones a los derechos humanos. Esto, porque Gonzalo Vial, siendo un hombre duro, participa primero de la Comisión Rettig y luego de la Mesa de Diálogo. Es decir, Vial es un personaje de derecha pero no ciego. Y en los libros de historia de Gonzalo Vial te encuentras con una exactitud, con una unanimidad que me encanta absolutamente.

¿Ahí te inicias en la escritura entonces?

CP: Sí. O sea, como te digo, esos son escritores fundamentales porque me enseñan el estilo de la escritura. Es decir, a mí Gonzalo Vial me enseña a escribir. En el fondo, más que cualquier taller, más que cualquier otra influencia, son los historiadores los que me influencian. Me encanta leer a los historiadores. Porque de alguna manera, esto puede sonar súper duro, pero no pierdo mucho tiempo leyendo ficción. Prefiero gastar mis ojos leyendo libros de historia, libros de reportajes, que son los que más me ayudan con los datos de este crecimiento exponencial que puedes manejar o que puedes saber. Pero finalmente es desde la cultura o desde los libros, donde surgen nuevos textos. Es así.

Sin embargo, te vuelvo a insistir, mi pasión verdadera es la historia, a mí me encanta. Ya que por ejemplo, otro historiador importante y que fue clave, es el norteamericano William Manchester, que tiene su libro fundamental “La muerte de un Presidente”, en el que narra todos los pormenores de los días antes y después de Kennedy. Un tipo que es capaz de decirte cuánto calzaba el guardaespaldas número cinco de John Kennedy en el momento del asesinato. Porque desarrollan una investigación demasiado completa. Eran historiadores que seguramente trabajaban con equipos completos y enormes, y que además eran atrevidos. Ya que William Manchester publica por ejemplo su texto “Muerte de un Presidente”, aún con la oposición de la familia Kennedy en la época.

¿Qué otros escritores influencian tu literatura?

CP: Joaquín Edwards Bello es fundamental, lo conozco después. Pero también es una de las plumas más destacadas de la literatura chilena, incluso en algunos pasajes, insuperable por su elegancia. Y en ese contexto, Joaquín Edwards Bello resulta un tipo muy refinado en su escritura,  muy irónico, muy sarcástico, pero no hiriente y eso me encanta del estilo de Edwards Bello, lo que lo transforma es un gran referente para mí también. Por otro lado, Paul Johnson, me encanta como historiador.

Sin embargo, orgulloso e independiente de que yo tenga una sensibilidad por la izquierda, para mí es un aburrimiento total leer “Interpretación Marxista de la Historia de Chile” de Luis Vitale. Esto, porque disfruto mucho más leyendo con los historiadores de derecha, que resultan una lectura mucho más amena. Entonces, ahí están Gonzalo Vial, William Manchester y Marco Antonio León, este último otra gran influencia. Sobre todo con su texto, “Sepultura sagrada, tumba profana” (Los espacios de la muerte en Santiago de Chile 1883-1932), otro gran librazo, sobre el tema que a mí me gusta, que es la antropología de la muerte. De hecho, tengo también otros libros sobre la cultura de la muerte en Chiloé y sobre Fray Andresito, de (Marco Antonio) León, que son notables. O sea, el tipo es muy asertivo.

¿Tiene una significancia especial para ti Fray Andresito?

CP: Tengo una veneración especial por Fray Andresito, soy devoto de Fray Andresito. Puedo no creer en Dios, pero creo en Fray Andresito. Incluso, ya en la Guía Mágica de Santiago, yo ya tenía un romance con Fray Andresito, porque es como nuestro Padre Pío. Es decir, se trata de un hombre que despierta mucho el imaginario, donde a estas alturas del personaje de Fray Andresito, es difícil separar la verdad de lo que es ficción. Y eso lo hace más entretenido todavía, porque hay proezas de Fray Andresito como levitación y otras, que  ya no sabes si son verdad o mentira. Pero son parte de su historia, como pasa con la mayoría de los grandes personajes de Chile. De hecho, si te remontas a 1980, cualquier personaje histórico anterior a esa época, estaba abierto a dos lecturas.

¿Cómo llegas a la lectura de Fray Andresito?

CP: En el fondo, debo confesar que desde más menos 1985 era un ávido lector de la cultura Mercuriana (El Mercurio). Estamos hablando de “Artes y Letras” y otros suplementos, pero el antiguo “Artes y Letras”, cuando efectivamente tenía más contenido literario y era mucho más elitista que ahora. Y ahí de repente te enterabas de personajes como Fray Andresito y otros, quizás a través del contexto de una nota sobre los daguerrotipos, etc. Y ahí aparecían las estampas de Fray Andresito. Pero siempre me ha fascinado el tema del prodigio, pero del prodigio rompiendo con el orden establecido, con la cotidianeidad. Es decir, como el prodigio es parte de la historia de Chile o de la historia de cualquier país del mundo, porque te crea un paradigma nuevo. Esa es la esencia del prodigio, del fenómeno paranormal, en el amplio espectro de la palabra.

¿Cómo parte tu motivación para comenzar a trabajar el material de lo que serían tus primeras publicaciones?

CP: Mira, yo tenía ganas de escribir, tenía ganas de que mis reportajes estuviesen en los quioscos, y justamente entro a trabajar a la revista “Revelación” del difunto Percy Eaglehurst, lo que me fue fogueando. Porque por primera vez yo estaba en una revista que tenía que competir por ser el mejor reportaje y lograr aparecer en la portada de la misma. De hecho, estaba Roderick Bowen  (socio de la Asociación Chilena de Astronomía y Astronáutica, ACHAYA) con otros columnistas, y también Fernando Laredo (Profesor de Filosofía y Religión), entonces había que llegar con una buena historia para tener acceso a la portada. Y créeme que me convertí en escritor, cuando vi mi primera portada de “Revelación” en un quiosco por allá en 1998. Publicación que estaba a la venta en todos los puestos de Santiago de esa época, y un hito a la vez que me produjo una dicha enorme y me hizo sentir  tan feliz como si fuera un niño.

Por otro lado, volviendo a las historias de los libros fundamentales, me faltó mencionar que yo me devoraba la Historia de Chile de don Walterio Millar, me encantaba. Porque me gustaban sus grabados, sus dibujos, el tipo era muy didáctico. Puede haber hecho algunas exageraciones quizás, pero era una historia para niños, una historia para despertar el fervor patriótico de los niños. Sin embargo, yo lo encontraba el libro más interesante del mundo, por el tema este de las ilustraciones, además la forma que este señor no se involucraba en política. Porque contaba los grandes logros de los Presidentes y de cada héroe, pero sin meterse en honduras políticas. Era patriotismo puro, que te entraba como si fueras un niño. Es decir, era la mejor lectura que un infante podía tener. Y lo otro con lo que estaba muy obsesionado, era con el Almanaque que sacaba la Farmoquímica Del Pacífico todos los años. Me encantaba, porque también traía buenos reportajes, por ejemplo de Sady Zañartu Bustos, sobre tal o cual calle de Santiago, etcétera. Era una mezcla entre historia y tomaban cosas también del Reader’s Digest (revista norteamericana de temas diversos). Que ojo, también es una gran lectura, el Reader’s Digest, me encanta hasta el día de hoy y soy un fanático de la publicación, pero de los antiguos, de los de 1960-70, etc. De hecho, tenían discursos anticomunistas, de la guerra fría, pero también traía unas historias muy divertidas, extraordinarias algunas.

Ahora, el reportaje que salió en revista “Revelación” fue sobre el Poltergeist de Colina, el que salió en portada. Lo fuimos a reportear en 1998 como te decía. Y después, mucho de lo que publicó en “Revelación”, lo reciclo y lo tomo como referencia para la Guía Mágica de Santiago. Pero obviamente estamos hablando de los tiempos, en que si bien ya había un internet, todavía no era de acceso público. Así que hice mucha investigación en terreno, en la Biblioteca Nacional. Y me encantó aquello, porque a pesar que en esos momentos tenía familia, tenía un trabajo de horario completo, aun así me hacía el tiempo para ir los sábados en la mañana a la biblioteca y empezar a hojear los libros en busca de información. Estamos hablando otra vez de la cultura Mercurial, de la famosa Revista del Domingo de El Mercurio,  que era notable, con unos reportajes muy buenos de Ricardo Astorga. Donde Astorga por ejemplo, a veces se hacía pasar por botones del Hotel Carrera e investigar la vida de un botones desde adentro. Asimismo Jorge Sasía también realizaba unos reportajes notables, donde Sasía se disfrazaba quizás de barrendero, y su reportaje era sobre qué es ser barrendero desde el mismo trabajo. Y toda esa información era muy buena. Sin embargo, trajinando, trajinando, iban saliendo los datos, etcétera. Y de repente, en más de una ocasión, en un solo libro, en una bibliografía sobre Gabriela Mistral, te encontrabas con un puro dato. En el cual aparecía que la Poeta había visto el fantasma de “Yin Yin”, su supuesto hijo. O encontrabas en una biografía de Neruda, por ejemplo otro dato, en que se mencionaba que el escritor se había aparecido en forma de águila, en su casa de Valparaíso. Y así fui armando este primer libro, muy de a poco, fue un proceso de un par de años, el llegar a compilarlo completamente.

¿La recopilación de datos era siempre con la intención de estructurar un libro, lo que fue Guía Mágica de Santiago?

CP: Claro, porque yo venía recopilando recortes desde niño. Ya que siempre fue una obsesión mía, hasta bien entrados los veintitantos años el recortar artículos que me interesaban. Entonces, ya había una base de datos importante, pero no sabía que se iban a transformar en la Guía Mágica (de Santiago). Solamente hasta cuando ya empecé, como proyecto a escribirlo. Ahora, ¿qué me incita a escribir la guía? Dos cosas, porque siempre me llegaban buenos libros, pero en su mayoría ingleses y españoles, y yo quería hacer una recopilación de fantasmas chilenos, de apariciones chilenas, de eventos poltergeist chilenos. Y creo que también fue un aporte importante, ver el trabajo que estaban haciendo en España, Javier Sierra y Jesús Callejo, que estaban empezando a rescatar esta España heterodoxa, la España del pueblito de las urbes, etc. Así que eso fue fundamental. Y por otro lado, en Estados Unidos, también estaba esta cultura de los fantasmas de Chicago, los fantasmas de Nueva York, etcétera. Igualmente fue importante eso. Por tanto, fue el momento preciso, saber ver no más,  buscar un nicho y lanzarse.

¿Cómo concretas la publicación de la Guía Mágica de Santiago?

CP: En el fondo, yo siempre cuento esa anécdota. Porque hice un listado de editoriales, siendo quizás Planeta la más importante, y la más pequeña en ese momento, quizás Ril Editores. Y yo me dije que iba a partir con Ril, y que si Ril aceptaba, me quedaba con ellos. Así que fue al revés, Ril se quedó con el libro, fue un exitazo, y la Guía Mágica de Santiago se sigue vendiendo bien hasta el día de hoy. Sigue siendo un libro referencial, que incluso Jorge Baradit lo ha mencionado como bibliografía de alguno de sus textos. Y por lo demás, al poco tiempo, saco mercenariamente, “Fantasmas y Casas Embrujadas de Chile”, al que también le va muy bien. Y por último, el que llamo mi libro más personal, que es el “Diccionario de la Muerte”, y que curiosamente no es al que mejor le ha ido, pero es el que más me gusta de los textos. Porque esta última publicación, primero es una ironía sobre hacer un diccionario sobre la muerte. Y eso ya es sarcástico. Y lo segundo, es que no tenía ningún afán académico, sino que eran solamente mis visiones sobre cada uno de los términos que estaban reflejados en el libro. Después, conocí de hecho, un libro maravilloso español, que se llama “Tus Amigos No Te Olvidan” (Luis Carandell, 1975), que se trata de una recopilación de epitafios y otras frases, muy en la onda del humor español, post- franquista.

Con tus tres publicaciones hay una secuencia escritural. De hecho, ¿es la consolidación temática publicar el “Diccionario de la Muerte”?

CP: Absolutamente, porque como te digo, es el trabajo que me ha dejado más conforme.

¿Qué temas crees que aún faltaban por abordar en tu escritura?

CP: Igual debo hablar del libro de Gervasio, que fue un libro “urgente” como lo llamo yo. Porque fue un libro que fue a pedido, ya que no me interesaba el tema de Gervasio. Jamás pensé que iba a dar con los autores del crimen, jamás pensé que iba a suceder todo lo que pasó. Pero fue una grata sorpresa. O sea,  con el tiempo lo evalúo súper positivamente. Ya que como te mencionaba, fue un libro urgente, y además me gusta mucho también el estilo de Patricia Verdugo, con el tema de “Los Zarpazos del Puma”, “Operación Siglo XX”, que son libros reportaje, súper apasionantes. Porque para el tema Gervasio, tomé a Patricia Verdugo y Carmen Hertz como una inspiración absolutamente. Es decir, tengo el honor también de haber conocido a Patricia Verdugo y le dije en su cara que yo la admiraba. Y fue una suerte antes de que ella falleciera, porque murió muy joven. Ella aún prometía mucho, pero sucedió que murió de cáncer a sus 60 años. Y me hubiera gustado saber qué opina Patricia Verdugo del momento político actual de Chile. Extrañamos demasiado a Verdugo hoy.

Ahora, te vuelvo a mencionar que el texto de Gervasio, “Quién Más Que Tú”, fue un libro controversial y urgente, pero para nada reniego de él, absolutamente. Así como tampoco puedo renegar de “Más cómoda desnuda”, que debe ser el más desconocido de mis libros, porque obviamente estoy ahí en función de “ghostwriter”, y que es la biografía de una conejita Playboy, Wilma González. Y fíjate que fue un desafío muy interesante, porque la editorial que me lo encarga, me pide un “libro escándalo”. Pero yo no podía hacer un “libro escándalo”, porque no me nacía. Y tratando de darle un enfoque, después de haber recopilado horas y horas de conversación con Wilma, me di cuenta que era un libro que finalmente iba dirigido a todas las mujeres que tenían conflictos no resueltos con el padre y que estaban al borde de los 30. Así que lo convertimos en eso. Y es un libro hermoso. Sin embargo, obviamente que habla de sus aventuras con A, B o C, su vida en Dubai, cuando va también a las fiestas en la mansión Playboy, que es algo que conoce bien Wilma, porque debe ser la única persona en Chile que ha participado de una fiesta Playboy. Por supuesto, con Hugh Hefner vivo, y eso está súper bien plasmado en el libro. En el fondo es el retrato de una época.

Por otra parte, con respecto a los proyectos futuros, nunca pensé que iba a llegar a una edad, donde me pidieran presentar libros. Porque estuve en presentaciones como la de Héctor Olmedo y su texto sobre fantasía chilota (“Javo Rivera y los Brujos de Chiloé”), como también en la de Ignacio Fritz (novela “La Indiferencia de Dios”), que es un escritor de cuño. ¿Y por qué me convocó Fritz a mí para presentar su libro? No sé, pero ahí estaba yo presentándolo. Por otro lado, Felipe Valdivia, otro escritor que también promete mucho, igual me invita gentilmente. Algo debo haber influenciado en ellos. Quizás por la forma de mi escritura o por lo loquísimo de los temas que yo trataba.

¿El texto “Guía Mágica de Santiago: Historias de fantasmas, duendes y brujas”, de dónde proviene su denominación en particular?

CP: La Guía Mágica nace de la influencia española. De hecho, el tema de las guías mágicas se da mucho en España, en el contexto de la misma época donde yo escribo la mía. Estaba “Un Madrid Insólito. Guía para dejarse sorprender” de Jesús Callejo, “La España Extraña” de Javier Sierra, así que yo me colgué a una moda de desnudar la magia de las ciudades. Pero también fue un libro importante, porque me gané muy buenos amigos. Criss Salazar por ejemplo, al que considero el tipo más cercano a mi generación y el que estaba haciendo una excelente labor con su blog “Urbatorium”. Ahora recién se ha atrevido con un libro que le está yendo muy bien, “Crónicas de un Santiago oculto”. Sin embargo, es Joaquín Edwards Bello es quien habla de hacer una guía romántica de Santiago. Y en el fondo es un sueño compartido, porque lo que quería retratar Edwards Bello era el Santiago que él conoció, cuando era niño, cuando era joven. El Santiago de las fiestas en el Palacio Concha Cazzote, etcétera. Ese Santiago elegante, de la aristocracia, que él lo describe muy bien. Así que yo le di un giro a eso, pero  también tomo elementos de Edwards Bello en mi escritura, porque Edwards Bello me dio datos importantísimos, como por ejemplo, que Andrés Bello, su ascendiente, era un fanático de las historias de fantasmas. O sea, si había algo que le entretenía a Andrés Bello, era crear rondas de conversación en torno a los fantasmas. ¡Y se asustaba el viejo! (Andrés Bello), porque le encantaba horrorizarse con las historias de fantasmas.

¿Y dónde puede estar presente esa magia hoy para quienes buscan inspirarse en esos temas?

CP: La magia nunca se va a acabar, porque el fenómeno paranormal surge cada cierto tiempo, como un fenómeno desestructurado. De hecho, he llegado a pensar que la labor del fenómeno paranormal es ser eso, un elemento desestructurador de la realidad material.

¿Con la Guía Mágica de Santiago surge la relación con el patrimonio?

CP: Mira, no me atrevería a ser tan osado, pero de que fue una contribución importante, sí. Absolutamente. De hecho, mucha gente que está en la materia actualmente, como Sara Ruiz Carreras (Patrimonio Chileno) y Gonzalo Orellana Hidalgo (Red Chilena Amigos del Patrimonio), fueron a mis tours alguna vez, leyeron mis libros, etcétera. Pero yo no me atrevo a adjudicarme ninguna autoría, ninguna paternidad. Pero algún aporte, debe haber existido. Como por ejemplo, el descubrir que Santiago no es una ciudad aburrida, sino que Santiago es un sitio lleno de lugares divertidos, lleno de lugares con historia, etc. Yo creo que empiezo una escuela como de “amar la ciudad”. Porque un tiempo se hablaba de “ciudad gris”, de “la ciudad desganada”, y al contrario, Santiago es una ciudad muy entretenida.

Por ejemplo, el ex Hospital San José está unido por tres portales con un cementerio, y más allá de lo que yo muestre en eso, eso es una atracción turística en Chile, y por supuesto fascinante para el extranjero. ¿Por qué? Porque no hay otro caso donde dos instituciones independientes y de mutuo acuerdo, se unieron. Ya que hubo muchos hospitales que tuvieron cementerios. Pero no un hospital que le haya planteado al cementerio que tienes al lado: -“¿Construyamos tres portales de paso?”-. Y portales de paso que veían los enfermos, imagina lo impactante que debió haber sido para ellos. Entonces, trato siempre de ponerme en los zapatos de la gente que estuvo en esa época. Por lo que yo creo que la virtud, si es que tengo alguna, es ver cosas donde quizás los demás no la ven. Y por supuesto también, hacérselas saber. Por ejemplo, ahora me intriga el tema de la muerte de los Presidentes de Chile. De hecho, estoy preparando una publicación sobre aquello. Ya tengo toda la bibliografía lista, es llegar y sentarse a escribir. Pero ¿cuál es mi objetivo ahí? Sucede que cuando hablamos de muertes de Presidentes, la mayoría de la gente piensa en Salvador Allende, Augusto Pinochet, Eduardo Frei Montalva, Patricio Aylwin y con suerte José Manuel Balmaceda en el siglo XIX. ¿Pero y los demás? Algunos también tuvieron enfermedades y agonías, unas más elegantes que otras, pero todos los Presidentes de Chile tuvieron muertes notables. Por ejemplo, te coloco el caso de Federico Errázuriz Echaurren, Presidente del 1900, el que medio período de su gobierno, lo pasa con un medio derrame cerebral. O sea, tenemos un Presidente que tiene la mitad de su cerebro funcionando, y que lo echa por tierra, porque lo mata durante el término de su administración. Y eso muy poca gente lo sabe, el que tuvimos un Presidente que estuvo con tres derrames cerebrales en su período, y aun así seguía gobernando. También Pedro Montt, su muerte en Alemania, muy célebre. Y O´Higgins desterrado en Perú. Además que O´Higgins me intriga mucho, porque yo soy un “O´Higginista” convencido, y me llamaba la atención la imagen que se creaba de un O´Higgins casi casto y puro, viviendo como un monje en la Hacienda Montalbán. Siendo que fue un hombre expulsado de Chile en la plenitud de sus facultades, estamos hablando casi a los 40 años apenas. Lo envían a Perú, y es una ilusión tonta pensar que se mantuvo virgen, casto y puro por esos lados, antes de su muerte, ¿20 años? Esto, porque te pongo un ejemplo, ya que los norteamericanos no tienen complejos con eso, y saben perfectamente que George Washington tuvo un montón de hijos con una esclava negra que fue su concubina, de nombre Venus. Y eso para ellos es un hecho real, el que hay muchos afroamericanos descendientes de George Washington. Y acá todavía nos complicamos si aparece alguien con apellido O´Higgins, y te dicen –“No, es que antes los patrones le ponían esos nombres a sus esclavos”-. Y no es verdad, porque O´Higgins tuvo muchas de sus amantes que fueron sus esclavas y sus sirvientas en Perú, mientras su hermana, una de las primeras lesbianas importantes en la historia de Chile, Rosa Rodríguez y Riquelme, ella era la mujer fuerte de la Hacienda. Y a ella sí que no se le conoció varón.

¿Cuándo escribes la Guía Mágica de Santiago, tuviste algún desencuentro con alguna comunidad de vampiros?

CP: Efectivamente, porque yo publiqué algunos lugares donde se reunían las comunidades vampíricas de Santiago. Y reuní esa información a través de distintos testimonios personales que fui recopilando, pero había una información ultra secreta. O ellos creen que era ultra secreta. Entonces, que yo denunciara que se juntaban todos en Plaza La Paz, para ellos fue como develar un secreto “heavy”, de la muerte. Así que ahí me anduvieron amenazando de muerte, con amenazas indirectas por parte de los vampiros. Y fue algo muy extraño, porque me enviaban esas amenazas a través de pololas, etc. Algo muy raro.

¿Qué otros autores, estudiosos e investigadores rescatas de tu generación?

CP: Como te decía, en primer lugar coloco y aprecio mucho a Criss Salazar, una enciclopedia viviente y además muy ameno como escritor. Y un tipo que no tiene empacho en ponerse a pelear con quien le discuta un dato. Él da la pelea por un dato. Por otra parte, creo también que Sergio Fritz es lejos el librero de nuestra generación, y ahora está publicando cosas, por lo que estimo que también es un compañero de generación. Él fue fundamental en dar a conocer muchas cosas, además que Sergio creó también un núcleo en torno a él. De hecho, “La Recta Provincia. Una Cofradía de Brujos en el Sur de Chile” es un libro hermoso del cual es su autor, por lo mismo te insisto que Sergio Fritz es un tipo esencial para nuestra generación. Asimismo acontece con Jorge Baradit, que ojo, porque parte como el “Hombre de la Ciencia Ficción”. Pero yo creo que Baradit llega a la historia, después de haber escrito “Synco”, el libro sobre el proyecto del Internet de Salvador Allende. Yo creo que eso lo fascina, y lo introduce de lleno en el campo histórico. Además que “le dio el palo al gato”, porque hay toda una comunidad académica enfurecida, e historiadores muy irritados con él. Sin embargo, finalmente ha dicho que sus libros son de divulgación y su mérito es haber llevado la historia, a gente que no estaba destinada a conocer la historia de Chile. Por lo que las desestimaciones de la Academia son envidia pura, porque es un gran escritor Jorge, muy ameno también. En cambio, con Pancho Ortega, sí, somos amigos, pero me siento menos ligado a él. Quizás más por el origen mesocrático, porque yo soy más de escuela pública. Entonces, estoy más ligado a Felipe Avello (comediante), porque estudiamos en el mismo colegio en Lota y tenemos las mismas vivencias. Y como te decía, yo soy hijo de la educación pública, desde los colegios de Chillán, de Lota, pasando por la escuela Salvador Sanfuentes. Y por otro lado, está Fernando Laredo Carter, que escribe una novela muy interesante y que está sin publicar, que se llama “Historia Esotérica de Chile”. ¡Muy buena! Le iría de forma excelente si se edita.

¿La fotografía de portada de la Guía Mágica de Santiago, cuando se toma?

CP: La semana anterior a que se incendie la casona. Es un registro que hace Oliver Maugis, que es un fotógrafo que venía del mundo de la moda. Y es un registro fotográfico que es el último que se hace de la Casa Mujica. La Mansión Mujica, la que considero que es la menos encantada de las mansiones en Chile. Pero que se imponía por presencia. Se contaban muchas historias sobre ellas, pero estimo como te mencionaba que existían otras mansiones mucho más embrujadas. Sin embargo, la Mansión Mujica despertaba el imaginario de la gente. Por la ubicación, por la panorámica del lugar, por ser parte de la escenografía, la Mansión Mujica despertaba la imaginación colectiva, así como lo hace también la Parroquia del Santísimo Sacramento que está en la calle  Arturo Prat. Porque la Iglesia de Los Sacramentinos, es una iglesia que esencialmente también evoca las imágenes en las personas, debido también a su apariencia.

¿Cómo percibes el derrumbe de todos estos edificios y la antigua arquitectónica de Santiago?

CP: Dolorosa, porque cada casa que se demuele, para mí es un dolor terrible. Te coloco un ejemplo, porque hace unos meses se demolió lo que había sido el primer “Quitapenas”, el cual estaba ubicado en calle Zañartu en Independencia, y se echó abajo para construir un edificio. Y obviamente que esas pérdidas me duelen. Por lo que cada casa o edificio que demuelen en Santiago, yo lo siento como una pérdida personal, como si se me muriera un pariente.

¿Qué rol cumplen entonces los personajes de tu generación en torno al resguardo de la memoria histórica y el patrimonio nacional y por supuesto de la ciudad?

CP: Bueno, de hecho creo que efectivamente se ha creado un monumento de defensa a la ciudad. Bastante, así que creo que estamos rescatando los valores intrínsecos de esas concepciones. Y ahí a la cabeza hay gente como Walter Gutiérrez, Santiago Freak con Víctor Román que tiene siempre la hidalguía de mencionarme en sus referencias bibliográficas, y Cultura Mapocho que también son importantes en este tema, con la dirección de Luciano Ojeda y Magdalena Von Holt.

Ahora, el que empieza con el tema en Chile, claramente, una vez que vuelve de su exilio, es el Doctor Patricio Hevia, quien logra que el Hospital San José antiguo, no sea demolido. De hecho, la intención original del San José nuevo, era construirlo sobre los cimientos del antiguo, pero él dice –“Aquí tenemos un ejemplo de un hospital completo del siglo XIX, conservémoslo”-. Entonces Patricio Hevia logra que se cree la Unidad de Patrimonio en el Ministerio de Salud. Incluso ha producido libros, está sacando una literatura auspiciada por ejemplo por gente como Marcelo López Campillay (Dr. en Historia y quien escribió un libro hace un par de años sobre la historia de la tuberculosis en Chile, cuyo título es “Medicina, política y bien común: 40 años de historia del programa de control de la tuberculosis [1973-2013]”, 2015). Está también Jesús Cerda, que es un periodista que ha explorado la historia del laboratorio Sanitas. Así que hay mucho que decir todavía. De hecho, hace unos días me junté con una chica arqueóloga que se dedica a un área que no es muy reconocida, que es la arqueología urbana, que tuvo la suerte de explorar el lugar tras la demolición del primer “Quitapenas”, donde encuentra una serie de objetos que implicaría que habría una escuela allí antes, de la cual no existía registro. Pizarras, juguetes, etcétera. Seguramente una escuelita que debe haber funcionado por 1890-1900. Y sobre eso se encuentra una capa más médica, donde estaban todos estos elixires que se ofertaban a principios del siglo XX, como el elixir del Dr. Thomas, los aceites de bacalao, etc. Esto, porque esta arqueóloga se especializa en los envases de vidrio antiguo, también como una huella cultural que vamos dejando.

Sin embargo, creo que con respecto a la difusión del patrimonio, estamos bien. Aunque lo que hace falta, es más gente que lea. Esto, porque yo siempre ironizo en los tours de que actualmente cada persona tiene en su bolsillo un celular de pantalla de 5,5 pulgadas, con una memoria expandible de 32 gigabyte, donde puedes almacenar más de mil libros. De hecho, yo lo hago así. Además tienes acceso a sitios y proyectos gratuitos como Memoria Chilena u otros, donde el conocimiento está ahí, la información está ahí, más que nunca en la historia. Es más, tienes una cámara de 13 megapíxeles en tu bolsillo, una grabadora, y podrías hacer las investigaciones que quisieras. ¡Pero la gente instala juegos! O se queda todo el día en Instagram o Facebook, siendo que tienes posibilidades de cultura infinita, en tu propio bolsillo. En el fondo, nadie se puede quejar en estos tiempos de que no hay acceso a la información, que era el gran debate que existía en los años 70. Que en Chile no se leía porque no había libros baratos.

¿Quizás un discurso más masivo, más mediático, podría ayudar a despertar el imaginario, el amor por los textos y la cultura en las personas, si se enfocara en ese objetivo?

CP: Puede ser, porque efectivamente si yo digo que el Hospital San José solo por sus méritos médicos es muy interesante en ser conocido, puede que se interesen algunas personas en el tema. De hecho, la Unidad de Patrimonio trabaja activamente y han implementado unas charlas gratuitas, los últimos jueves de cada mes. Que son charlas maravillosas sobre patrimonio de salud. Yo trato de ir a todas ellas, porque me dan información que no tengo, y yo soy un vicioso de la información, pero vas y llegan con suerte 4 a 5 personas. Y eso que el auditorio es calefaccionado, los asientos son cómodos, hay un excelente proyector, la sala está totalmente implementada, pero llegan solamente estas 4 a 5 personas a escuchar las exposiciones. En cambio, si yo convoco en el mismo ex Hospital San José, manteniendo la historia (que de hecho relato la historia sin saltarme nada), pero agregando que existe un supuesto fantasma que merodea en sus instalaciones, se llena la sala con 80 personas ¡y con entradas pagadas! Además que vienen efectivamente y se van con el mismo contenido de las charlas: “La historia del Hospital San José”, “Aspectos de la medicina chilena del siglo XIX”, “Próceres de la medicina del siglo XIX”, etc. Y en efecto, aprenden cosas que no estaban destinados a aprender, de todos los estratos sociales, de todas las edades, pero solamente porque yo coloco el dato “Parapatrimonial”. Por eso he llegado al convencimiento a estas alturas, de que el fantasma sirve, para que efectivamente la gente llegue a otras cosas. O sea, es un medio. Porque para mí, ya no es parte del debate si el fantasma existe o no. Lo importante es que es un medio para llegar a otros fines de conocimiento y cultura.

¿Cómo definirías el concepto del “Parapatrimonio”?

CP: El concepto de “Parapatrimonio” lo inventé yo, en la Cátedra de Turismo que tuve en la Universidad Tecnológica Metropolitana. Y básicamente hace referencia, a utilizar, por decirlo así,  las leyendas de apariciones, etcétera, de cualquier emplazamiento, para potenciar un sitio como un lugar turístico, como un lugar de estudio. En el fondo, crear un tipo de patrimonio intangible, pero que va mucho más allá de la leyenda y de la tradición. Sino que alude directamente a las apariciones que pueden estar sucediendo ahora en el espacio, en el sector. En cómo el fenómeno puede presentarse en la actualidad.

Recuerdo un titular que apareció en un medio de prensa hace unos años atrás, sobre una entrevista a tu persona, donde citaba una frase tuya bien particular, que decía “Yo soy el santo patrono de los góticos”, ¿Qué hay de eso?

CP: Eso fue en el diario La Nación cuando era de papel todavía. Pero en el fondo, obvio que la primera fanaticada de mis libros estuvo en el ambiente de los góticos. De aquellos que frecuentaban Blondie, el Teatro Carrera, etc. Fue memorable la Guía Mágica en ese aspecto. Porque todos estos chicos recorrían los cementerios, etcétera, buscando “sensación de cementerio” y vieron que había una teorización al respecto. Entonces ya sabían que buscar en esos lugares. Ya sabían dónde buscar y qué encontrar. Porque la bibliografía que existía en esos años, antes de la Guía Mágica, estaba muy dispersa. Pero ese titular, fue algo que dije en esa entrevista y quedó.

¿Conociste al Investigador Oreste Plath en ese proceso de recopilación de datos y escritura de la Guía Mágica de Santiago?

CP: Yo a él lo quiero mucho, lo admiro mucho y lo conocí también. Nos encontramos en Biblioteca Nacional, sostuvimos una interesante conversación los dos, porque lo vi ahí sentado y me acerqué a dialogar con él en la sección de Referencias Críticas. Pero ahora con todo lo que existe en Internet, te das cuenta que Oreste Plath, lo que hacía, su forma de trabajar, era recopilar la información y solamente transcribirla a sus textos, es decir, muchas veces “fusilaba” datos. Pero aun así, tiene mucho mérito, porque es un divulgador de culto, y su hija ha seguido por el mismo camino.

De hecho, lo encontré en este proceso de investigación de la Guía Mágica, y fui bastante inocente, porque quizás podría haberle solicitado un buen prólogo para la misma. Sin embargo, no lo hice. Además que no conocía mucha gente en ese entonces, porque no venía del mundo de la cultura.

¿Te sientes con una pertenencia especial a lo que fue el viejo barrio de La Chimba?

CP: Yo soy el “Santo Patrono de la Chimba”. Porque me voy a preocupar que La Chimba siga preservando sus raíces en el tiempo. Además, ¿sabes qué es lo que me gusta de estar aquí? Que este barrio (Recoleta-Independencia) es el único que no ha cambiado de identidad. Ha mantenido su identidad intacta desde que el Cementerio General fue fundado. Aquí no hay, como por ejemplo con el Barrio Italia, una identidad impuesta. ¿Tenemos que ser “cool”? ¡Seamos “cool”! como el Barrio Brasil. O como el Barrio República, donde nos preguntamos –“¿Seamos universitarios?, seamos universitarios”-. No, acá la construcción del Cementerio General, del Cementerio Católico después, de la Casa de Orates y del Hospital San Vicente de Paul, va formando una cultura arquitectónica y del entorno. O sea, yo aquí a una cuadra tengo a un buen amigo, un buen auspiciador, como es don Gabriel Carrasco, que tiene la funeraria más grande del país, la Funeraria Carrasco, con un montón de historias. La Funeraria Carrasco es un hito patrimonial. Y tengo la suerte de ser su amigo, y estar muy cerca. Así que cómo no voy a estar contento de estar viviendo acá, a unas cuadras de Plaza La Paz, lo que fue el viejo sector de La Chimba de Santiago.

¿Qué sensaciones trae entonces el cementerio, al imaginario colectivo de La Chimba?

CP: Es que como diría Forrest Gump, el cementerio es una “caja de bombones” y siempre te sorprende. Por ejemplo, te doy un dato, diseñando una nueva ruta hace unos días, di con Nilton Rosa Da Silva, a quien alguna vez lo llamaron el “Poeta de América”. Brasileño, quien vino a vivir a Chile en 1971, porque ya había dictadura militar en Brasil, y acá encontró un terreno fecundo obviamente, porque estaba la revolución socialista, pero lo mata Patria y Libertad, paramilitares de derecha en junio de 1973. Así que en estricto rigor, Nilton Rosa Da Silva, Poeta de América, se transforma en el primer muerto de la dictadura. Y lo encontramos ese día, no teníamos idea que estaba en ese sector, muy atrás del Cementerio General, y ahora es parte de una ruta. Por tanto, se puede rescatar, viste. Es decir, a través de una sepultura, tú ya rescatas un caso de la historia, lo pones en valor. Ahora, toda la gente va a empezar a informarse sobre la figura de Nilton Rosa Da Silva, va a comenzar a buscar su historia y sus poemas. Por otro lado, cuando hacíamos la ruta del Cementerio Católico, dimos con Hermelo Aravena Williams, otro gran memorialista. Dimos también con Nora Gregor, la actriz húngara que había trabajado en una de las 100 películas de la historia de la humanidad, “La regla del juego” (La Règle du jeu) de Jean Renoir, ¡sepultada en el Católico! ¡Nora Gregor! También Blanca Errázuriz Vergara que fue protagonista de uno de los escándalos más grandes en Hollywood por su romance con Rodolfo Valentino, quien llegó a asesinar a su esposo, John de Saulles. Eso es anécdota pura e historia pura, y eso está ahí.

Entonces, ya todo el cementerio, últimamente me he dado cuenta que tiene mucha importancia como espacio democrático. O sea, aquí te puedes encontrar que está uno de los organizadores del Golpe Militar de 1973, como el General Manuel Torres de la Cruz, que está sepultado a 100 metros de Salvador Allende. ¡Qué más democrático que eso! O sea, están ahí, la familia va a dejar sus flores, no se pelean entre ellas. También encuentras en la misma calle el mausoleo del MIR y a pocos metros está Miguel Serrano.

¿Por qué estimas que se le rinde tanto culto a Miguel Serrano dentro de su grupo de seguidores?

CP: Mira, Miguel Serrano, a propósito de lo que hablábamos, es un hombre que despierta el imaginario. De hecho, Serrano rompe con el esquema Nazi clásico, porque él le da un sustento teórico poético al nazismo que ya Hitler algo lo había trabajado. Pero el “Padre del Nazismo Esotérico” a nivel mundial es Miguel Serrano. Y por eso el nazismo chileno es tan diferente al argentino, al brasileño, etc. Ya que el nazismo chileno mira hacia los hielos del sur, anda pensando más en La Ciudad de Los Césares que en golpear a los extranjeros en la calle. Gracias a Miguel Serrano, los nazis chilenos son más intelectuales, son más calmos, son más reposados. Son también más ávidos de escribir, son más ávidos de leer que andar violentando a las minorías étnicas en Chile o andar buscando un proyecto político. Y eso, hay que agradecérselo a Miguel Serrano y a todo el imaginario que él crea. Los Ovnis de Hitler, etcétera.

¿Qué hay del tema del Monumento a la Iglesia de la Compañía de Jesús que está en Plaza La Paz?

CP: Ese es otro dato, porque los cadáveres que se entierran bajo él, de las mujeres que fallecieron en el incendio, no están ahí, donde está el monumento actualmente. Porque lo averiguamos. Y a mí lo que me encanta de esto, es que siendo fanático de la información, finalmente investigando, puedes llegar a ella. Y lo que ocurre es lo siguiente: que primero el monumento se instala en el interior del Cementerio General (una vez que lo trasladan de su ubicación original, donde estaba la Iglesia de la Compañía de Jesús), y en abril de 1928, sacan el monumento del Cementerio y lo colocan para encabezar lo que iba a ser el proyecto “Plaza La Paz”. Pero no trasladan a las mujeres. Las mujeres quedan ahí, en la fosa dentro del Cementerio, y nadie sabe que están ahí. De hecho, solamente por las fotografías pude deducir el lugar, pero no hay nada más que las recuerde. Ahora, sabemos el lugar exactamente dónde están, ya se lo comuniqué al Director del Cementerio, me autorizó a investigar, etcétera. Y es interesante, porque toda la gente repite  y cree efectivamente que están bajo el monumento de “La Dolorosa” (Plaza La Paz). Y eso es lo que te enseñan. Pero ojo, porque hay dos evidencias: primero, los restos de las mujeres habrían aparecido en la remodelación de la plaza en 1991. Cosa que no sucedió. Segundo, están los registros de abril de 1928 donde se certifica que hay un traslado del monumento, pero no se habla del traslado de las mujeres. Y esa ubicación primaria del monumento en el cementerio, es sobre la sepultura original que les dieron a las mujeres. Y fue al interior del camposanto. Porque era inconcebible con el dolor que tenía la ciudad de Santiago, haberlas sepultado en una plaza. Y eso es lo que me gusta a mí de desmitificar, porque ahí, puedes reinventar.

¿Debe existir mucho dato e información entonces con respecto a historias reconocidas del cementerio?

CP: Y a veces te lo topas con datos así de sorpresa, de parte del escritor que menos te lo imaginas. Por eso yo no desprecio a ningún escritor ni ningún memorialista, por pequeño que parezca, porque te puede corregir un dato.

¿Qué opinas sobre la literatura de terror existente en Chile?

CP: Mira, la literatura de terror en Chile, descansa en estos momentos, en los hombros de Jesús Diamantino. Él tiene una cátedra en la Universidad, además que ya sacó una gran antología de cuentos de terror chileno (“Cuentos Chilenos de Terror, Misterio y Fantasía”, junto a Carolina Heiremans y Verónica Barros, Editorial Cuarto Propio, 2015) con algunos relatos inéditos incluso, lo que resultó un texto y un trabajo recopilatorio, formidable. Y va camino a la segunda ya (“Rutas Inciertas, Cuentos Chilenos de Misterio, Terror y Fantasía”).

Ahora bien, por otro lado, ¿se han cometido errores?, por supuesto que se han cometido errores. Ya que se intentó sacar por ahí, un libro de cuentos de terror, en el que hasta Roberto Ampuero escribía un cuento de terror ¡horrible!, y que versaba sobre un tigre que se había escapado de un edificio departamento. ¡Y eso no es terror! Eso es anécdota de circo.

Pero también hay editoriales independientes actualmente que se están especializando en la literatura de terror en Chile. Y que están renovando el género, publicando nuevas historias de autores cada vez más contemporáneos.

CP: Respeto todos esos intentos, pero ¿cuál es el problema del terror chileno? El chauvinismo. ¡Oye hay que rescatar la figura del Trauco, porque es de nivel mundial!, o ¡rescatemos la figura de La Fiura, porque es notable! Entonces… como te lo digo… más bien, el terror es caos. O sea, me acuerdo de las reglas del terror de William Hope Hodgson. Una es que el terror siempre tiene que ser contemporáneo, es decir, no puedes ambientar terror en 1700 porque no resulta. Segundo, el motivo del terror no puede tener un rostro conocido. Y la gente se encariña con Drácula, se encariña con Frankenstein. Y nadie se puede encariñar con el terror, sino no es terror. Tiene que ser algo sin rostro. Y tercero, el terror tiene que cumplir de un modo inesperado. Y eso son los nuevos mandamientos que yo le daría a la nueva generación de escritores de terror. Olvídense de la mitología chilote. Porque el folclore es algo que nace, muere y se transforma todos los días.

Asimismo, hay una gran deuda en el terror sobre lo que fue la dictadura. Por ejemplo, un relato sobre (Miguel) Krassnoff sacando de las entrañas de una detenida desaparecida, un feto. ¡Eso es terror! Porque ojo, en Argentina se han hecho excelentes películas de terror, basándose en el tema de los detenidos desaparecidos en la dictadura. Acá no hay ninguna. Y ahí sí que pasaron cosas terribles.

Es decir, ¿escritores como Joseph Sheridan Le Fanu, Edgar Allan Poe y Charles Dickens van quedando fuera de contexto?

CP: No, ya que dentro su época fueron notables, porque hablaban de ese momento. Guy de Maupassant es notable porque hace un retrato de su época. Dickens utiliza el terror para mostrarnos la pobreza de Londres en “Canción de Navidad”. Recordemos que el Fantasma de las Navidades Presentes tenía 2 hijos bajo su manto: que se llamaban “ignorancia” y “pobreza”. ¡Horrible!

Entonces, ¿qué echo de menos? El buen terror que tiene un dejo de retrato de tu época. Porque H.P. Lovecraft, su gran mérito, es que él se aísla del mundo para escribir. Pero en el fondo, Lovecraft le tiene miedo al mundo. Para él, el mundo exterior, el sexo y el vicio, algo que él no penetra ni siquiera como un hombre adulto, ese es su Cthulhu, ¿me comprendes? ¡Esa es la bestia para él! El mundo que desconoce. El mundo del cual él se ha retirado por propia voluntad.

¿Estimas que los autores más contemporáneos del terror buscan entonces ser más difundidos?

CP: Mira, Lovecraft escribía sin la presión de hacer Best Seller. Kafka con “La Metamorfosis”, ¡le pidió a su amigo que quemara sus escritos! Y actualmente todos escriben pensando en ser Best Seller. Y eso está mal. Porque en el fondo, yo he conocido buenos trabajos de terror, pero generalmente provienen de la locura. ¿Sabes cuáles son los mejores cuentos de terror que he leído? Los de las antologías del FUCOA. Ese terror del Chile profundo, porque no cae en el folclore ni en lugares comunes. Por ejemplo, me gustaría ver un libro sobre “El Callejón de las Viudas” en Paine. ¡Ahí tienes terror!

¿Cómo ves la literatura fantástica actual?

CP: ¿Sabes qué? Los chilenos por idiosincrasia, no nos gusta la fantasía. No somos dados a la fantasía. De hecho, a Hugo Correa nunca le dimos un lugar. Porque Hugo Correa, a pesar de ser un excelente escritor, él caminaba por las orillas de la literatura. Porque él fue mucho más leído y aceptado en el extranjero. Aquí nunca fue muy considerado, nunca se le dio un real espacio que merecía. Sin embargo, en España, fue uno de los editores de la Enciclopedia de la Ciencia Ficción y la Fantasía.

Ahora, en mi opinión personal, como nuestro carácter, escéptico, porque el chileno es escéptico por definición, no somos muy dados a la fantasía ni la ciencia ficción. A pesar que yo veo “Blade Runner” de 1982, y lo veo en Santiago. O sea, te desafío que vayas al puente de la Estación Mapocho, y veas “Blade Runner”. Vas a ver drones volando, controlando la situación, mientras abajo hay colombianos, haitianos y peruanos vendiendo las comidas típicas. Eso es “Blade Runner”. Entonces, el futuro ya llegó, ya se instaló en Chile. Pero no nos hemos dado cuenta. Porque nadie se imaginaba como iba a ser esta ciudad (Santiago de Chile) en el 2018. Es decir, ¿dónde está la ciencia ficción? En que nos digan la calidad de los rayos UV. Eso es parte del informe del tiempo. –“No, hoy no puede asomarse mucho, porque hay riesgo de cáncer”-. Eso es ciencia ficción, hecha realidad. También el que haya una carrera en la ciudad de autos eléctricos por nuestras calles principales, ¡eso es ciencia ficción! Que existan drones en Las Condes vigilando el comportamiento de la gente, ¡eso es ciencia ficción! Y eso ya llegó, pero como en Chile no amamos la ciencia ficción, esas cosas las pasamos por alto. No reaccionamos.

¿Chile entonces ha dejado olvidado a todos los cultores del género fantástico y ciencia ficción?

CP: Chile es el país de la mala memoria. O sea, ya nos olvidamos de Roberto Bolaño, ¿qué más podemos esperar? Ya nos olvidamos del mejor escritor que hemos tenido los últimos 20 años acá, Pedro Lemebel. Que se convierte en un hito cultural, pero nadie lo lee. Ahora mismo está sucediendo con Nicanor Parra.

¿Dónde deberían mirar entonces las nuevas generaciones de escritores para forjar la inspiración de su escritura?

CP: Yo no me defino como escritor, así que me complica. Pero hay miles de vericuetos en la historia donde puedes sacar unas buenas novelas de terror. De hecho, te voy a dar un dato, te voy a narrar una anécdota que se podría convertir en una magnífica historia de terror. Gabriel González Videla con su esposa, fueron embajadores en la Francia de Vichy, la Francia ocupada por las fuerzas alemanas. Gabriel González Videla, siendo un tipo muy desagradable, a pesar que era considerado como el “hombre del pueblo”, el hombre radical, pro-comunista, una especie de Alejandro Guillier de su tiempo. Sin embargo, nadie sabe, que él compró a bajo precio, abrigos de piel para su esposa y artículos para su casa de los campos de concentración judíos. Eso es una novela… y para mí, es una historia de terror. O sea, un Presidente de Chile comprando abrigos, joyas y otros objetos a bajo precio, porque venían del holocausto. Asimismo, el diseñador del Plan “Serena”, era un francés nazi, también colaboracionista del gobierno de Vichy. Ahí tienes otra historia de terror…

Por otro lado, tienes la historia de “Puerto del Hambre” en Punta Arenas. Quién ha hecho una novela de terror de los fantasmas de Puerto del Hambre, o de las batallas de la Guerra del Pacífico. Ahora, te pongo un ejemplo, porque los gringos tienen toda una cultura sobre lo que son los campos de batalla de la guerra civil. Ya que hay cazafantasmas que van todos los días a Gettysburg a cazar fantasmas. Nunca he visto a nadie que vaya a Concón o Placilla, que es donde más chilenos han muerto, en territorio chileno en un campo de batalla, a cazar fantasmas. De hecho, fuimos a Placilla por iniciativa mía, con “La Hermandad” (programa de TV del cuál César Parra es productor) a tratar de rescatar la memoria. Porque no era el tema principal, colocar en pantalla de “La Hermandad” los fantasmas de Placilla, sino que era poner en el imaginario popular nuevamente, lo que había sido la guerra civil del 1891.

¿Sigues conectado con el tema de impartir clases?

CP: Sigo haciendo clases en el Instituto, y mi electivo es “Los Cementerios como espacio multicultural”. Y ha sido notable, porque hemos hecho unas jornadas muy buenas con la gente de la academia de fotografía, y traemos a los estudiantes al cementerio de noche, para que le saquen provecho al espacio. El que ellos estimen. Porque el cementerio es un lugar polifónico. Le puedes sacar una nota ecológica, ya que en este lugar, es el único donde encuentras en Santiago, un Tucúquere, que es el búho más grande de Chile. Aquí todavía puedes observarlo en estado natural. Por tanto, pueden sacar la lectura que quieran. Eso es lo que les enseño a los muchachos. Que aprovechen los espacios de memoria, las animitas, los cementerios, para sus proyectos. Ya que ellos vienen del área del diseño, de la fotografía, del diseñó 3D y del videojuego. Así que le resulta un aporte también.

¿Qué crees que falta aún para mejorar el proceso del fomento lector en Chile?

CP: Creo que no vale la pena discutir ya sobre el IVA del libro, tampoco vale la pena discutir sobre políticas de fomento lector. Porque ya está leyendo, toda la gente que está interesada en leer. El que no lee es porque no quiere, o nunca le gustó leer y nunca va a leer. Porque si efectivamente estuviera interesado en leer, basta que descargue un PDF en su celular.

¿Qué libros les recomendarías a tus lectores?

CP: “La Caperucita Roja”. ¿Por qué? No sé si alguna vez lo conversamos, pero hay “caperucitólogos”. De hecho, hay un colombiano (Luis Bernardo Yepes), que es el “caperucitólogo” más grande de la historia. Y él es el de la tesis, que la Caperucita es una de las mujeres de Luis XV. Porque el Rey era el lobo, y las caperucitas eran todas estas muchachas pobres que traían para el disfrute sexual del monarca, en las penumbras de la noche, tapadas justamente con caperuzas, para que no fueran identificadas. Entonces, Charles Perrault, autor de “La Caperucita Roja” (que después toman en otra versión los hermanos Grimm), hace una denuncia política aludiendo a “La Caperucita Roja”. Así que lean “La Caperucita Roja” para empezar, y sí les gusta, pueden seguir con “La Bella Durmiente”. Y así sucesivamente, después con “Blanca Nieves”, etc. La esperanza sería, que se interesaran en las obras completas de Perrault o los hermanos Grimm, y de ahí en adelante ya se abren al mundo de la literatura.

Pero mira, yo soy bastante escéptico con respecto a la literatura. Porque estimo que la literatura se está convirtiendo en algo bastante elitista. Esto, porque cada vez menos gente se interesa en leer. ¿Por qué? Porque estamos en el predominio de lo visual, Netflix por ejemplo, YouTube, etc. Ya que pueden revisarse documentales y otros contenidos de tipo cultural, pero al ojo. Entonces, básicamente la pregunta es: ¿necesitamos leer? Esa es la pregunta que se hace mucha gente. Sin embargo, todavía es necesario leer. Yo soy parte de esa elite que lee. De los que van e invierten en libros.

De todas formas he llegado a la conclusión, de que en toda la historia de la humanidad, la gente que lee, es la que quería leer, y no hay política de fomento lector que te cambie eso. Porque yo te aseguro que si los libros los regalaran, que ojo, hay proyectos con esa similitud, el de “Biblioteca Libre”, donde tú llevas un libro y te llevas otro gratis, ni aun así, la gente no lee. Por eso te digo, que soy bien pesimista, porque desde los tiempos de la colonia, han leído los que debían leer. Y el resto es “el peso de la noche”, como diría Diego Portales. Los que quieren permanecer en el peso de la noche. Por decisión propia.

Junto con la publicación de la Guía Mágica de Santiago, comienza a desarrollarse el concepto de “Ghost Tour” en Chile. ¿Qué nos podrías decir de aquello?

CP: Yo siempre digo que con respecto a los libros o a los “Ghost Tour”, que yo no he inventado la pólvora. Sino que soy el que mejor la hace arder. Y lo que hice con la Guía Mágica fue lo mismo que con los “Ghost Tour”. En el fondo, traje un concepto que era gringo, que era europeo, lo adapté a nuestra idiosincrasia y créeme, como herramienta turística y cultural, hasta el día de hoy sigue siendo un exitazo. O sea, si el tour por el ex Hospital San José fuera una obra de teatro, estaríamos codo a codo con “La Negra Ester”, en lo que respecta a la cantidad de gente que hemos traído, en la cantidad de gente que ha venido a ver el espectáculo, en el número de personas que hemos convocado, estamos en el mismo nivel que la obra de Andrés Pérez en cuanto a público. En otras palabras, el “Ghost Tour” es una obra de teatro, es una representación. Desde que se atraviesa la puerta del mismo, por supuesto, siempre lo es. Porque la única diferencia, es la irrupción de lo inesperado. Incluso con un guión que se ha ido modificando con el tiempo. Comenzó con un guión escrito donde cada uno de los actores decía lo que decía, pero yo también debo seguir con los parámetros que el público me pide. Y nuestro público nos pedía “verdad”, no quería actores, sino que querían ellos vivencias. Y hemos aplicado la misma política con el proyecto de “Cine en el Cementerio General”. Porque tú no ves un montón de butacas ordenadas en el hall del cementerio. Sino que vamos a uno de los lugares más embrujados del cementerio, va la gente con su manta, su cojín y yo me encargo de proyectar la película. Porque las personas quieren vivir la sensación de que ellos están descubriendo. Y eso es lo que yo les doy. De hecho, eso fue un salto cuántico. Sobre todo en los “Ghost Tour”, en el sentido de darme yo cuenta, que el peso de los tours se los tenía que dar a la gente. Ellos construyen el “Ghost Tour” con sus lo que sienten, con lo que preguntan, con lo que perciben, con su miedo, con su risa. La gente es protagonista del propio recorrido.

¿Se puede decir que todo lo investigado, lo expuesto en tus libros, finalmente se les traspasas a las personas en vivir las emociones de un recorrido, de un tour por el que ellos esperan?

CP: Por lo mismo he dejado de escribir un poco. Porque disfruto más mi rol de guía. Y me voy con la dicha de que la gente que ha pagado por un recorrido, se va del mismo sabiendo más. Se va conociendo por ejemplo, quien fue Eduardo de la Barra, el Dr. Adolfo Murillo o el Dr. Cerutti que trabajó efectivamente en el ex Hospital San José, transformado en “fantasma” a estas alturas. Pero esa finalmente es la satisfacción final, que gente de todas las edades, de todos los estratos sociales, que no estaban destinados por su historia de vida a conocer esos nombres, esos lugares, esas sensaciones, acaban conociéndolos. Y por otro lado, son también nuevas formas de expresión, porque yo no sé qué nombre ponerle al “Ghost Tour”. No sé si es una obra de teatro exactamente, no sé si es turismo exactamente, no es una puesta en escena, no es cine, no es una película de terror, pero sí es patrimonio. En específico “Parapatrimonio”, que es la única palabra que se ajusta a lo que yo hago. Es decir, es un diseño de experiencias, porque además yo siempre entrego mucha información. Por ejemplo cito al sitio Memoria Chilena, para que puedan descargar libros desde ahí, y por supuesto hago mi aporte al fomento lector. Pero no creo en el fomento lector. Respeto lo que ustedes hacen, pero insisto que toda la gente que estaba destinada a leer, está leyendo en este momento. Los que no se han volcado a la lectura, ya no lo van a hacer.

Ahora, ¿tú sabes quiénes son los mejores lectores? Los presos de la cárcel, ellos sí leen bastante.

¿Cómo podríamos fomentar la lectura entonces?

CP: A la gente le encanta el libro objeto. Y si pudiéramos abaratar el costo del libro objeto, estaría al alcance de todos para que los pudieran adquirir. Por ejemplo, este libro es maravilloso, “Chile en 1000 fotos” de Pehuén Editores. Un libro de aquellos que cuesta promedio entre $25000 y $30000 en librerías. Pero el mismo, debería costar en un quiosco, dos mil pesos. Un libro de fotografías. Ya que un libro debería partir por la vista principalmente. O sea, en la medida que un texto entre por lo visual, puedes sumar lectores. Otro texto interesante también, es “1000 Record Covers”, pero con el mismo problema del costo. Entonces, el contexto, es que estos libros son muy caros y son inaccesibles para mucha gente por su precio. Aun así, para el fomento lector, el elemento visual es preponderante, porque estamos en un mundo visual. Mi consejo, es que ahora le den duro a “Ready Player One”, aprovechando que se viene la película de Steven Spielberg, y donde además se conjunta la novela de Ernest Cline, un gran libro, con lo visual, el film. Ahí tienes un libro que es fascinante, y que los millennials, lo van a disfrutar, lo van a gozar. Porque los millennials saben de muchas cosas, por ejemplo asumir una personalidad que no es la tuya, son profesionales en eso. Ya que en una sola tarde, un millennials puede ser un soldado del Imperio de Star Wars, puede ser un terrorista, puede ser el alcalde de una ciudad. Es decir, como el proceso de la Matrix, y hacia allá vamos.

¿Qué otros textos propones?

CP: “La Conjura. Los mil un días del golpe” de Mónica González (Editorial UDP-Catalonia, 2012). Porque también me dio vuelta la cabeza, en el sentido de que en el fondo hace un desmenuzamiento de como Pinochet se apodera del golpe de Estado, siendo que el golpe de Estado nunca fue de él. Y va eliminando a los generales golpistas, que eran Óscar Bonilla, Manuel Torres de la Cruz, Augusto Lutz, Sergio Ñuño Bawden. Y los va quitando del camino, asesinándolos, como el caso de Lutz, de Bonilla, en otros casos quitándoles poder. Hasta que él después se autodenomina, el dueño del golpe. Pero los verdaderos dueños del golpe, o están muertos, o están olvidados, y eso es macabro. Ahí tienes una historia de terror también.

Ahora, como te repito, ya están leyendo los que tienen que leer, pero también creo que hay una trampa en el fomento lector. ¿Por qué? Volvemos al caso Jorge Baradit. Ya que los historiadores de la boca para afuera, te van a decir que ojalá toda la gente supiese historia. ¡Todos! Y que ojalá los 17 millones de chilenos conocieran la historia de principio a fin, para que no los engañen. Pero cuando sale un hombre como Baradit, que populariza la historia, que la hace de masas, que ha sido un exitazo en la vereda y en las librerías, lo tiran para abajo. Entonces, es lo mismo que sucede con nosotros, esa minoría que lee, esa minoría que se informa, y quizás tenemos la mejor intención en que exista más gente leyendo en el país. Sin embargo, pensamos que si los 17 millones de chilenos leyeran a John Fante o a Charles Bukowski, sentiríamos que nos quitan un conocimiento exclusivo. ¡Y nos dolería! Como si te pasara en La Universidad, cuando tenías un escritor preferido, pero luego se popularizaba, lo dejabas de lado, entonces buscabas otro escritor exclusivo. Entonces, al final cada persona ligada a la Academia, hablo de lectores ligados a la Academia, no quiere que su conocimiento personal, sea de dominio público. Y esa es la contradicción entre el fomento lector, y la existencia de una elite que lee.

Por otro lado, rescato el proyecto de la “Biblioteca Libre” y la liberación de libros, que es el que más conozco, y ni aun así la gente llega, y finalmente no sé si les interesaría que toda la gente llegara. Además, en términos subversivos, para qué estamos con cosas, ¿nos conviene que “el peso de la noche” siga o se termine? ¿Nos conviene una sociedad informada? Imagínate que si los 17 millones de chilenos manejaran al dedillo los procesos históricos de este país. Eso sería sumamente peligroso y subversivo. ¿Por qué? Te pongo un ejemplo: si fuera de dominio público el conocimiento sobre la figura de Emilio Recabarren; si fuera de dominio público Santa María de Iquique, más allá de que lo es; si fueran de dominio público todas las matanzas de las salitreras y Pisagua; si fueran de dominio público los textos de Patricia Verdugo como “Operación Siglo XX” y “Los Zarpazos del Puma”, eso sería totalmente subversivo. O también si fueran de dominio público los libros que te cuentan cómo se arman las fortunas de los grandes grupos económicos de este país. Ya que “no hay fortuna sin pecado”… ¿Qué ocurriría con don Andrónico o con don Sebastián? Entonces, créeme, el Estado hace algunos guiños, pero no le interesa finalmente que la población esté informada. No le conviene. Por eso te manifiesto que todas las políticas de lectura que vienen desde el Estado, tienen un sesgo hipócrita y elitista.

¿Pero sabes cuál es el mayor peligro que avizoro? Que hay un grupo de muchachos jóvenes que están fascinados con la figura de José Antonio Kast. Porque veo que hay una derecha extrema, que además ya perdieron contacto histórico con la dictadura. O sea, uno que nació en dictadura, que vivimos los toques de queda, que supimos que a Pepe Carrasco lo asesinaron en el Parque del Recuerdo, así como las atrocidades que estaban pasando en todas partes de Chile, todavía le tenemos miedo a la derecha. Y con esto, queda claro que yo no voto por la derecha. Y me pueden decir que se va a reactivar la economía en un 10% y muchas otras cosas, pero mientras no aparezca el último hueso de un detenido desaparecido, nunca voy a votar por ellos, y porque tampoco no me nace votar por la derecha. Así que eso ¡nunca jamás! Pero estos “cabros” ya perdieron el contacto histórico, y ninguno de ellos ha leído el informe Rettig, porque no hay un interés. Te voy a poner otro ejemplo: yo trabajé hace unos años en una biblioteca de un liceo en  Puente Alto, mientras estaba la administración de Manuel José Ossandón. Y se nos prohibía prestar el Informe Rettig y el Informe Valech a los usuarios de la misma. Ya que las ediciones que enviaba gratuitamente el gobierno, tenían prohibición de mostrarse en todas estas bibliotecas de Puente Alto. Y lo de educación sexual, también. Por tanto, era una situación que afectaba de alguna manera a toda la comuna. Eso, cuando Ossandón fue alcalde. Además que hay gente de la época que también lo va a corroborar. De hecho, la jefa de la biblioteca de Puente Alto nos decía, -“Esos libros no se prestan. Hay que esconderlos”-. Informe Rettig, Informe Valech y Educación Sexual. Y a nosotros como técnicos bibliotecólogos, nos hacían esconder los libros. Y reto a que alguien me haga desmentir esto. Tomos hermosos, que quedaban guardados y que estaban prohibidos, y ni siquiera se podían registrar dentro del patrimonio de la biblioteca.

Ahora, mira, no sé si has leído “Muerte en Venecia” de Thomas Mann, donde al final hay un texto de Mann que dice que la poesía habría que prohibirla en los colegios, porque alborota demasiado a los jóvenes. Y es todo un extracto donde este autor sostiene que la poesía debe ser prohibida para la gente joven, ya que excita pasiones demasiado bajas.

Por lo cual es muy extraño lo que sucede, pero en Chile tenemos ese deseo del orden. Incluso, Chile debe ser el único país, donde hasta las clases más bajas reclaman por el orden. Y aquí no hay ninguna subversión, no existe nada.

¿Qué es entonces para ti subversión?

CP: Alzarse sobre el poder establecido, “el peso de la noche”, lo que Diego Portales mencionaba. Pero me preocupo, porque veo en mi propio público el tema aquel del “emprendimiento”, del “self-made” man de Charles Lindbergh, que ya caló hondo. Y esa es la mejor herencia que Pinochet podría haber ganado.

Y tú como actual personaje de la cultura, ¿qué propones finalmente para que la sociedad pueda tener un “despertar” en lo que respecta al fomento a la lectura? ¿Cómo podría aportar el Estado a desarrollar aquello?

CP: Yo creo que la única política de fomento lector que ha resultado en Chile fue Quimantú (Editora Nacional) bajo el gobierno de Salvador Allende. Porque ahí efectivamente la gente compró muchos libros, hasta en mi casa hubo libros, siendo que no había textos. Y efectivamente podías comprar buenas novelas, libros de cuentos y antologías a bajo costo, pero el problema, es que hoy en día esa posibilidad está y sin necesidad de que el Estado intervenga. Porque está por ejemplo la liquidadora chilena del libro, están los puestos de venta en calle San Diego, e incluso está la posibilidad de adquirir los libros piratas. Pero aun así, no toda la gente lee ni adquiere los libros, insisto. Sin embargo, como te lo digo, la piratería “hace un esfuerzo” por difundir la cultura, para bien o para mal, 10 veces más potente, o 100 veces más potente que la que hace el Estado probablemente. Así que estimo que la gente está leyendo más, pero está leyendo los Best Seller. Ahora bien, eso a mí no me molesta, porque mientras lean, bien. Pero eso, en el fondo de todo, no creo que se pueda hacer nada más de lo que ya se haya hecho hasta hoy, porque estamos en una sociedad muy distinta a la de 1973, así que por ende, hay mucho más oportunidades de leer, y están a la mano. Sin embargo, lo que el Estado sí podría hacer, es ser más claro, e indicar quizás o hacer una especie de listado de lo que hace el SERNAC, que es lo que debería hacer el Consejo del Libro y la Lectura, de una canasta de libros entre Best Seller y clásicos, comunicando en qué librería está más accesible cada texto en su precio, y en qué librería están más caros los ejemplares. Con nombre y apellido. Porque eso sí podría ayudar mucho a los consumidores habituales de libros, ya que las mismas librerías, como sabemos, hacen el precio de los textos, la mayor parte de las veces, inalcanzable. Y eso puede dificultar de alguna manera el poder acceder al libro de nuestra preferencia.

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