EL PERIODISTA Y ESCRITOR ARGENTINO, SEBASTIÁN DUARTE, CONVERSA CON LA SECCIÓN “REGISTRO POÉTICO”: “ROCK NO ES UN MÚSICO CON UNA GUITARRA, SINO UNA FILOSOFÍA DE VIDA, HISTORIAS CALLEJERAS Y VIVENCIAS POR FUERA DE LO PRE ESTABLECIDO”.

Por Kenlly Rover.

Edición: Rodrigo Cabrillana.

A principios de febrero de 2018 tuve la oportunidad de hacer un viaje a territorio argentino con motivo de vacaciones. Pero además de mi estadía en Buenos Aires para conocer y descansar, aproveché la oportunidad para ponerme en contacto con un personaje que merece destacarse en estas líneas por su variado catálogo de textos referentes a la cultura musical porteña. Me refiero a Sebastián Duarte, periodista e investigador que recopila diversas vivencias llenas de rock y de la calle, donde la nación Argentina más cruda transita por el lado salvaje, como plasmaría alguna vez en su canción “Walk on the Wild Side”, el músico neoyorkino Lou Reed. Por lo cual, libros como “RICKY DE FLEMA: EL ULTIMO PUNK”, “YO TOQUE EN CEMENTO” O “LA CONSTITUCION TRAVESTI”, son parte de ese caminar por los parajes más arriesgados de fines de los ochenta y comienzos de los noventa que tuvieron lugar en la capital Bonaerense. Y en ese contexto, quien nos narra éstas y otras historias a través de estos libros, es a quien pasamos a revisar en la siguiente entrevista.

 Sebastián, durante tu infancia o juventud,  ¿qué fue lo primero que te “voló la cabeza”? ¿Escuchar algún disco en especial o leer algún libro que te haya impulsado como inspiración para decidirte a trabajar actualmente en lo que te desenvuelves?

 SD: En la adolescencia todo arrancó con la radio. En Argentina apareció una señal llamada Rock & Pop, que fue revolucionaria para el ámbito juvenil. Yo algunas veces me capeaba el colegio y me iba a la radio, a presenciar programas como Radio Bangkok y Feedback, colosales por aquellos años. “O sea, ¡me capeaba del colegio para ir a ver un programa de radio!” Nunca para ir a divertirme con mis compañeros del colegio secundario. Por ese entonces la música era fundamental: primero escuchando rock argentino, para luego interiorizarme con el rock internacional. Tenía un amigo que se llamaba Pepe Frula, cuyo padre era Capitán de barco. El hombre viajaba 7 meses por alta mar y cuando regresaba le traía a Pepe, discos novedosos y zapatillas Converse que se usaban en USA. Pepe era un chico muy solo, sus padres ausentes, pero él era muy bueno. Yo iba a su casa y escuchaba novedades como RUN DMC, cuando el rap aún no había llegado a Buenos Aires. También vi un documental que se llama “Jamaica”, que mostraba todo sobre el rastafarismo jamaiquino. Pepe también me hizo escuchar a Sex Pistols y a The Clash. Por ese entonces yo aún no estaba apasionado por la escritura, más allá de que escribía algunas poesías. Para mí todo pasaba por el rock, por tocar la guitarra y vivir experiencias callejeras o en locales rockeros, viendo bandas, conectándome con gente parecida a mí. Yo pensaba en ser músico, pero luego me di cuenta que era muy vago con el instrumento. Entonces elegí periodismo, ir por ese lado hacia la música.

Entonces, ¿por dónde va tu conexión con la literatura y cómo estableces vínculos con la música? ¿O  fue a la inversa?  ¿Desde la música llegaste a la literatura?

SD: Primero fue la música, pero enseguida me interesé en la literatura. Mi primer libro fue uno de poesía de Jim Morrison. Luego apareció Baudelaire, Rimbaud, Bukowski y Edgar Allan Poe, entre otros. Y en cine, el Productor y Realizador Canadiense Justin Stewart más conocido  como Bruce LaBruce. Cuando tenía 16, descubrí la revista Cerdos & Peces, algo increíble, muy vinculada a la cultura rock y a temáticas sociales, dando a conocer todo lo clandestino. Fue crucial esa revista para que me interesara en la escritura.

 Formaste parte de una banda también Punk Rock en tu adolescencia llamada “Vómito Veloz”, ¿cómo fueron esas primeras experiencias con una banda?

 SD: Empecé tocando la guitarra en un espacio folklórico que se llama Martín Fierro. Andaba con mi guitarra criolla, de un lado al otro, para luego colgarme una Guitarra FAIM prestada, con la que incursioné en Vómito Veloz, la banda que conformó mi amigo Pepe Frula. Llegué a tocar en el Bar de la Universidad, una esquina donde pasaban rock por las noches e iban quienes estaban estudiando en el Ciclo Básico Universitario. Esos fueron años de mi primera cercanía con el Punk Rock, con personajes fundamentales de mi barrio, en Avellaneda. Por entonces conocía a Flema, a través de Pepe, que era amigo del guitarrista de por entonces y de su cantante, que eran dos chicos de familias de buena posición económica al igual que Pepe. Había otro guitarrista en el grupo, que luego se haría conocido como el nuevo frontman, Ricky Espinosa.

 ¿Cómo fueron tus primeras incursiones en el ambiente “underground” de Buenos Aires durante aquella época?

SD: Cruzar el puente de provincia a Capital Federal para buscar la revista “Cerdos & Peces” fue prioritario. Una compañera del colegio, que era repetidora, también leía la revista y andaba por la noche porteña. Ella se llamaba Griselda y una vez me invitó a un lugar que se llama Cemento. Fue a un show de una banda emblemática que se llamaba Divididos, que se formó tras la separación de Sumo, cuando murió Luca Prodan, su líder. Entré a ese local y era todo oscuro, con gente con la que me sentí identificado. A partir de ese momento, todo cambió. Mi adolescencia fue vertiginosa. Pocas semanas después conocí otro lugar que se llamaba El Parakultural, donde de alguna manera se resumía parte de lo que fomentaba la revista “Cerdos & Peces”: un espacio libertario, donde había poetas, transformistas, travestis, teatro y shows, además se fomentaban fanzines. La vez que fui había un trío de teatro conformado por tres personajes emblemáticos de época: Batato Barea, Urdapilleta y Tortonese, eran geniales, con pelucas, travestidas. Leyó poesía Fernando Noy y cerró la noche Los Violadores, la banda punk. Fue fantástico y a partir de todo lo que vivía empecé a introducirme en la cultura rockera para siempre.

 ¿Cuál fue tu primer trabajo periodístico? ¿Era complejo entrar a alguna entidad mediática  para lograr conseguir un puesto y poder desarrollar así tu trabajo?

 SD: Tuve un programa de radio en mi barrio, Avellaneda, aunque mi primer paso profesional fue una pasantía en el diario La Razón. Empecé trabajando en la sección de Economía, hasta que logré hacer pie en Espectáculos, porque yo quería escribir allí. Me costó mucho para que el jefe de sección me acepte. Mi primer reportaje fue a un grupo de Olavarría (ciudad del interior de Buenos Aires) que se llamaba Disculpen al Nono, y mi segunda nota fue al grupo de rock Bersuit Vergarabat.

¿Cómo fue tu experiencia de haber trabajado cubriendo el área de difusión de una banda como Bersuit Vergarabat en aquel tiempo?

 SD: A partir de conocer a Gustavo Cordera, su cantante, nos hicimos muy amigos y viví junto a esa banda momento inolvidables. Colaboré con el grupo durante un tiempo, dándoles una mano con la prensa. Fueron años de mucho rock, noche, vicios y aventuras fascinantes, en las que también conocí a otros artistas como por ejemplo Andrés Calamaro y otros tantos. Frecuentábamos mucho Cemento y otros lugares en San Telmo, como El Británico bar y El Guevara bar. A través de Bersuit conocí a Enrique Symns, el director de la revista “Cerdos & Peces” que yo leía de adolescente. Y sucedió algo maravilloso, que probablemente fue lo más importante que me sucedió en la profesión. Cierta vez estaba en la casa de Cordera y me comentó que volvería a salir a la calle la “Cerdos & Peces”. Insistí mucho a Gustavo para que me recomendara para escribir allí. Lo hizo. Gracias a Cordera conseguí ser redactor de la revista de la que fui fanático en mi pubertad. El camino siguió después, incursionando en diarios diversos y revistas como Rolling Stone y Mavirock, entre otros tantos medios, además de haber trabajado en radios y televisión.

 ¿Fue estrecha la amistad que tienes o tuviste con Gustavo Cordera, cantante de  Bersuit?

 SD: Con Gustavo Cordera fuimos muy amigos durante muchos años. En realidad él era mi amigo, el resto de la banda eran conocidos. Cordera y yo nos veíamos mucho entre semana, por fuera de la banda, salíamos por la noche, frecuentaba su casa y conocí de cerca a su familia. Viví muy de cerca los años más difíciles de Bersuit, cuando no tenían dinero. Gustavo vendía “sánguches” en la plaza central de la ciudad de Avellaneda, también vendía seguros. Después durante algunos años tuvo un puesto de chipas y sopa paraguaya (comidas típicas de Paraguay y el nordeste argentino) en la feria folklórica de mataderos. Muchas tardes de sábado recuerdo llegar a la casa y ayudar a cortar cebollas para llevar a la feria el domingo. Eran años muy raros. Después Bersuit creció de golpe y se hicieron muy famosos.

 ¿En qué año partes con la inquietud por escribir un libro de investigación relacionado con la música?, ¿tomando como referencia tus textos sobre THE CURE: LA LEYENDA DARK, el de PINK FLOYD: DERRIBANDO MUROS, o el de MADONNA: REINA MATERIAL? ¿Alguna anécdota al momento de realizar estas publicaciones?  

 SD: Esos libros salieron por una editorial grande llamada Distal, tuvieron mucha vitrina en Argentina. Son libros que pacté con la editorial. Madonna es una artista que siempre me interesó, especialmente el principio, el inicio de su carrera, su vínculo con esos años en el Bronx y su relación con el Pop Art. The Cure es una banda que conocí en mi adolescencia, a través de una chica gótica que conocí en el Plaza de Avellaneda, que se vestía toda de negro y se pintaba lágrimas en el rostro, ella se llamaba Vera y me regaló un cassette en donde había artistas como The Cure, Joy Division, Siouxie and The Banshees. Me encantó. Yo era muy ávido por todo el rock: punk, dark, proto punk, reggae, metal, todo me gustaba, escuchaba mucha música. En el libro de The Cure: La leyenda Dark, relato la historia del grupo, pero hago mucho hincapié en la vida de Robert Smith. Es muy interesante. Y yo me di cuenta que tengo una personalidad muy parecida a la suya. En lo personal, eso es muy impactante. Derribando muros, la Biografía de Pink Floyd también tiene mucho vínculo con mi historia personal, pues cuando tenía 14 años fui tarjetero de un boliche que se llamaba Soho. Y yo era el más jovencito de todos. Los muchachos más grandes me llevaron a un cine de películas pornográficas a mirar The Wall, y una tarde adentro de la sala fumamos marihuana, mientras mirábamos la película. Realmente no comprendí por completo su trama, pero algunas imágenes fueron cruciales para inferir en quién soy hoy. Nunca olvidé la escena de la picadora de carne. The Wall me hizo plantear muchas cuestiones a nivel social. Sin embargo, tu no mencionas probablemente a mi libro más importante, que es un libro de rock, porque rock no es un músico con una guitarra, sino una filosofía de vida, historias callejeras, vivencias por fuera de lo pre establecido. Mi libro La Constitución Travesti apareció en el año 2010 y generó un impacto importante. Viví durante algunos años frecuentando bares, hoteles y pensiones en uno de los barrios más complejos de capital federal. Ya que en Constitución me vinculé con el submundo travesti, el callejero, y todo lo vivido por esos años, que fueron más vivencias nocturnas, están en esas páginas, años de vidas clandestinas. La prostitución de travestis, las peleas, los amores, desamores, el sexo, las drogas, los asesinatos, las operaciones no permitidas, los suicidios. Ese es mi gran libro de Rock & Roll. Por esos años probé hasta la pasta base y hasta tuve algunos problemas con la policía. Viví entre “lúmpenes”, estuve en pensiones con travestis y pistoleros, carteristas, con mucha gente que está por fuera de la ley. Fui testigo de planificaciones de robos. Ese libro se lo recomiendo a todo aquel que le guste el rock de verdad.

 Punto aparte es “EL ÚLTIMO PUNK”, texto que trata sobre la vida y obra de Ricky Espinosa, vocalista de FLEMA. ¿Podrías contarnos un poco de cuáles fueron las anécdotas y reveses sobre el proceso de realizar este libro?

 SD: Al igual que La Constitución Travesti, Ricky de Flema: El último Punk podría ser un libro que en sólo su proceso de realización y producción, fueron un año y medio de trabajo periodístico-biográfico, donde se hizo trabajo de calle, buscando a personajes claves en la vida de Ricky. Estuve en el bar central de su barrio, Gerli (partido de Avellaneda), con sus amigos de toda la vida, que no eran precisamente de Flema, su banda. En ese bar conocí al verdadero Ricky a través de sus voces y anécdotas fantásticas. La banda colaboró bastante también con información: toda la parte de su historia, la mayor parte, me la otorgaron Fernando Rossi, el bajista, y por supuesto, el resto del conjunto. Pero la anterior parte, la de la década del ’80, me costó mucho reconstruirla porque muchos de aquellos años o se murieron de sobredosis de drogas o bien algunos quedaron bastante mal de salud por haber vivido años de agite. Ricky fue un personaje increíble, un anarcopunk nihilista, un chico muy sensible pero con un gran problema existencialista, un profundo dolor por lo impuesto a nivel social. No cuajaba con la sociedad, era muy desconfiado y tenía muchos problemas con los excesos de drogas y alcohol. Bajo efectos era muy violento y hacía cualquier cosa desagradable, pero por otro lado ofrecía shows caóticos y magníficos para lo que es el punk radicalizado. Él fue la voz de esa gente, era el ídolo de ellos. Escribí ese libro porque creí que si no lo hacía, Ricky quedaría en el olvido y sólo sabrían que existió, los que vivieron en esa generación, porque lo suyo era muy underground. Pensaba que el libro sería un fracaso desde lo comercial, pero no desde lo personal, porque estaba seguro de que tenía que hacerlo, pues su vida era llamativa. El libro actualmente ya va por su novena edición autogestionada y es de culto en Argentina. Creo que logré lo que me propuse, que se sepa que el músico existió. Gracias al libro, en mi consideración, la banda tras separarse volvió al ruedo, hicieron un documental e incluso otras experiencias. Pero la punta del ovillo la marcó mi libro.

 Acá en Chile un circulo definido del ambiente under punk conoce tu trabajo por el libro y también algo puntual se sabe sobre que trabajaste dirigiendo o produciendo posteriormente una obra teatral sobre Ricky Espinosa. ¿Nos podrías relatar cómo fue un poco esa experiencia?

 SD: La obra de teatro fue fascinante. Estaba en Mar del Plata y me reencontré con un viejo amigo, Pablo Siroti, en Camet Norte. Caminando por la playa le comenté que quería llevar el libro al teatro, hacer una readaptación, un unipersonal. Una especie de excusa para que los punks entren al teatro. Eso se me metió en la cabeza. Seguimos en conversaciones con Siroti y logramos escribir el texto, él fue el director de la obra. El 30 de mayo de 2012 hicimos el estreno, justo en la fecha que se cumplieron diez años de la muerte de Ricky Espinosa. El actor elegido se llama Cristian Majolo, un chico recién llegado de la ciudad de Tandil. Yo tenía mis dudas, pero Pablo Siroti no. Confié en su criterio. El chico fue brillante en la interpretación. Además buscamos todo a la inversa de lo convencional. Ricky Espinosa era bien moreno y de labios gruesos. El actor era rubiecito y de ojos claros. Estuvimos en cartel durante cuatro meses. Logré mi cometido: entraron punks al teatro, con Ginebras y Vino en cajitas de cartón, crestas y mucho cuero a la sala del Teatro La Ranchería. Fue la segunda vez en la historia del rock argentino que se llevó la vida de un rockero local al teatro. La anterior fue con Luca Prodan. Aunque Luca era italiano y Ricky fue argentino. Por lo tanto, quedamos en la historia.

 Por otro lado, ¿cómo empezaste a gestar un libro de investigación  acerca del mítico recinto que albergó a una gran cantidad de bandas en la década de los ’90, como lo fue “CEMENTO”? ¿Cómo fue poder entrevistar a Omar Chabán, ex propietario de aquel lugar?

 SD: La sala de conciertos “Cemento” fue como mi casa, fue el lugar donde crecí y presencié innumerables bandas que hoy son reconocidas y otras desaparecieron. Te contaba al principio que mi primera vez fue un recital de Divididos. Después vi a muchísimos grupos de toda clase de género musical. Además en la época de Bersuit Vergarabat llegué a cortar entradas en la ventana del lugar. Hubo dos momentos míos en Cemento: una primera parte como chico que pagaba mi entrada para ver recitales y otra en la que empecé a ingresar como periodista y llenarme de anécdotas en los camarines. A Omar Chabán no lo entrevisté para el libro de Cemento, por una cuestión de respeto, porque estaba muy enfermo y no quise que su voz apareciera en ese estado. A él lo reporteé para el libro de Ricky Espinosa, muchos años antes. Chabán fue importante para mí porque una vez me hizo apagar un cigarrillo de marihuana dentro del local y me habló sobre drogas, como si fuera un padre. Él fue uno de los padres de una parte de la historia del rock argentino. Muchos grupos que hoy son populares aprendieron de él a manejarse. Mejor dicho fue él quien les enseñó cómo era el asunto. Incluso el grupo “Callejeros”, que luego cuando se incendió “Cromagnón” hablaron mal de Chabán con el fin de zafar de caer presos. Fue muy triste ese momento porque murieron en ese boliche, que regentaba a la par Chabán, 194 personas tras un incendio con una bengala. Esa banda promovía bengalas entre su público. Eso marcó un antes y después en el rock argentino. En “Yo toqué en Cemento” (La historia por sus protagonistas) me senté a conversar con músicos referentes de las diferentes épocas que duró el boliche. O sea, a través de las conversaciones, mano a mano conmigo, el libro va armando la historia del lugar. Es fantástico porque son los músicos que cuentan sus anécdotas, sus vivencias y parte de la historia como banda desde Cemento. Además en cada capítulo hago un contexto socio político/económico de época: el rock siempre cuenta con secuelas o manifestaciones referentes al estado de situación de un país. Yo toqué en Cemento es un libro de rock pero también de historia.

 ¿Cuál de todos los entrevistados para tu libro “YO TOQUE EN CEMENTO” lo consideras como el más interesante?

 SD: Te mentiría si tengo un preferido, cada reportaje es muy rico, por lo que narra cada artista. Andrés Giménez cantante de A.N.I.M.A.L cuenta que tocaba en Cemento y de día trabajaba en el lavadero de autos. Gustavo Nápoli de La Renga cuenta que salía de Cemento a la mañana y se iba a destapar una cloaca porque trabaja de plomero. El Mosca de 2″ Minutos revela que una vez se quedó dormido tocando arriba de un escenario, súper ebrio, y después que se despertó le tiró una botella al público, los mandó a todos a la mierda y se fue del escenario. La anécdotas son muy ricas desde todo ángulo. Y es trascendental para comprender la idiosincrasia del rock argentino, su parte contracultural que un día se transformó en cultural, chupada, de alguna manera, por el sistema, las multinacionales, etc. Pero algunos de los artistas que hoy son famosos algo conservan de aquellos años. Están los que se acuerdan con cariño y los que dieron vuelta de página. Porque así es el mundo: hay quienes viven la vida como si fuera una cantidad de cuadros, estáticos, y quienes vivimos la vida como una película, que va cambiando de trama, pero para hacer lectura hay un hilo conductor, que no se puede borrar, bajo ningún punto de vista.

 ¿Cómo ves la escena musical desde la autogestión, actualmente en Argentina?

 SD: Hay mucha autogestión en boga, ya que las discográficas por lo general apuestan a música banal o grupos ya posicionados con anterioridad. Por los sótanos de Buenos Aires suceden cosas interesantes. Se ve muchos jóvenes entusiastas que tocan de maravilla. Lo que me preocupa es la falta de importancia que le dan los grupos en Argentina a la realidad lindante. El rock nació como una manifestación contracultural de choque contra el sistema. Y noto que los grupos no se ocupan de leer las situaciones sociales, las injusticias. Se necesita de un rock contestatario en estos tiempos difíciles que nos toca atravesar como Latinoamericanos, especialmente porque los gobiernos de derecha, policíacos atacan siempre la educación y la cultura. Buscan adoctrinamiento en la juventud, limitando manifestaciones culturales que no les sirve a ellos. En Argentina hay bandas que me gustan, de las más nuevas, que son Aliento de Perro, Los Rusos Hijos de Puta, La Parla de Raviolo, Los Antiguos y Acorazado Potemkin.

 ¿Qué textos y discos contemplas como fundamentales dentro de la cultura literaria-musical que has explorado a lo largo de los años?

 SD: El Gato Negro (Edgar Allan Poe), Las Flores del Mal (Charles Baudelaire), The Peyote Dance (Antonin Artaud), Factotum – Mujeres – Música de Cañería – El hijo de satanás y Erecciones Eyeculaciones Exhibiciones  (Charles Bukowski -soy fanático suyo-), El Señor de los venenos (Enrique Symns), Plataforma (Michel Houellebecq), Tokio Blues (Haruki Murakami), Gabriela clavo y canela (Jorge Amado), Crónica de una muerte anunciada (Gabriel García Márquez), Rameras y esposas (Antonio Escohotado), Casa tomada (Julio Cortázar), Miedo y asco en Las Vegas (Hunter S. Thompson), On The Road (Jack Kerouac), etc.

Discos (menciono 10 fundamentales según mi gusto): Artaud (Pescado Rabioso), Sandinista (The Clash), Bang Bang Estás liquidado (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota), Revolver (The Beatles), Survival (Bob Marley)), Nevermind (Nirvana), Cómo conseguir chicas (Charly García), Experience (Jimi Hendrix), Let it Bleed (The Rolling Stones).

 ¿Alguna banda chilena que hayas escuchado y te haya llamado la atención por su discurso lírico-musical?

 SD: La banda que me llamó mucho la atención fue Los Prisioneros y de reggae hay una interesante que se llama Zona Ganjah, con muy buenas letras.

 Para finalizar, ¿en qué proyecto te encuentras trabajando actualmente?

SD: Actualmente dirijo una revista digital de músicas del planeta, se llama www.musicasdelmundo.com.ar

Y estoy escribiendo un próximo libro vinculado al mundo del rock argentino. Espero terminarlo este año, esa es la idea. Ahora estoy en su etapa de producción, luego será el momento de reunir el material y darle forma a la obra.

Si desean conocer más del trabajo hecho por Sebastián Duarte pueden visitar los siguientes enlaces:

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