El POETA OSVALDO ANGEL GODOI CONVERSA CON “REGISTRO POÉTICO”: “ÓSCAR HAHN TIENE POEMAS DE UNA PROFUNDIDAD REALMENTE ABISMANTE”.

Por Rodrigo Cabrillana Godoy.

El Poeta y escritor de Tocopilla, Osvaldo Angel Godoi, nos cuenta en esta conversación con “Registro Poético”, acerca de sus primeros pasos en la literatura, de su relación con el imaginario del Norte Grande, de sus publicaciones más recientes, y profundiza además sobre la obra de Óscar Hahn, con quien compartirá mesa de conversación en el evento de homenaje al Premio Nacional de Literatura 2012, denominado “Sesión Música y Libros: ¿Por Qué Escribe Usted”, a desarrollarse el próximo sábado 25 de noviembre en Centro Cultural Estación Entretecho, ocasión que también marca el inicio de las actividades de la Fundación “Lectura Nómada”.

Por otra parte, Angel Godoi, reseña también en este diálogo, algunos detalles de su próximo trabajo literario a publicar: “La Jaula”. Y se refiere en particular a la influencia que ha tenido para sí y para Tocopilla, la figura de referentes nacionales connotados como Alejandro Jodorowsky, Andrés Pérez, Los Golpes y Alexis Sánchez.

¿Por Qué Escribe Usted? ¿Cuál es el fundamento de tu escritura Osvaldo?

OA: Esa pregunta es complicada. Yo creo que escribo porque es la forma que más me acomoda de conocerme. Empecé desde muy pequeño, tenía como 8-9 años cuando comencé a escribir narraciones. Eran relatos, tomando prestado y basándome mucho en los cuentos de (Hans Christian) Andersen principalmente. Y eso lo escribía porque en esa época no era como ahora que está todo interconectado y hay redes sociales, ya que en esos años, había en Tocopilla, el lugar donde yo vivía, un solo canal de televisión y una radio. Entonces, como yo tengo hermanos menores, en algunos momentos la entretención era contarnos historias. Y yo las prefería escribir. Así que las escribía y se las leía. De ese modo, a esa edad, era una buena forma de entretención entre nosotros. Y sobre todo me iba descubriendo, porque me gustaba mucho leer y también escribir. Por tanto, desde ahí hacia arriba, mis procesos de escritura siempre han sido en torno a una exploración íntima. O sea, mi trabajo literario tiene que ver con mi persona. Trato de indagar en mí, qué hay… Qué hay acerca de lo que puedo ignorar de mí mismo, de lo que vivo, de lo que pienso, de mi relación con los demás, con el mundo. Eso podría decir en algún modo el por qué escribo. Y si no escribo, …realmente no me veo no escribiendo, por ahora.

¿Cuáles fueron tus primeras composiciones? ¿Poesía, narrativa?

OA: Como te decía, yo comencé primero con narrativa. Y mi primer cuento, que recuerdo que escribí, se llamaba “El Árbol de los Útiles Escolares”. Y era para un concurso literario en mi escuela. Así que me motivé y escribí ese cuento. Un cuento fantástico, donde un niño marginal podríamos decir, un niño pobre, quería compartir con sus amigos, con sus compañeros, útiles escolares, porque en esa época no había, y mi realidad era esa. Era muy difícil conseguir un lápiz, una goma de borrar. Y yo escribí ese cuento imaginando a ese niño, que plantaba en el patio de su casa una goma, un lápiz, una regla, los que regaba todos los días, hasta que finalmente creció un árbol de útiles escolares. Los frutos eran esos útiles que el niño tanto añoraba. Y él invitaba a la casa a sus amigos, para regalarle útiles.

¿Ese cuento lo rescataste para alguna antología o publicación alguna?

OA: No, se perdió, quedó en mi memoria solamente. Pero obtuve sí, un primer lugar en la escuela, en el concurso. Por el lado de cuarto a sexto básico que era un grupo, ya que la otra categoría era séptimo y octavo. Yo estaba en quinto año de primaria, y el premio fueron útiles escolares. Pero no aparece publicado. Posteriormente a eso, en mi adolescencia, comencé a escribir poesía. Y esa fue un poco mi relación digamos en los inicios, partí con la narrativa, la que posteriormente abandoné, y me dediqué a ahondar en la poesía.

¿De qué manera influye la tradición literaria y el imaginario de Tocopilla, del Norte Grande, en tu obra?

OA: Para mí fue súper importante, porque lo veo ahora en retrospectiva, y en su momento no me di cuenta. Fue muy importante la influencia de (Alejandro) Jodorowsky, pero principalmente de Andrés Pérez. Porque yo estudiaba en el Liceo B Nº2 Domingo Latrille, donde Andrés también estudió. Y él en la gira que anduvo en el año ’90 por todo Chile, con “La Negra Ester”, fue con la Compañía a presentarla a Tocopilla. Así que fue al Liceo, a su liceo, a invitarnos, yo fui con los compañeros más cercanos del curso a verla, y esa obra a mí me marcó muchísimo. Después fuimos a su hotel con mis amigos a ver si lo veíamos, allí estaba, habló un poquito con nosotros, era un tipo luminoso, sencillo. Ahora, ha pasado el tiempo y me doy cuenta de eso, de que en ese momento me maravilló, me sorprendió. Porque si tú te imaginas, Tocopilla es un puerto muy alejado de los centros culturales de las grandes ciudades. Y para nosotros fue un acontecimiento. Además, eso junto a lo del paisaje, porque Tocopilla está enclavado entre cerros y mar, son verdaderas montañas que hay hacia el oriente, y hacia el poniente está el océano. Por lo tanto, es un lugar bien apartado. Antofagasta está a dos horas y media de distancia, e Iquique a 3 horas, así que es un lugar en el que uno puede crecer y forjarse una idea muy distinta de lo que es el mundo. Entonces, yo le agradezco mucho a ese entorno, la visión de lo que yo hago, de mi escritura,  así como también a tipos tan grandes como Andrés (Pérez) y (Alejandro) Jodorowsky en una etapa gigante de su literatura. Ya que ellos dos no sé si me influenciaron, pero sí me dieron esa visión optimista de que sí se puede, independiente de donde uno esté, porque uno tiene que confiar en lo que hace, en lo que le gusta.

¿Cuál es tu opinión acerca del trabajo de Alejandro Jodorowsky?

OA: Él como tocopillano logra hacernos vislumbrar ciertas imágenes cargadas de símbolos, ciertas cosas en su obra, por ejemplo en “El Topo” el desierto. Paisaje que es muy cercano a nosotros, porque Tocopilla está en el desierto más árido del mundo, prácticamente. También tiene un libro que se llama “El loro de siete lenguas”, y ahí habla a modo muy de Jodorowsky acerca de Tocopilla. Entonces, con su partida de la ciudad y su residencia en Santiago, en México y Francia, quizás se pierde un poco el rastro de Tocopilla en Jodorowsky, pero yo no sé hasta qué punto, porque en definitiva el lugar, el entorno donde uno crece, a uno lo marca profundamente a niveles que yo no sabría precisar. Pero en sí, uno en los mismos coterráneos logra descubrir algunas imágenes, cierta visión que uno en su infancia, en su adolescencia, pudo ver en esa ciudad y en ninguna más. Y a mí me queda eso, las imágenes imposibles que en Tocopilla se hacen posibles.

¿Tuviste un rol destacado en la fundación de la Sociedad de Escritores de Atacama?

OA: Yo soy miembro de la Sociedad de Escritores de Chile, y en algún momento dado, el año 2005, con apoyo de la SECH en Santiago, fundamos la filial Rosario Orrego de Copiapó, de la cual yo fui el primer Presidente y posteriormente por razones personales me mudé de la ciudad y me vine a la V región. Pero el trabajo que hicimos, fue con la intención de agrupar a más escritores de esa zona con el apoyo de la SECH. En Atacama hay escritores muy buenos, tengo varios amigos con quienes realizamos actividades y encuentros, una bonita época para mí.

Varios años antes, en Antofagasta, donde yo estudiaba en la Universidad, con apoyo del Poeta Ricardo Tapia Taborga fundamos un Taller de Poesía, que bautizamos “Rodrigo Lira”. Eso fue en 1996, en la Universidad de Antofagasta, Taller que reunió en su mejor momento a 10 poetas que pertenecíamos a distintas carreras, nos apoyaba el Círculo de Arte Manuel Durán Díaz, donde el Poeta Eduardo Díaz Espinoza era el líder de esa agrupación. En tanto, otro Poeta, Miguel Morales Fuentes, también nos apoyó en el año ’96-‘97, ya que nos hacía talleres de escritura creativa y lectura crítica. Yo me acerqué al círculo de artes a raíz de una publicación que tuvieron ellos que se llama “Aquelarre Palquelagarre”, un libro que tiene esa fuerza de juventud que es lo que uno andaba buscando. Entonces, cuando se publica ese libro, nosotros con Ricardo, que es mi gran amigo y compadre, lo leímos y decidimos involucrarnos en eso y ser partícipes de ese movimiento poético juvenil. De hecho, en ese taller que empezó un par de años antes, participó el narrador Patricio Jara, pero cuando nosotros llegamos, no se asomaba mucho o iba esporádicamente, y ya había publicado su primer libro de cuentos “Última Ronda”. Entonces, para nosotros era importante participar de ese círculo, estaba dando buenos frutos y nos gustaba, sobre todo la forma que tenían de enseñarnos y adentrarnos en la poesía.

Existen referencias tuyas también en la música. De hecho, el cantautor calerano Kenlly Rover ha compuesto una canción para su proyecto (Kenlly Rover & Los CTC) y que fue incluida en el disco “La Casa de las Navajas”, haciendo referencia a un poemario tuyo: “Pequeño Merlín”.

OA: “Pequeño Merlín” es un poemario que publiqué en Copiapó el año 2003. es el resultado de un estudio que hice durante un par de años en relación a la poesía japonesa. El haikú. Estuve mucho tiempo metido en eso, investigando. Ya que me fascinó, me encantó esa poesía. Y poco a poco fui escribiendo poemas relacionados, tratando de buscar ese tono, digamos. Esa forma de minimalismo. Y el resultado es “Pequeño Merlín”, una poesía distinta a lo que habitualmente hacía, que no sé si corresponde a lo que es el haikú. Pero, mi intención no fue replicar lo que hacían los autores japoneses, sino tomar esos elementos y transformarlos a mi realidad, y el resultado fue ese. El “Blues del Pequeño Merlín” que escribió Kenlly Rover, lo hizo a raíz de la lectura de mi libro. Luego lo transformó en una canción. “La casa de las navajas” es un disco muy bueno, un trabajo hecho con mucho esfuerzo y talento. Kenlly incluye un par de poemas míos, los hizo canción, “No digas” y “El año Feroz”, el trabajo que hizo es maravilloso.

Ahora bien, el nombre del poemario, es porque en un poema hay un verso donde se habla del “Pequeño Merlín”, que es un guiño, una pequeña referencia, a lo que significa la figura de Merlín en la magia, que para mí está en lo cotidiano. Y lo de “Pequeño” fue pensando un poco en mi hijo, que en ese entonces estaba por nacer. Por tanto, tiene un poco relación con eso.

¿”48 Cuecas y Otros Cantos”?

OA: Ese libro apareció varios años después que “Pequeño Merlín”, en 2011 por Editorial América del Sur. Y fue el resultado de mi búsqueda relacionada con el tema de la cueca principalmente, y de la música popular chilena, el folclore en general. Quise plasmarlo en un libro, y el resultado es “48 Cuecas y Otros Cantos”. Lo que me deja muy conforme, ya que poetas de mi generación o incluso anteriores, sin contar a (Nicanor) Parra por supuesto que lo hizo muchísimo antes, se han dedicado a escribir también cuecas. Entonces, yo vi en toda esa poesía,  una parte solamente de lo que es la cueca. La parte más elevada, pensando únicamente en la forma. Y yo quise agregar lo popular también, es decir, los tópicos populares, temáticas, e incluso ojalá que fuesen chistosas. Es así que dividí los textos en varias partes. Una está dedicada a las “Cuecas a lo humano”, donde se hablan temas cotidianos. Por ejemplo hay una que se llama “Cueca del Dicom” o “Cueca del Manso Asao”. Cosas “terrenales”, que quise plasmar ahí. Y en otro sector puse “Cuecas a lo divino”, donde el tono cambia un poco y se habla de cosas más serias. Pero en general, yo me divertí mucho, y me fue muy gratificante escribir ese libro.

¿Cómo analizas el proceso del lenguaje escrito, en este caso de un poema tuyo o de algún otro autor, que puede ser musicalizado y llevado también al formato de la canción?

OA: Esa diferencia resulta dramática para mí. Porque uno ve el texto, lo escribe y lo lee. En ese proceso de lectura, uno solamente toma la musicalidad de las palabras. Es decir, el ritmo, el tono mismo del texto. Sin embargo, al oírlo musicalizado, principalmente la melodía es distinta, y siempre diferente a lo que uno imaginó. Entonces, para mí la creación de un poema, en este caso una cueca, siempre va a diferir mucho de lo que es la canción propiamente tal, la cueca instrumentalizada. Pero en este caso, siempre gana el texto llevado a la canción, al oírlo, al escucharlo musicalizado, ya que es una creación distinta podríamos decir.

¿”Silencios no callados” es tu primera publicación?

OA: Sí, y siempre me arrepiento de haberlo publicado. Porque en realidad no fue un libro pensado y preparado para ser publicado como tal. Yo estaba preparando otro libro, y en esa época además estaba un poco complicado, no sabía para dónde iba mi vida. Y llegado un momento, este poemario que yo estaba desarrollando, tenía alrededor de 110 páginas en total, eran bastantes poemas, y lo destruí, lo quemé. Pero sobrevivieron algunos, meses después me quise arrepentir, pero no tanto, y encontré dentro de los que me quedaban, de los que no se quemaron, una selección de poemas dispersos. Entonces, retomé la idea original del poemario que yo estaba escribiendo, que se dividía en 5 partes, en cada una de las cuales Intercalé distintas formas de poemas, y tomé los textos, armé y publiqué “Silencios no callados”, para exorcizar de alguna forma, esa destrucción que había hecho con anterioridad. Por eso tal vez, me arrepiento de haberlo publicado.

¿El hecho de quemar los poemas se podría considerar un “acto digno de Kafka” o tal vez un acto poético como el que realiza Óscar Hahn en su adolescencia, cuando lanza sus primeros poemas a un río?

OA: Creo que la mayoría de los poetas destruimos en algún momento dado, nuestra creación. No sé por qué ni a qué vendrá eso. Pero en mi caso  obedeció a un momento puntual, y no lo he vuelto a hacer. Ahora bien, esa vez, quizás si lo hubiese pensado un poco mejor, no lo hubiese hecho. Sin embargo, quizás fue el mejor acto poético… quizás fue el mejor “poema” haber quemado el poemario. Y de ahí surgió posterior a eso, “Silencios No callados”, donde hay algunos poemas que a mí me gustan, y otros que no debí haberlos publicado.

¿El Jote?

OA: Con “El Jote” (“31 J073”), con ese libro, volvemos a Tocopilla. Porque en Tocopilla abundan los jotes. Las aves, a eso me refiero. Porque desde niños nos acostumbramos a ver los jotes, a convivir con los jotes. Tenerlos girando sobre nuestras cabezas en el cielo, a verlos en la orilla de la playa esperando que el mar arroje un lobo marino muerto, y en los cerros también, donde tienen sus nidos. Uno siempre veía estas aves, muchas veces las perseguíamos, otras veces tratábamos de acercarnos lo más posible a ellas para verlas, para observar cómo devoraban el resto de animales muertos. Era bien tétrico, pero así era nuestra infancia. Luego de eso, los olvidé por bastante tiempo, y los vine a encontrar aquí en la V región, en Quintero. Y me llamó la atención (trabajaba en Quintero en esos años, 2007), porque los jotes no eran como los de Tocopilla. Eran completamente negros, incluyendo su cabeza. Y en Tocopilla, en el norte no son así, son de color negro, pero tienen manchas blancas en sus alas, en sus plumas. Además, tienen el cuello y parte de la cabeza de color rojo. Resultaba llamativo. Y así fue como un día, estando en mi trabajo, miro hacia el cielo y veo una bandada de jotes girando en círculos. Entonces, me vino de golpe, toda esa cantidad de versos que aparecen en el libro. Y los escribí en muy pocos días.

Más tarde vino la relación con “El Cuervo” de Edgar Allan Poe, porque primero vino mi relación con el jote, con el ave. Y obviamente como el proceso creativo es espontáneo, y uno después va aquilatando un poco las palabras, durante este periodo de escritura surgió entonces el vínculo tanto con el concepto que se utiliza aquí en Chile de “El Jote” y que es muy diverso además, y a su vez con el texto respectivo de Poe. “El Cuervo” es mucho más solemne, incluso es mucho más profundo su “canto”. Y bajo esa perspectiva, mi libro “El Jote”, tenía que ser necesariamente un “flaite”. Por lo tanto, no lo dudé, y en la última parte del poemario aparece hablando en primera persona esta ave, y bueno, me divertí mucho escribiéndolo. Asimismo fue una forma, un modo de regresar a la visión de las imágenes de Tocopilla. Y me ha dado satisfacciones ese libro, porque ha sido uno de los textos que más me ha gustado escribir, la verdad, hasta ahora.

En 2016 se entregó el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, según la Academia Sueca, por “haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”. ¿Cómo ves el cruce estético entre la música y la literatura?

OA: Yo creo que la relación es muy estrecha entre la poesía y la música. Porque principalmente han existido agrupaciones de Rock que han cantado a la literatura, a la poesía. Y no sólo de Edgar Allan Poe (The Alan Parsons Project- Tales of Mystery and Imagination), sino de muchísimos de nosotros, incluyendo narradores, como es el caso de Sábato, canción compuesta por Los Fabulosos Cadillacs. Bueno, los ejemplos son innumerables. Entonces, está ese vínculo entre la literatura y la música que viene de tiempos inmemoriales. Ya que los Aedos, por ejemplo, declamaban su poesía y también la cantaban. De hecho, volviendo a los japoneses, los haikú también son cantados, ya que nacieron a raíz de las prácticas budistas, Matsuo Basho, monje zen, inventó este género. Entonces, la poesía tiene su origen en la palabra hablada, cantada. Y a mí me sorprendió muchísimo que el Nobel se lo otorgaran a (Bob) Dylan, pero tampoco era algo imposible. Sin embargo, de algún modo se paga esa deuda con la poesía popular (tan necesaria) ya que el premio a Dylan, también es un premio a la poesía popular, que está no solamente en los libros, sino que también en la música, sobre todo en las radios y ahora en Youtube.

Y a mí en lo personal, la música me salvó, en momentos muy complicados de mi vida, así como la poesía de Rodrigo Lira y la poesía de Enrique Lihn, tipos más pesimistas que uno y que por eso dan ánimo. Pero en especial la música de Nirvana, la música de Sui Generis, las composiciones de Silvio Rodríguez y lo que es el Grunge en general, es decir, el Rock y la trova me salvaron en esos tiempos difíciles, en los que me sujeté, me afirmé en la música para no caer de la vida. Entonces, para mi persona es un nudo ciego, poesía y música. Y no hago música, pero sí me encanta y forma parte de mi mundo. En Tocopilla, de hecho, aprendí a amar las canciones sencillas en los temas de “Los Golpes”.

¿Qué piensas acerca de la obra literaria de Óscar Hahn?

OA: Óscar Hahn para mí es un tremendo poeta. De hecho, conservo conmigo un libro que quiero mucho y que siempre releo, “Agua Final”. Un texto maravilloso. Su poesía me gusta porque es variada, podríamos decir, en el sentido de que, por ejemplo, un poeta como Humberto Díaz Casanueva o Jorge Teillier, tienen en general un tono y una forma definidos, sin grandes variaciones. Sin embargo, Óscar Hahn se aventura a indagar en la forma. Entonces, tú ves un soneto clásico, o es un poema en verso libre con precisión de siglo de oro, o es un poema con giros coloquiales o escritos en inglés directamente. Por lo tanto, siempre logra sorprender, y en ese sentido, yo lo encuentro un innovador, además de experto. Porque Hahn, como te mencionaba, no se detiene en sólo una forma de abordar la poesía, sino que se atreve a jugar, a explorar, a exigirle al verso. Y eso es lo que me gusta, aparte de la profundidad que logra. Tiene poemas de una profundidad realmente abismante, con palabras sencillas, sin alardes. Su poesía es muy original, a mí me encanta. Además, es el primer Premio Nacional de Literatura que se entrega al Norte Grande. Entonces, yo como nortino, de allá, del Norte Grande, me siento orgulloso.

El hecho de que Óscar Hahn sea originario de Iquique, y tú de Tocopilla, ese día del evento (Sesión Música y Libros: “¿Por Qué Escribe Usted?”) van a estar sentados en la misma mesa de conversación. ¿Sincronía literaria tal vez?

OA: La verdad, yo creo en las sincronías. Porque el hecho de llegar a participar en un homenaje a él, y que además provenga de Iquique y yo de Tocopilla, pueden ser sólo coincidencias. Pero yo quisiera creer en la sincronía, porque todo, en el fondo, está vinculado, la naturaleza nos interconecta. de algún modo, hay afinidades, o deben existir afinidades. Las que uno no logra divisar y que en algún momento dado las va a descubrir. Me siento súper vinculado a lo que es el Norte, y aunque hace muchos años que no voy, siempre lo tengo presente aquí. Es un honor para mí poder coincidir en esta vida con el poeta Oscar Hahn, de veras.

Ahora, Óscar Hahn es un poeta que ha desarrollado su vida personal, artística y profesional en distintos escenarios del mundo. Fue Profesor en el Norte Grande, luego continuó con sus incursiones poéticas y académicas en Iowa (Estados Unidos), para con posterioridad regresar los últimos años a Chile y establecerse en Santiago, la que a momentos le ha parecido una ciudad desconocida, según lo expresado en alguna entrevista (Una Belleza Nueva). Sin embargo, ¿Hahn está siempre vinculado al imaginario del Norte Grande?

OA: Yo creo que sí, aunque muchas personas o quizás algunos erróneamente quieran ver poemas escritos al desierto y al Norte para aseverarlo. Y eso no es necesario. Hahn nació en Iquique, trabajó en Arica, obtuvo un primer lugar de poesía en Antofagasta. Es decir, en su historia hay mucho norte, y cuando tienes una historia, un vínculo con determinados lugares, se nota en el tono con que uno aborda la poesía. Hahn tiene esa reflexión sosegada y a la vez lúdica del nortino en su poesía, esa musicalidad seca, esa ironía como piedra filuda.

Para mí en lo personal, la situación es parecida, porque yo viví hasta los 17 años en Tocopilla, y marcó mi vida. O sea, mis primeras experiencias como humano, parten allá. Es de algún modo el hilo conductor que a uno lo asalta, o lo absorbe al momento de abordar una hoja. Está el tono, creo yo, esa es mi visión personal. Está el tono con el que uno aborda la hoja, la página en blanco, están las vivencias, está la historia de donde uno es, o donde uno vivió, o donde uno se sintió parte de ese entonces, y la escritura se nutre de ello y lo transforma. Porque al igual como dices tú, hay gente que se siente ajena a Santiago estando allí, y yo tengo muchos amigos en Santiago, he tenido muchas experiencias en Santiago, pero también me es ajeno, no como ciudades que me son más familiares como Tocopilla, Antofagasta, Copiapó, que fueron mi hogar.

¿Qué opinas acerca del trabajo de antología que ha realizado Óscar Hahn sobre la literatura fantástica?

OA: Es un libro sorprendente, me encanta la selección que realiza y sobre todo el prólogo. Obviamente estamos hablando de Óscar Hahn, un académico extraordinario. Así que ese libro me gusta muchísimo (Antología del Cuento Fantástico Hispanoamericano del Siglo XX). Porque este texto incluye a Juan Emar que a mí me encanta; a César Vallejo que se le conoce como poeta, pero que también escribió narrativa; a Felisberto Hernández; a Jodorowsky. Entonces, Hahn se atreve con autores que a veces no son incluidos, y que sí merecen estar en una antología de categoría. Así que me parece un libro muy necesario.

¿Qué nos podrías contar acerca de tu último trabajo?

OA: Tengo un texto que está por salir y que además es uno de mis primeros trabajos. Espero que ahora en diciembre se lance esta esperada novela. Se va a llamar “La Jaula”, editada por Étnika. Estoy muy contento, porque de poesía tengo varias publicaciones, pero de narrativa no. Así que este es mi primer libro de este tipo, lo empecé a escribir hace muchos años, en 1997, en Antofagasta, a raíz de la muerte de José Donoso. Porque José Donoso es uno de los escritores chilenos que más me fascina, es uno de mis favoritos. Y cuando él fallece, el 7 de diciembre de 1996, me sentí muy mal, de verdad. Como si hubiese sido un familiar mío, cercano. Yo era muy joven, y me afectó de algún modo su deceso. No sé por qué motivo ni razón, pero uno se encariña con los autores que lee y le agradan. Entonces, un tiempo después del deceso de Donoso, comencé este relato, relacionado con mi visión sobre un libro de él, “El Obsceno Pájaro de la Noche”, y desde ahí, continué hasta ahora. Y Mi editor se atrevió, y lo va a publicar. Pero fueron 20 años escribiendo… y es lo que pude hacer. Porque no es que lo haya trabajado todos los días, o constantemente, sino que, fui avanzando de a poco, y en un momento no hallaba como continuar, no encontraba la forma adecuada de decir lo que quería decir…Lo dejaba un tiempo, un par de meses y luego lo retomaba. Y así fue durante tantos años. Así que en ese sentido, mi esposa que también es escritora, me ayudó mucho. Ya que lo tomó, lo leyó y me dio su opinión de cómo podía abordarlo para terminarlo, para dejarlo. Su opinión para mí fue clave. Porque yo lo pensaba como una antología de relatos interconectados, pero a la larga, ella me dijo que no, que era una novela. Y le hice caso, lo trabajé en ese sentido. Lo vamos a lanzar en la ciudad de La Calera, a fines de este año, y con posterioridad en Santiago, probablemente en la SECH.

Y bueno, por otro lado, en algún momento también quise quemar ese libro, estuve a punto. Como (Ernesto) Sabato, otro de mis favoritos, que también solía quemar sus creaciones, él decía que era pirómano, o más precisamente dijo una vez que debería haber sido bombero. Pero finalmente no lo quemé, y ahora va a ser publicado. Espero que su publicación no pase desapercibida, en el sentido de que pueda ser leída por las personas que les encanta leer ficciones y les interese el tema de las obsesiones literarias. Porque los libros son así, “llegan” a las personas, los buscan. Y a uno mismo le pasa, los libros llegan cuando tienen que llegar y a quienes tienen que llegar, y eso me gustaría que ocurriera con mi novela. Además que me gustó mucho escribirla y de alguna manera le tengo cariño.

Ahora, el libro se trata de un joven que se obsesiona con un libro de José Donoso. Y anda tras sus procesos creativos, sus experiencias con la lectura, y en su búsqueda de voz como escritor…

¿Qué esperas del evento “¿Por Qué Escribe Usted?” en el que participarás con Óscar Hahn el próximo 25 de noviembre?

OA: Espero lo mejor, porque es un homenaje a un gran poeta, Óscar Hahn. Que yo en lo personal lo admiro mucho. Además, estimo que va a ser una bonita actividad, donde vamos a salir todos, sino conociendo más su obra, sí conociendo más a la persona del poeta, que es lo que a mí me gustaría. Porque su obra está en muchas partes, como en las bibliotecas, y uno puede acceder por internet también a ella. Pero lo que espero en particular, es conocer un poco más la persona del poeta, al hombre cotidiano que ha sido capaz de escribir esos poemas magistrales. Eso anhelo, espero y sé que lo vamos a lograr.

Hahn hace bastante énfasis a la estética de la muerte en sus poemas, como de la misma manera se resalta la muerte en el discurso de la música Grunge. ¿Ves una sincronía en ambos legados y estéticas discursivas, teniendo en cuenta que Hahn también compone un poema dedicado a la persona de Kurt Cobain, titulado “Nirvana”?

OA: Yo pertenezco a lo que los gringos llamaban en los 90, “La Generación X”. Aquí en Chile no sé cómo nos llamaríamos. Pero yo creo que nos deberíamos llamar “La Generación Suicida”. Y la relación con la muerte, en lo que es el Punk Rock de esa época en Seattle, en el “Grunge”, es evidente. Tanto la muerte real, como la muerte en el tópico de las canciones. Y a mí me toca mucho, aunque de niño no tuve “muertos”, digamos, en el sentido de familiares cercanos. Pero a principios de los ’90, más menos cuando comenzó todo esto, tuve que vivir aquello, a partir de la muerte de un tío, y de varios amigos también, compañeros cercanos de la Universidad que fallecieron trágicamente. Entonces, la relación con la muerte en torno a mí, se gestó en esa época, de forma bien estrecha y bien dolorosa. Amén de lo que uno vivió también en los ’80, en la dictadura, que sabemos fue terrible. Y a mí en lo personal, en la dictadura, no tuve pérdidas familiares, como he dicho, pero sí aconteció con amigos de la población, o se vivieron situaciones que uno piensa que solamente acontecen en las grandes ciudades. El drama fue total, porque en un puerto tan pequeño como el nuestro (Tocopilla), también ocurrieron calamidades de grueso calibre. Entonces, siempre tuvimos una relación con la muerte, muy cercana, dolorosa. Como sintiendo lo que dice el poeta Hahn: “La muerte está sentada a los pies de mi cama”. Y eso estimo, nos dio un tono distinto, y por eso nosotros aquí en Chile, nos identificamos tanto con esa música, el Grunge. Esto, porque el tono era muy similar al nuestro, había dolor y rabia acumulada y también nos sentíamos perdedores, como dice la canción (Loser) de Beck, “I’m a loser baby/ so why don’t you kill me”. Pero nos sentíamos perdedores, NO derrotados. Cobain no resistió el horror de la fama, lamentablemente, y Hahn en “Nirvana” nos otorga una visión certera del suceso. Eso me gusta de Hahn, es tremendamente actual, y a la vez un clásico como lo son los poetas del siglo de oro.

¿Alexis Sánchez?

OA: “El cabro chico” de Tocopilla. Para mí, Alexis Sánchez, es un ídolo. Porque es un muchacho, de mi querido puerto, que a base de su propio esfuerzo y talento, llegó donde ha llegado, y son pocos los que lo logran. Y mucha gente, a través de las redes sociales sobre todo, lo subestima. Porque se ríen del tipo cuando habla en inglés, y yo no entiendo eso. Es decir, ser futbolista no es sinónimo de ser tonto. Porque para ser un futbolista de elite como Alexis, hay que ser inteligente, tener un tipo de inteligencia que muy pocos ostentan. Y en lo que él realiza, es de excepción, lo hace muy bien. Independiente de las opiniones futbolísticas que se puedan tener. Es un ídolo nuestro, para todos los tocopillanos. Yo lo coloco de algún modo en relación con los otros genios, Andrés Pérez y Alejandro Jodorowsky, que en su rubro son muy talentosos y originales. Entonces, eso a mí me conmueve. Y Andrés Pérez sin ser tocopillano de nacimiento (al igual que yo), hizo mucho de su trabajo de formación allá. Su primer contacto con el teatro fue en Tocopilla.

Ahora, también quisiera decir que los escritores, en mi caso por lo menos, no somos ajenos al fútbol. No somos ajenos a la vida, no somos ajenos a lo que está pasando. Muchos se sorprendían, otros se horrorizaban, de que Bolaño bailara el aserejé con su hija. Bueno, salvando las distancias, yo también he bailado el “Gangnam Style” con mi hija. Entonces no hay contradicción en eso, somos humanos. Aunque debe haber gente en “modo intelectual 24/7”, usando palabras de redes sociales. Y quienes critiquen aquello, o le estén dando la espalda a eso, también le están dando la espalda a una parte importante del mundo. Pero insisto, que la relación con el fútbol en Tocopilla es inmensa, y de hecho es tan importante como el beisbol. Porque Tocopilla es la madre del beisbol en Chile, y allá se juega muchísimo, tanto como el fútbol. Nosotros íbamos a mirar a los futboleros talentosos al “mundialito” en verano. Incluso, cuando niños, todos queríamos jugar en Arauco, un club de fútbol de Tocopilla, pero no todos podían. Yo al menos nunca pude jugar por ese equipo, no era tan bueno. Pero, obviamente Alexis sí jugó por Arauco. El fútbol fue muy importante para nosotros, para nuestra infancia siempre al margen. Aún es tan maravilloso para mí, como leer un poema. Ver una jugada hermosa, ver un gol de tiro libre, o una atajada, es una belleza también. Tiene una hermosura distinta, tiene inteligencia, rapidez mental, y eso me gusta mucho del fútbol. Y no le doy la espalda a eso, no le creo a Borges en cuanto a Fútbol, sí a Sabato. Asumo que también tengo mucho del gusto por el deporte al haber sido un “punga”, porque también fui un cabro chico en Tocopilla.

Y para cerrar te quiero narrar una anécdota: una tía mía es profesora, y ella hacía clases en la escuela E-10 de Tocopilla, “Bernardo O’Higgins”. Y en esa escuela, era profesora jefe del curso donde estudiaba Alexis. Ella atesora muy personalmente una carta que le escribió Alexis cuando se portó mal, y mi tía lo castigó. En esa carta, Alexis le pidió perdón, por lo que ella conserva ese texto de forma muy querida. Entonces, a ese nivel de influencia social y popular que tiene la figura del futbolista incluso a una profesora, logra conmovernos con su forma de ser. Porque es muy importante también para un niño, la figura de un profesor. Y que ella haya recibido eso, esa disculpa escrita por parte de él, dice mucho del jugador. Así que a Alexis, el tiempo que le quede de futbolista, lo vamos a admirar y a seguir su carrera lo más que podamos. E insisto, la gente subestima a los futbolistas, sobre todo a los de elite. Pero no saben que para estar ahí, también tienen que ser inteligentes, tener capacidades especiales, y eso hay que valorarlo, por algo están donde están, hay un esfuerzo descomunal desplegado durante años por ellos y sus familias.

Los futbolistas y los poetas tienen cosas en común, son mejores en su pega que hablando, deben usar todo su cuerpo y espíritu para lograr una buena jugada, un buen verso, y mientras más talentosos sean, más patadas recibirán.

 

 

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