“La Jaula”, Osvaldo Angel Godoi (Editorial Etnika, 2018).

Por Rodrigo Cabrillana Godoy.

Es viernes 20 de julio, y los asistentes presentes en el hall de la Sociedad de Escritores de Chile se encuentran expectantes ante la presentación de “La Jaula”, la nueva novela publicada por el escritor tocopillano residente en La Calera, Osvaldo Angel Godoi.  Charlan y miran de forma peculiar la hora, hasta que el literato protagonista de la noche se arrima a la mesa principal con sus tres presentadores y da comienzo al acto de lanzamiento. Edmundo Moure es el encargado de abrir el evento y la discusión, quien se presenta desafiante en el discurso, ante su advertencia de sospechar de todo escritor nacido después de 1950, alertado por un prejuicio Borgeano en relación a una supuesta ley de maduración literaria. Sin embargo, el libro de Angel Godoi le parece una excepción a la regla. De hecho, lo elogia y lo eleva por sobre otros textos que pueden apelar a la metaliteratura. Un ejercicio que si bien está presente en la obra, es más bien la referencia a la figura de José Donoso y las obsesiones de su personaje principal, Gregorio, lo que da fuerza al relato y lo transforma de por sí en una narración de tintes laberínticos. Esto, porque más bien se trata de una producción que Angel Godoi  la reescribió durante muchos años, que tiene su génesis en torno al fallecimiento del autor de “El Lugar sin Límites”, y que recaba una mirada retórica, poética y novelesca que evoca constantemente a “El Obsceno Pájaro de la Noche”, una de las obras culmen de Donoso, pero contextualizado en las ideas, deseos y preocupaciones constantes que emanan de la mente del protagonista y sus proyecciones en los personajes imaginarios que va dando lugar en sus distintos escritos. Textos que también se presentan como parte de los capítulos de la novela, otorgándole a ésta una polifonía de voces narrativas, entre las que se confunden y destacan las de Gregorio, su amigo de la literatura, Emiliano, y por supuesto Boy, una de las figuras que se extiende desde el relato de Donoso a “La Jaula”.

El escritor Jorge Calvo presentando la novela “La Jaula” en SECH.

En ese sentido, el empleo de la intertextualidad es recurrente en la obra, donde no solamente tienen cabida los personajes ilustres de “El Obsceno Pájaro de la Noche”, sino que existen alusiones y pequeños homenajes también a “Cipango” de Thomas Harris, a Enrique Lihn , a Jorge Luis Borges, a Julio Cortázar y a Jorge Teillier, así como menciones a escritores preponderantes y otros noveles de las letras nortinas, como acontece con Rosario Orrego, oriunda de Copiapó, y una de las primeras mujeres novelistas, periodista a la vez y académica de nuestro país. Como asimismo resulta imprescindible destacar las citas al “Círculo de Artes Manuel Durán Díaz” de la ciudad de Antofagasta, espacio predominante a la hora de congregar a los diversos escritores de la ciudad. Lugar al que también asisten Gregorio y por supuesto, Emiliano.

Ahora bien, enfatizando la obra misma, Gregorio Guerra es un tipo que vivencia la literatura desde la periferia, ya que tiende a escribir y trazar en sus personajes, aspectos que no puede liberar de sí mismo. Es decir, no asume su rol de escritor para ser leído por otros, sino más bien se refugia en sus protagonistas, donde descarga abruptamente sus impresiones y turbaciones internas que lo asedian constantemente. Asimismo, Emiliano hace su aparición como el personaje imprescindible que da cuenta directamente de la historia de Gregorio, el compañero inevitable con el que da rienda a sus tertulias literarias, con el que comparte sus experiencias, sueños y temores más recónditos, y también con el que se involucra más directamente en su actuar. Sin embargo, aun así, la acción de Gregorio en la historia es confusa, misteriosa e insólita, ya que como lector me surge la pregunta constante de hacia dónde quiere llevar su literatura enmarañada.

El comunicador Alfredo Lewin con su ejemplar de “La Jaula”.

Por consiguiente, sin perder lo alusivo a la obra de José Donoso como centro de la novela y su vínculo con la mirada estética de su personaje protagonista, la narración transcurre por diversos pasajes, algunos más sombríos que otros, pero dentro de los cuales logra aprisionar al lector y a la vez encandilarlo profundamente con su lectura, ya que existe una alta probabilidad de llegar al final del libro con una incertidumbre total de los sucesos que pueden acaecer. De forma análoga, al tratarse de una novela algo experimental, con sus matices literarios no establecidos en la linealidad de los hechos, resulta ser la sucesión de nombres, historias, emplazamientos de sus personajes, circunstancias y obstinaciones de Gregorio, lo que hace de la obra un texto extraordinario en relación a otros de su género. Esto, porque cuenta con propiedades particulares dentro de su relato, como por ejemplo el desenvolverse bajo un imaginario que apunta incesantemente a sitios emblemáticos del Norte de Chile, donde las calles de Antofagasta, Tocopilla y Copiapó se entrecruzan y son cómplices de cada una de las embestidas y acometidas literarias que realiza Gregorio para alcanzar una fantaseada gloria literaria. Así como la mención de otros sitios y eventos que rememoran también la acción imaginada de los personajes simbólicos que son parte de “El Obsceno Pájaro de la Noche”, donde Boy narra cómo por ejemplo llegó a vivir a la selva de Sumatra, o cómo en su infancia, el niño mestizo llegó a enterarse de la existencia de Nelson de la Rosa, el fallecido enano, reconocido por aparecer en uno de los videos musicales (Coolo) de Illia Kuryaki & The Valderramas  que presentara a diario Alfredo Lewin en la cadena MTV. Todos episodios que de alguna manera dan cuenta de la eminente hibridez que presenta el texto, así como de la capacidad apreciable del autor, Osvaldo Angel Godoi,  de otorgar nuevas voces en lugares diversos, a estas características representaciones que son parte del imaginario de Donoso.

El autor, Osvaldo Angel Godoi, nos lee un emotivo fragmento de “La Jaula”, en su presentación en SECH.

No obstante, regresando a la presentación del texto en la SECH, y una vez terminada la exposición del escritor Edmundo Moure, es el momento del autor Jorge Calvo de intervenir y contextualizar “La Jaula”, dentro de esta gama de nueva narrativa que se ha estado publicando el último tiempo, por un sinnúmero de editoriales independientes. En este caso, su discurso destaca su parentesco literario con la obra de Roberto Bolaño y el cómo Gregorio Guerra, personaje primordial del relato, acuña en sí la imagen que recuerda al bicharraco que es parte de La Metamorfosis de Kafka. Es decir, un mundo narrativo que tiende a confundir constantemente la realidad con la ficción.

Por último, el editor Gonzalo Contreras (Editorial Etnika) es quien cierra la ronda de presentaciones, en una noche que culmina con una emotiva lectura del autor Angel Godoi, y una concurrida tertulia tras el lanzamiento público de “La Jaula”. Velada de la que participan activamente también las escritoras Catalina Zamora y Paloma Kirchmann, así como el poeta Víctor Hugo Díaz, quien nos deleita al grupo presente con algunas anécdotas que recuerdan su afectiva relación con el destacado escritor, Enrique Lihn.

Pero en resumen, “La Jaula” nos congrega y nos desafía a adentrarnos en una lectura provocadora, atractiva y que rompe con los parámetros canónicos de la novela establecida. Un libro que cuenta con tres partes: El Nido (que relata los inicios literarios de Gregorio), El Tordo (que contiene la obra escrita de Guerra) y El Huevo (que nos narra la visión general sobre el personaje principal, desde la mirada de Emiliano). Que, empero, si no fuera por el deseo íntimo y la perseverancia en el tiempo de su autor, Osvaldo Angel, de tributar a José Donoso con este texto, me causa curiosidad el saber si finalmente hubiéramos podido algún día, haber accedido a un material de gran calidad literaria como resulta ser “La Jaula”. Una obra muy bien lograda, que, sin embargo, el lector debe imprescindiblemente interpretar y valorar desde su propio punto de vista. Por lo que si esencialmente decide hacer el ejercicio de sumirse y concentrarse en la narrativa del libro que hago mención, le aseguro que no saldrá defraudado.

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