WOLFGANG HÉCTOR DA COSTA: “LOS LIBROS SON COMO LA MÚSICA, SI NO HAY PLACER EN ELLOS, NO VAS A ENTREGAR EL MENSAJE”.

Por Rodrigo Cabrillana Godoy.

Wolfgang Héctor Da Costa, músico de Concepción. Reside actualmente en Suiza, donde está dedicado en pleno a su labor musical. Ha sido reconocido en la escena nacional y penquista, por haber sido Profesor de Música y Director de orquestas juveniles de la VIII región. Además, baterista de larga data, alguna vez integró el mítico conjunto que conformara junto a Álvaro Henríquez, Titae Lindl y Yogui Alvarado en la década de los ‘80, conocido como “Los Ilegales”. Sin embargo, tiene una carrera mucho más extensa e importante con otros proyectos, varios de ellos desconocidos para los eruditos de la literatura musical.

Durante su niñez fue un lector muy activo, hábito que lo acompaña hasta el día de hoy, y que además ha complementado con su amor por el cine y la música. Ha sido citado por autores como Enrique Symns y Vera Land (“La Última Canción”, biografía no autorizada de Los Tres, Aguilar ediciones, 2002) y por los periodistas Ángel Rogel y Ricardo Cárcamo en el texto lanzado durante 2018, “Conce en Off: Relatos de Rock penquista” (Ril Editores). Actualmente, su faceta artística y creativa se encuentra en plena actividad, y ha continuado su trabajo musical, dejando de lado la docencia para dedicarse exclusivamente a tocar y a girar en diversos escenarios.

Compartimos con Héctor Da Costa en esta entrevista acerca de su experiencia temprana y actual sobre los libros, y cómo no, hablar también de su actividad musical y otros temas.

¿Cuáles fueron tus inicios en la lectura?

HDC: No podría decirte cuál es mi primer libro, porque yo toda mi vida he consumido en  la misma proporción y en igualdades, cantidad de música y libros. Sin embargo, es tanta la importancia de los textos en mi vida, que tengo una biblioteca enorme, y ahora con el asunto virtual, más grande todavía. Sobre todo porque gran parte de mis ejemplares están guardados en Chile. Ahora, si me preguntas por los libros que recuerdo de mi infancia, son aquellos que tratan acerca de los mitos griegos. Textos que me encantaron, porque siempre me gustó la mitología de ese tipo. De hecho, hay varios autores que hicieron libros sobre el tema, como por ejemplo Robert Graves, que escribe sobre los mitos griegos. Pero en general eran obras sobre esa materia las que eran de mi interés.

Del mismo modo, otros ejemplos de libros que me han llamado la atención durante la niñez son “Colmillo Blanco” de Jack London, por el rollo de las aventuras, y también “Gracia y el Forastero”, el que me interesó por la temática del amor adolescente. Ambos fueron importantes porque las lecturas de la etapa escolar eran bien mediocres en verdad y casi ningún libro me lograba interesar. De hecho, un libro que encontré horroroso,  fue “El niño que enloqueció de Amor”. No sé cuál es la finalidad de qué lo hicieran leer en el colegio. Es más, hay dos libros en mi vida que no he podido soportar: el que te mencioné de Eduardo Barrios, y otro libro de un autor japonés cuyo título no recuerdo. Y bueno, “El niño que enloqueció de Amor” lo tuve que leer por obligación, pero el texto del japonés no pude terminarlo, porque era tan deprimente, que trataba sobre un tipo que trabajaba limpiando letrinas en el período de las Geishas, que pertenecía a la más baja clase, tenía problemas de todo tipo, en el fondo, un libro para suicidarse.

No obstante, en general, siempre me gustó mucho la fantasía, y la sigo actualmente. Así también, la Ciencia Ficción. Que son mis temas preferidos. Y de la misma forma, el rollo medio apocalíptico me deleita, pero eso ya más adulto.

En tanto, lo que concierne a revistas, está Mampato, algo sagrado para la juventud de mi época. Y una publicación bien compleja, porque contenía varios cómics de origen europeo en su interior. Más “Las Aventuras de Mampato”, más artículos de diverso interés, etc. Por lo que Mampato fue una revista que es un poco lo que El Peneca fue para nuestros padres. Muy avanzada para su época, una publicación increíble.

Entonces, yo podría decirte que leí de todo lo que había en mi casa, además de que mi padre por el hecho de ser Doctor en Filosofía y mi madre, una amante de las novelas, me pusieron a disposición todo un abanico de lecturas varias, que van desde John Steinbeck, “Yo, Claudio” (Robert Graves), toda la selección de Readers Digest, (William) Blake, La Divina Comedia de Dante, etc. Leía de todo, realmente de todo. Pero como te señalé, prefería los libros de estilo fantástico, aventuras y Ciencia Ficción. Sobre todo el libro donde el corte es un poco el típico héroe, que es un joven normal en un mundo que abre un armario y se encuentra con otro mundo paralelo, tipo Crónicas de Narnia. El mismo Harry Potter es así. Siempre me ha gustado eso, y he pensado también que no me gusta mucho el mundo en que vivo, así que constantemente estoy imaginando otras vidas,  otros universos paralelos.

¿Harry Potter?

HDC: Harry Potter es lo mismo que Narnia. Es decir, un chico huérfano que no tiene a nadie y que de repente descubre que es parte de otro mundo, del mundo de los magos. Eso lo encuentro genial, aunque la idea no es original porque J.K. Rowling mezcló elementos de Oliver Twist, con el mismo Narnia y millones de cosas. Así salió Harry Potter. Pero no se puede negar el mérito de que Rowling hizo leer a toda una generación de muchachos jóvenes y adultos también.

Narnia es muy anterior a la obra de Rowling, claro.

HDC: A ver, remontémonos un poco a Chile. Porque siempre me ha llamado la atención, y le pregunté a mis colegas de Español (Castellano), el por qué la lista de libros que se leía en el colegio era de tan mala calidad. Y nunca recibí una respuesta clara y real, pero yo he visto la lista de libros que leen los alumnos ingleses y la diferencia es monumental. Así que a mí no me queda la menor duda que Rowling debió haber leído The Lords of The Rings, Narnia y todos esos títulos. Por eso te decía que ella saca un poco de todo y crea un personaje nuevo, el que tiene un enorme éxito. Y en el fondo, el mayor triunfo de Rowling fue que hizo que niños de 6-7 años, leyeran libros con cientos de páginas en total.  Y eso, porque en mi tiempo escolar, el alumno perezoso leía el resumen del texto, porque no le gustaba leer. Pero ya en mi época de Profesor, fines de los ’90, principios del 2000, los alumnos no leían ni siquiera el resumen, sino que leían el resumen del resumen. Y peor aún, existen versiones de libros simplificados. O sea, ¿te imaginas lo que eso significa? Que la gente ha caído en el absurdo, es menos culta, menos preparada, y piensa menos. Esa es la tendencia actual, mira la TV, mira todo como está.

¿Estimas que esa lista escolar de textos ha aniquilado la lectura en alguna medida?

HDC: No solamente en alguna medida, sino que absolutamente. Porque tú le puedes dar a los chicos “La Cabaña del Tío Tom”, etc. Pero no recuerdo haber leído nunca en el colegio, Julio Verne, aunque yo lo leí por placer. De hecho ningún texto de este autor. Y es más, si se lee Julio Verne, se lee “Veinte mil leguas de viaje submarino”. Pero nada más. Y escritores como Edgar Rice Burroughs, genios de la Ciencia Ficción de aventuras, jamás.

Ahora, El Cantar de Mío Cid, que es un libro habitual de lectura en el colegio. ¿Tú crees que un muchacho de primero o segundo medio va a entender y apreciar un poema como “El Mío Cid”?  Es ridículo, por todos lados, desde donde se le mire.

¿Desde qué punto de vista enfocarías la lectura obligatoria entonces?

HDC: Mira, los libros son como la música, es decir, si no hay placer en ellos, olvídate, no vas a entregar el mensaje. Porque lo primero que debería hacer el sistema, es producir el placer en el muchacho, para leer. Que es lo que hizo Rowling. Porque gracias a Rowling salieron millones de sagas y personajes fantásticos, entre dragones y Eragon, y miles de cosas más. O sea, hay que cultivar el placer de leer. Lo mismo que el placer de la música, porque están ligados. Ya que si haces una actividad lúdica de una manera pesada, olvídate, nadie va a querer hacerla. ¡Nadie! Y eso pasa por una pésima selección de textos.

¿J.R.R. Tolkien? ¿Consideras que elaboró un imaginario llamativo para un muchacho que estima adentrarse en esas lecturas?

HDC: Sí, pero Tolkien es muy pesado para un muchacho. De hecho, yo a Tolkien lo leí adulto. Y lo adoro, pero cuidado. Porque Tolkien utiliza un capítulo completo solamente para describir el paso de la compañía (Bilbo Bolsón y la compañía de Thorin Escudo de Roble) por el Bosque Negro. Un capítulo donde narra el cómo la luz caía por medio de las hojas de los árboles, etc. A un muchacho, eso lo mata. E irónicamente, las mismas Crónicas de Narnia, tú lees los primeros 4 libros, y después se va en una “volada” muy profunda. Y al final yo dudo mucho, que todos los niños hayan logrado leer todos los textos de Las Crónicas de Narnia. Porque Narnia al igual que muchos otros títulos, se adentra en unos temas metafísicos importantes. De hecho, Aslan, el León, es la representación de Jesús. Incluso, si has leído el último libro de Narnia, es donde todos se mueren, se pasan a otra dimensión, se van al Paraíso. Una cosa loquísima. Es un poco lo que trató de hacer Philip Pullman con la Trilogía de “La Materia Oscura”.

¿Qué leíste específicamente en materia de Ciencia Ficción?

HDC: Qué no he leído ahí. Dentro de las obras maestras, no puedes no leer a Isaac Asimov dentro de la Ciencia Ficción. Ahora, libros geniales, pero pesados, está la serie de “Duna” de Frank Herbert, también una selección de libros de Editorial Bruguera de Ciencia Ficción, los que me leí todos. De hecho, hasta Stephen King ha hecho Ciencia Ficción. Sin embargo, es un género igual amplio, con Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, pero para mí el más impresionante de todos en la Ciencia Ficción es Asimov. Porque a diferencia de sus otros coterráneos, y además no he visto eso en otros autores, tú puedes tomar todos los libros de Isaac Asimov, y están todos relacionados, desde el primero hasta el último, y tienen un solo tema: El desarrollo del hombre. En cambio, no sucede en Bradbury, porque él toca diferentes cosas. Porque por ejemplo, Asimov toca temas tan geniales, como el siguiente: echemos a volar un poco la imaginación y proyectémonos cuando nosotros ya colonicemos los planetas. Va a ocurrir el mismo fenómeno que pasó durante la época de la colonia, es decir, cuando Europa fue a tomar posesión de América y toda esa historia. ¿Qué va a pasar entonces con los personajes primerizos que habiten la luna, que habiten Marte? Está claro que ellos van a tener hijos allá, pero los hijos ya no van a ser terrícolas, ya no se van a sentir ligados al planeta como fueron los padres, los primeros que llegaron. Y todos esos problemas, los toca en su literatura, Asimov. Incluso el contacto con una civilización extraterrestre. Porque la gente piensa que Asimov es solamente el ciclo de las Fundaciones (Trilogía de la Fundación), pero no, toda la obra de Asimov está ligada. Por tanto, yo no conozco otro escritor que haya hecho una obra de esa envergadura. De hecho, Asimov es para mí como Julio Verne, porque Verne pensó en el submarino, en la máquina para ir a la luna, o en el viaje al centro de la tierra. Y Asimov y Verne en conjunto, son como Leonardo Da Vinci. Pasa de repente, que estos tipos “no son humanos”. Y esto, porque Asimov toca también el hecho, de qué pasaría si la inteligencia artificial, un computador, se llega a percatar de cómo el ser humano no es capaz de administrar un planeta como el que tenemos, en el que vivimos. ¿Qué va a hacer? ¿Lo destruye como Skynet en Terminator?,  ¿o está detrás de él para guiar todo? Hay que leer a Asimov, ante todo. Porque es plantear cosas tan impresionantes, como es la burocracia que puede generar un imperio galáctico. Qué es lo que pasa cuando la gente no se establece en castas, se vuelve un poco al rollo medieval, donde el orfebre sabía hacer su trabajo, pero qué ocurre si ese orfebre se muere, y no traspasa a las nuevas generaciones su quehacer, su saber. En resumen, todos esos temas, Asimov los toca en sus libros. Porque  la gente sigue pensando que la Ciencia Ficción son navecitas espaciales, monstruos y cosas así. Pero es mucho más profundo que eso.

Wolfgang Héctor Da Costa.

¿Alguna relación entre los libros y la música?

HDC: Absoluta. Pero, ¿sabes lo que me pasa a mí? Yo no leo de forma tradicional. Porque a mí me pasa algo muy singular con los libros. Ya que cuando yo leo un texto, no leo el mismo, no leo las letras. Esto, porque cuando empiezo la lectura, a mí inmediatamente, se me forma una imagen en la mente, y es exactamente como si viera una película. Con colores, con todo. Por eso me gusta tanto el cine. Y no tengo la menor idea si a otra persona le pasa, pero yo no veo las letras como te decía, sino una película. Y si estoy frente a un libro, inmediatamente mi imaginación le otorga a esas palabras si tú quieres, una imagen en mi cabeza que es como un film. Y eso va relacionado con mi amor por la lectura, y de siempre fue así. Entonces, yo creo que la gente que no logra esa manera de ver un libro, se aburre. Esto, porque sólo empieza a ver las letritas e interpretarlas. Sin embargo, mi cerebro inmediatamente me proyecta una película de lo que yo estoy leyendo. Y eso fija el libro de tal manera en mí, que lo devoro totalmente. Insisto, es como ver un film.

¿Influenció el tema de los libros que estaban en la biblioteca de tu casa?

HDC: De pequeño que yo devoro libros. Pero cero motivaciones en ese sentido, porque la biblioteca estaba ahí, y uno podía leer si quería. Y yo quise. Sin embargo, todos en mi familia son lectores, todos devoramos lectura. Desde cómics, de todo. Y en casa, había siempre muchos libros. Así que no faltaba. Por ejemplo, todo el mundo dice “Las Mil y Una Noches”, pero ese libro, es bastante erótico, sobre todo porque son historias de harenes. Y si tú leyeras la verdadera “Mil y Una Noches”, la versión para adultos, la verdadera, es muy interesante.

Si tenías esa motivación literaria, ¿por qué optaste por el camino de la música?

HDC: Yo no he optado. Porque tú, cuando hablas de un lector, es un lector. Ya que tocar música es una cosa, pero leer libros es otra cosa. Sin embargo, escribir libros, sería algo parecido a tocar música. Yo nunca he sentido la necesidad de escribir un libro, y quizás a lo mejor lo hago, porque escribo bastante bien, dicen. ¿Pero por qué te inclinas a una cosa y otra? En mi vida no puedo olvidarme, que siempre han existido 4 constantes: música, libros, cine y paseos por la naturaleza. Y en la época de mi niñez y adolescencia en Concepción, es muy similar. Aunque hoy, cuando tengo tiempo y estoy de vacaciones, me veo una película al día. Pero en ese período, los ’80 de Concepción, no había videos y cosas así. Uno veía lo que salía en el cine, o lo que daban por TV. Entonces, el cine era menos, leía más. En tanto, como hoy tengo que viajar tanto, leo montones. En los trenes, los buses, etc. Y gracias al lector de textos electrónicos que tengo, he cargado más de 5000 libros en mi tableta.

¿Encuentras alguna relación literaria en los discos de Genesis? Te hago la pregunta, considerando que es una de las bandas que sigues desde niño.

HDC: Ahí hay otro problema, porque a mí siempre me ha tocado profundamente la música. La letra me atrevo a decir que la dejo aparte. Y aunque al principio no sabía inglés, y tampoco sabía lo que estaban diciendo en la canción, finalmente era la música lo que me llamaba la atención. Después logré comprender las letras con el tiempo. Sin embargo, las letras de Genesis de la primera época, son algo lisérgicas. Peter Gabriel se “ponía de repente” para componer, entonces ¿cómo ibas a entender algo, de alguien que ya escribe “volado”?

Ahora bien, existe un disco que tiene influencias de la novela “Cumbres Borrascosas” (Wind & Wuthering, “Viento y borrasca”), pero no llegué a él por la letra, sino que escuché la música y me dio esa sensación de melancolía. Esa sensación de estar en una pradera lloviznando, con un árbol solo. O sea, la música me genera por sí sola la impresión, no necesito de la letra. De hecho, yo como músico, siempre he sido más músico instrumental, que un músico con letras vocalizadas. Es decir, la influencia de ese libro con Genesis, tiene que ver más con las melodías, con las composiciones. Pero yo no sé, si lo que he leído ha influenciado a la música que he creado. No tengo idea. Nunca lo he meditado, si tú quieres verlo así. Porque como te mencioné, a mí la música me toca por sí sola. Por eso me gustan los conciertos, la música instrumental. Es más, para mí la música es lo mismo que los libros, cuando la música me toca, me produce sensaciones, me produce imágenes, recuerdos. No necesito entender la letra y decir, -“ah ya, por eso se canta así…”-. Por lo mismo yo siempre he separado la literatura de la música, no las mezclo.

¿Es extraño que un músico se relacione tanto con la literatura?

HDC: Al menos los músicos que yo he conocido en mi vida, viven leyendo. Ahora, tú sabes que no soy políticamente correcto, pero en general debieras saber que los artistas, los “más respetados”, jamás hablan de libros de entretención. Porque todos hablan de literatura rebuscada o poemas extraños, que no los comprende ni el que los escribió. En cambio, yo no tengo un asco en reconocer que a mí una de las series que más me ha marcado, ha sido Harry Potter. Porque así como leí Harry Potter, también leí La Divina Comedia, y así hasta Shakespeare.

¿William Shakespeare?

HDC: Me llama la atención “Sueño de una noche de verano”. Y es por el corte fantástico. Y el resto de sus textos, me imagino que los debo haber leído, pero no me quedaron. O sea, yo no soy de decir una lectura que me haya impresionado, por muy esnob que seas. Y Hamlet y todo eso, no.

¿Qué hay de tu paso por Los Ilegales?

HDC: No sé qué tanto se me ligue a Los Ilegales, porque en esa época por lo general, se me asocia al Rock Progresivo. Y eso que en esos años, aún ni tocaba Rock Progresivo.

¿El hecho que se te cite en algunos libros que narran la historia del Rock chileno?

HDC: Me da risa, porque como dicen, -“cuando pasan ese tipo de cosas”-, modela lo que yo pienso del concierto de Los Ilegales y Los Prisioneros en Concepción, ya que siempre me pongo a pensar en el rollo de la fama, como lo que pasaba cuando los generales romanos que tenían una gran victoria entraban a Roma. Tú sabes la historia, de que atrás del carro hay un esclavo que llevaba una corona de olivo y le iba susurrando al general victorioso, -“toda gloria es pasajera”-. Eso es lo que yo pienso, acerca de todo este ‘hueveo’. O sea, me da risa, o que una parte de mi ego diga –“¡Está bien ah!”-, pero: ¿Qué eso vaya a tener una importancia? No. Primero que todo, yo soy citado como el baterista que apareció, pero hay tanto mito urbano acerca de eso… Además, por otro lado siempre se acerca gente preguntando por lo mismo, y en ese sentido, los contactos son muy condicionados a lo que yo pueda entregar. Y yo soy bastante celoso de lo que yo puedo entregar. Entonces, ¿eso de que vaya a transformarme en un personaje? ¡Yo ya soy un personaje por derecho propio! Pero en mi casa, y ¿afuera? Si estoy arriba de un escenario sí, porque soy histriónico, y siempre llamo la atención en los grupos donde toco. Y eso quizás me ha generado más de un problema con las personas que tienen los celos típicos y que tienen menos carácter que yo. Y sí, pese a tener problemas por eso, yo soy una persona asumida conmigo misma. O sea, no tengo rollo conmigo, me acepto como soy, y me da igual que tenga más o menos fama. Pero yo no sé si tú dimensionas que Chile es un largo país y que geográficamente está situado, como dice Phil Collins en su texto biográfico, “al final de la línea”. Entonces, ¿te das cuenta? Chile es el último destino de los aviones, porque ahí se acaba el mundo. Destino estacional, aeropuerto de Chile, y ahí queda el avión. Entonces, ¿eso de ser famoso en Chile? Además que Chile es tan ingrato con sus artistas, que es como decir, -“Ah, qué bien. Listo, sigamos adelante”-. No me creo mucho en verdad el tema de la fama, ya que aparte de que me mencionen en ciertos libros, donde incluso aparezco mal citado en uno de ellos, no veo donde está el personaje o no personaje. ¿Qué me aporta eso a mí acá en Europa?  Salvo algo anecdótico, no mucho más que eso.

¿Qué te llamó la atención de la saga de Harry Potter?

HDC: Toda la serie, toda la saga. Está muy bien hecha. Sin embargo, creo que pocas veces se ha hecho un esfuerzo tan grande con el mismo elenco de filmar una película de la serie, desde el principio hasta el fin. Y eso es la primera vez que se hace, porque quizás puede ser también “Star Trek”, ya que ni siquiera sucede con “Star Wars”, donde cambiaron hasta de personajes y todo eso. Y “Star Trek” puede ser hasta un paralelo, en cómo la serie se transforma en película. Aunque ya en “Star Trek”, el film,cambiaron de tripulación y  un montón de cosas. Y bueno, ya son más años también. Pero yo creo que las películas de Harry Potter están muy bien logradas, aunque nunca van a salir tal como aparecen en los libros. Tendrían que ser películas de 15 horas. Sin embargo, cuando conocí a Harry Potter, había empezado la locura por el personaje, y fue justo cuando salió la primera película, que la vi como tal, antes de empezar a leer la serie. Y una vez que la leí, me encantó, y me fui en el otro libro, y luego en el otro, y así. Es decir, llegué a los libros de Harry Potter a través del cine.

¿El cine es punto importante de conexión para ti con los libros?

HDC: Absolutamente. Y yo estoy absolutamente de acuerdo, con la frase que dice que “el cine es el séptimo arte”. Porque me sucedió también con “John Carter” (John Carter of Mars), y si bien yo tenía y había bajado los libros de Edgar Rice Burroughs, cuando supe lo de la película, la vi y la encontré fantástica. Fue una pena que haya sido la misma, un fracaso comercial. De hecho, ahora me acontece eso, lo de las películas. Porque antes tenía más acceso a libros que películas. Y hoy tengo igual acceso a ambos, gracias al Internet. Pero me pasa que veo una película como John Carter de Marte o “City of Ember”, y entonces inmediatamente busco quién la escribió, descargo los libros y después los leo. Así me he llevado geniales sorpresas.

¿O sea que tu actividad como adolescente en el contexto de la lectura y el cine, siempre fue disfrutar por disfrutar?

HDC: Siempre ha sido así. Yo no leo por obligación, sino que leo por disfrutar. Y sobre la enseñanza de la lectura en la escuela, sucede que un amigo fue el que me dio la respuesta más acertada. Es decir, que “los profesores escogen libros porque necesitan desarrollar ciertos temas en la mentalidad de un alumno”. Y esos temas son tratados en ciertos textos, pero no son tratados por principios básicos en lo que tú lees por placer. Porque si no hay placer, no te va a entrar nada. ¡Absolutamente nada! Ni siquiera lo básico. Y es ahí donde falla el sistema, desde el principio. Porque también con el computador de por medio, la lectura está complicada. De hecho, imagínate un videojuego, porque hay videojuegos donde tú ahora vas haciendo la narrativa. Ya sea en base a la misión, si vas por esta puerta, descubres este universo y atacas a estos monstruos, etc. O sea, tú vas haciendo tu propia película. ¿Entonces cómo vas a competir con un libro de muchas hojas, en el que supuestamente “vuela” la imaginación y…? Tienes que encontrar el encanto. Pero ese encanto lo desarrollas con anterioridad, con muchos años de lectura de por medio. Sin embargo, yo creo que la temática es que hoy en día se pueden encontrar libros, porque un ejemplo básico, es que yo recuerdo los textos que leí en el colegio, y después cuando trabajé como profesor, en un colegio inglés de Concepción, presté atención a las lecturas de los estudiantes, y estaban por ejemplo, la Trilogía de Los Trípodes (John Christopher), que es Ciencia Ficción pura y data de la década del ‘60. Y el mismo “Charlie y la Fábrica de Chocolate” de Roald Dahl, o la Trilogía de “La Materia Oscura” de Philip Pullman. Es decir, ¡eran otros libros, pues viejo! No como los que leíamos nosotros, como el caso de “El niño que enloqueció de amor”, el que resultó ser una mala experiencia para mí. Porque en él encontraba que existían cosas tediosas y depresivas para nuestra edad. Además, que si tú no logras enganchar a los muchachos con lecturas elementales, entonces ¿cómo lo hizo Rowling para fascinar a sus lectores? Porque enganchó a una generación completa con sus textos, y es más, trascendió. Inclusive, te puedes seguir preguntando ¿cómo lo hizo también Tolkien, cómo lo hizo C.S. Lewis, cómo lo hizo Asimov, cómo lo hizo Frank Herbert, cómo lo hizo Edgar Rice Burroughs, y tantos otros como Julio Verne? Los que deleitaron a miles de seguidores durante décadas, considerando igualmente que tú puedes leer de todo tipo de temáticas en ellos. Porque por ejemplo, si quieres leer horror, tienes que leer a Stephen King, ya que es genial, me he leído en particular casi todos sus libros. O sea, he podido leer de todo lo que ha estado a mi alcance.

¿Doctor Mortis?

HDC: El Doctor Mortis para mí es un radioteatro. Porque el Doctor Mortis representa las vacaciones en Licán Ray, en la noche, escuchando la radio y “morirse de miedo” con esa música de “Una noche en el Monte Calvo” de Modest Mussorgsky. Sin embargo, ese es fundamentalmente el Doctor Mortis, yo nunca lo leí y sé que existen cómics del mismo. Ya que debo haber visto uno o dos ejemplares en tiendas de cachureos, pero insisto que para mí, el Doctor Mortis es absolutamente radioteatro. Y lo encontraba genial, nos ‘cagábamos’ de susto. Y estoy hablando de cuando era niño, alrededor de los 5-7 años. Todo eso en la década de los ’70.

Cómic Mampato.

¿Cómics de Mampato?

HDC: En Mampato aparece Dan Cooper, cómic canadiense, y una cantidad de cómics belgas y muchos europeos. ¡Wow! Y eso es otra cosa, ya que soy fanático de los cómics. Por ejemplo, observa solamente la cantidad de detalles que tiene Asterix y Obelix, porque tú empiezas a verlos y en un solo dibujo hay miles de detalles, es impresionante. Así como también, yo vi aquí en Europa el cómic de Valerian, el que conocí gracias a que tuve la suerte primero de ver la película (“Valerian y la ciudad de los mil planetas”). Por lo que me encantó, lo encontré genial y luego los busqué.  Y eso que Valerian son unos cómics famosos y magníficos en Francia, los bajé todos.

Ahora bien, hay que hacer una diferencia en sí, entre el cómic de Mampato y la revista de Mampato. Porque la revista era increíblemente rica en conocimiento, además de los cómics que traía consigo, que eran alrededor de tres o cuatro. Entre los que estaban Dan Cooper, Bernard Prince, etc. Tenías montones. Y en eso los europeos nos llevan años luz. Pero yo creo que otros cómics tan famosos, aparte de Mampato y todo lo que tenga que ver con Themo Lobos, en América Latina son Mafalda y Condorito.

¿Condorito? ¿Te logró influenciar en algo?

HDC: Obviamente, todo lo que tú lees es parte de tu acervo cultural. En el sentido estricto, te influencia. Pero así como decir –“me influenció Condorito”-, eso suena muy grande incluso. Yo leo Condorito, los colecciono incluso, tengo montones en casa, pero de ahí que me hayan influenciado, no lo sé. Nunca lo he analizado así.

Pero en cambio, si Mampato como cómic, estaba haciendo una aventura en la Antigua Grecia, el reportaje de conocimiento era sobre la misma. Y te hablaban de los dioses griegos y ¡todo! Entonces, era una revista fuera de serie. Nunca volví a ver una revista como esa. Y de hecho, los “Cucalón” son unas reediciones modernas, solamente con la historia de Mampato. Pero, gracias a Dios, yo encontré todos los “Mampato” digitalizados en una página de Internet. Y como te decía, la revista tenía muchos cómics europeos, y dudo mucho que los chilenos en la actualidad, como los conozco, hayan pagado los derechos para reeditar después todos esos cómics que salieron durante años. Porque Mampato estimo que fueron 10 años de ediciones al menos, así que imagínate la cantidad de números publicados. Además que era una revista tan buena, que hacía el trabajo que el colegio no hacía. Porque recuerda que nosotros estudiamos en la época de Pinochet, y el general en su mentalidad de general, independiente si gustaba o no, todo lo que era pensar lo asociaba a la izquierda, por tanto era proscrito. Así que revistas como esa te cultivaban. Y yo tuve muchas, y en los ’80 quien no haya hecho trabajos buscando en los números de Mampato es extraño. Porque Mampato era enciclopédico, a ese nivel. Tú encontrabas en esas publicaciones información para el colegio y para todo.

¿Estimas que en la dictadura se restó importancia a la literatura?

HDC: Eso es como preguntar si “¿tiene cola un pez?”. Porque es una cuestión lógica, porque el concepto militar es una pirámide de mando, donde el que está más arriba manda al que está más abajo, llegando al soldado raso, que es una figura donde un ser humano tiene que entrenarse de una manera tan fuerte que sea capaz de obedecer sin pensar ni siquiera en su mínimo instinto de supervivencia. Eso es un buen soldado. Entonces, lo que menos tú necesitas, es que un soldado piense, porque para el elemento pensante tienes el grado superior. O sea, primero tienes el cabo, luego tienes el sargento, luego el capitán, el coronel, el mayor, etc. Por tanto, lógicamente que a Míster Pinochet no le convenía que nadie pensara, y por supuesto que hay un sesgo enorme, y gran parte de la herencia de una cultura destruida y absolutamente distorsionada, es por la mala copia yanqui que tiene actualmente Chile, y se debe a eso. Pero, cuidado, que lo que estoy diciendo por ningún motivo es una apología de la izquierda, quienes tampoco tenían la cultura absoluta. Porque yo te digo una cosa, que viví en Cuba y también vi lo que un régimen totalitario comunista hace. Así que a mí no me “vendan la pomada” de ningún extremo. Ya que ningún extremo es bueno. Imagínate lo que pasó también con Stalin, o la cantidad de crímenes en China con Mao Tse-Tung.

¿Qué opinas de lo que sucedió en el gobierno de Allende con Editorial Quimantú?

HDC: Eso era muy bueno. Pero lo que pasa es lo siguiente: está de moda que los intelectuales sean de izquierda, pero no tengo tan claro aquello. Porque para mí los verdaderos intelectuales son las personas que aman la cultura y aman el ser humano. Por lo tanto no está dentro de ningún área, ni derecha e izquierda. Quizás el centro podría ser. Entonces, sí, Quimantú y Mampato se editaron en la época de Allende, estoy de acuerdo con ello. Pero con Salvador también pasaron otras cosas en el país.

¿Qué diferencia ves entre la literatura de tu niñez y la de la actualidad?

HDC: La oferta, porque hoy día tienes una oferta gigantesca. En mi época, no. Ya que para encontrar un libro de fantasía era difícil. Sin embargo, yo tenía la suerte de que los tenía en la casa. Ahora bien, ¿tú sabías que te venden muebles con las librerías incluidas, pero los libros, no son libros? Esto, porque te introducen solamente el lomo del libro, sin el mismo, para que tú veas que tienes como una gran librería. Es algo estético, no hay libros ahí. A ese nivel hemos llegado… Pero regresando al tema, yo creo que el muchacho tiene bastante para elegir, por lo que no impresiona ya ver a un niño de 6 años con un libro de Harry Potter entre sus manos. O también un chico de 12 años que te pueda dibujar un mapa de la Tierra Media, ¡ya no sorprende! En cambio, encontrar en otra época algo de Tolkien, eso eran palabras mayores. Era como encontrar discos importados.

¿Tú encontrabas tus momentos con la lectura?

HDC: Siempre había tiempo para hacer cosas. Porque no me olvido, que llegaba del colegio, almorzaba y me tiraba al sillón a leer. O en las tardes algo típico, las lecturas de verano. O sea, 2 meses de vacaciones, echadito ahí con la ventana abierta, escuchando el sonido del bosque, porque vivía en un lugar bien bonito, y leyendo…

Por lo mismo, yo creo que el hábito, el placer de la lectura, lo tienes que inculcar de muy pequeño. Y una vez que lo inculcas, estás al otro lado. Y después los chicos “devoran los libros como ratones”. De esta forma, el arte de la lectura hay que inculcarlo de muy pequeño. Y si el niño ve que sus padres leen, lo va a encontrar interesante y va a querer leer. Sin embargo, hay que saber darle las lecturas al niño, por ejemplo al decirle –“Oye mira, léete esto, léete esto otro…”-. Aun así, a mí nunca me indicaron que texto leer. Yo tenía los libros y empecé a agarrar. Y uno me llamó atención, y me llevó a otro, a otro y a otro. Y cuando terminé la biblioteca de mi casa, seguí leyendo afuera.

¿Influenciaba en ti, el arte, la estética del formato libro?

HDC: No creo, porque eso es muy de ahora. Ya que hoy encuentras libros bonitos, con las ilustraciones, típico Tolkien. Pero eso es nuevo, y son libros caros. Dado que en Chile, los libros tienen un alto valor económico, y mientras más estética contienen, textos más caros resultan todavía. Todo lo contrario a lo de antes, puesto que tú te llevabas el libro al baño, a todos lados, a donde quisieras leerlo. Es decir, maltratabas al pobre libro si era necesario con tal de terminarlo. La estética del mismo quedaba a un lado.

¿Qué libros recomendarías leer a los niños?

HDC: Lo que yo recomendaría es averiguar qué le gusta a los niños, y en base a eso recomendaría literatura por afinidad o por gustos. Creo que los profesores de español, debieran encantar con la literatura, porque entiendo que hay que enseñar, y enseñar a veces no es fácil. Pero hoy día, la oferta es tan grande que tú puedes enseñar, y a la vez, que a la gente le guste.

¿La literatura chilena es melancólica?

HDC: A mí me encantó “El Chiflón del Diablo”, los cuentos costumbristas, los encontré geniales. Pero mira, te voy a contar una anécdota: hay un autor que hace cuentos costumbristas del campo chileno, y a mí cuando niño nunca me gustaron las longanizas, porque las encontraba muy condimentadas para mi paladar. Entonces, un día estaba leyendo el libro “Afuerinos, Aprendiendo a Brujo y otros cuentos”, donde había dos tipos que trabajaban en el campo y estaban muertos de frío, pero uno empieza a hablar de los porotos con longaniza. Y sucede que leo una descripción tan exquisita de la longaniza, que fui a la cocina, había longaniza y pregunté -¿cómo se hace esto?-, -“La cueces y todo…”- me respondieron, y así me hice una longaniza. Y desde esa época que soy fanático de la longaniza. Así que imagínate la influencia de un libro, ¡en algo que era negativo! Eso yo lo encuentro increíble. Y fue solamente por la descripción que hacía el autor del libro (Luis Durand), que son puras historias del campo chileno. Por tanto, ahí tienes la influencia de lo que puede hacer un libro en una persona. Yo tenía 12-13 años. Y claro ¡wow!, después de esa reseña… todavía me acuerdo, que hablaba de las varas de longaniza, con los porotos.

Ahora, mi padre jamás me indicó qué leer y qué no leer. Y mi madre tampoco, nunca. Ellos ponían la oferta, y nosotros leíamos lo que nos interesaba. Yo leí todo, mi hermana también, y mi hermano también. Cada uno en la casa, tiene una biblioteca personal.

¿Algunos libros que citan o se vinculan a la comida?

HDC: “Como Agua para Chocolate”, ahí tienes un libro en que las historias son como recetas. Aunque yo encontré más divertida la película que el libro. Sin embargo, hay más de un libro en que está ligada la comida y la literatura, por lo menos es un tema que se ha hecho más de una vez. Pero como te digo, a mí un libro me cambió un gusto, porque al principio no me gustaba la longaniza, pero ahora soy fanático de la misma. ¿Y cómo un libro puede generarte una curiosidad tal, para ir a probar algo que no te gustaba y que después te vuelve loco? Eso me parece increíble.

¿Qué es para ti Cultura?

HDC: Lo es todo, todo. Cultura es leer todo lo que esté a tu alcance y que represente la expresión de un pueblo o nación, en cuanto a literatura y cualquier otra manifestación. Sin embargo, para mí la cultura no es solamente literatura. Ya que en Chile se tiende a caer un poco en el esnobismo de ese tipo. O sea, es como el cliché del Rock Progresivo. El que manifiesta que “los progresivos tienen que leer de mitología”, etc. Algo que casi viene de Wagner. Y con todo el rollo de los nibelungos, las valkirias, Valhalla y todo eso. Ahora, en verdad yo creo que muchos músicos, estaban más influenciados de las drogas que de los libros. Me atrevería a decirlo, sobre todo del LSD, a principios de los ’70.

¿Qué opinas del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan?

HDC: No es mi lectura la poesía. Me cuesta opinar de ella, por lo que no podría decir si es bueno o es malo. En ese sentido, la canción folk nunca me llamó mucho la atención, porque por gustos, yo soy una persona que le gusta la orquesta. Y mientras más, mejor. Incluso, la fórmula más pequeña que te acepto es el trío. Pero un trío como Rush o The Police. Tipos que tocan tan bien, que suenan como si fueran quince. Entonces, Bod Dylan siempre fue folk, la guitarrita, y eso tengo que reconocer que me era extremadamente aburrido. Y yo, sobre todo en la época de Pinochet, estaba escuchando Genesis y me salían los tipos del Canto Nuevo con su guitarrita, y ¡me daba un aburrimiento! Sin embargo, hoy en día los escucho y los puedo apreciar, tengo la madurez musical para ello. Por lo que puedo apreciar la riqueza de su arte. Pero en la época me daba una ‘lata’… y eso es lo que me pasa con Dylan. Y no he escuchado a Dylan. Por lo que si no he escuchado mucho a Dylan músico, el Dylan Poeta me es absolutamente desconocido. De todas formas, me imagino que ha influenciado a muchas generaciones, yo creo que la cosa va por ahí. Según leí. ¿Pero que está bien dado o no el premio? Me parece aventurado decirlo.

Wolfgang Héctor Da Costa exhibiendo el texto “Zombi. Guía de Supervivencia” de Max Brooks.

¿Literatura de Zombis?

HDC: ¡Me encanta! Me encanta el rollo apocalíptico que eso genera. Los libros de Max Brooks, como el manual de supervivencia, la Guerra Mundial Zombi; también la Trilogía de Manel Loureiro, un escritor español espectacular; y“Los Caminantes” de Carlos Sisí. Los tengo todos, es mi placer culpable. Porque tú para introducirte a los zombis, tienes que ver primero las películas de George A. Romero, y para mí la película que más me impresionó de él, fue Dawn of the Dead de 1978. Y ahí tienes película, porque los dejan encerrados en un mall. Incluso hicieron un remake de la misma, pero no está tan bueno. Y hoy en día está lleno del tema zombis, porque hay páginas, hay foros, etc. De hecho, el serial viene de un cómic, y el rollo zombi es como el progresivo, siempre tiene su circuito. Sin embargo, lo que pasa es que su circuito no está muy presente, pero fanáticos del rollo zombi, hay miles. Literatura, existen libros por cientos. Tanto en inglés como en español. Por ejemplo, te recomiendo Víctor Blázquez con “El Cuarto Jinete: Armagedón”, o también “Apocalipsis Z” de Manel Loureiro, o “Zombi. Guía de Supervivencia” de Max Brooks, o también “Guerra Mundial Z” del mismo autor, que Brad Pitt tomó y no sé qué trató de hacer, y le salió muy mal. Pero igual entretenido.

Ahora bien, el caso del autor Manel Loureiro, fue en un blog que empezó a escribir sobre el tema, y fue tanto su éxito que terminó publicando en formato libro. Y es el primer libro de zombis que conozco de un español, porque todo el mundo asocia a los zombis con Romero y los gringos. Y hay de todo tipo y de toda época.

En cambio, volviendo a lo de Harry Potter, existe  también otro texto de literatura fantástica inglesa de alto nivel: la serie “Túneles” (Roderick Gordon y Brian Williams), la que me atrevería a decir que me agarró tanto como Potter. Es un rollo muy especial porque trata de un muchacho que le gusta excavar, y descubre que hay toda una civilización subterránea debajo de Londres, y tiene una ‘volada’ muy genial. Así como está también la novela fantástica, “Eragon”, escrita por el estadounidense Christopher Paolini. Por lo que te puedo afirmar que me he gastado su dinero en libros, pero no se compara a lo que dejé en Chile.

¿Otras lecturas que quieras destacar?

HDC: No te mencioné otros escritores españoles que también son geniales: Carlos Ruiz Zafón y Rafael Fernández. Zafón es de la novela histórica de ficción (Serie “El cementerio de los libros olvidados”) y Rafael es apreciado por ser un loco onda Marqués de Sade, tremendamente genial y lo más políticamente incorrecto que existe. De hecho, Rafael, él mismo vende sus libros (“Prostituto de Extraterrestres. Una novela de terror para casados”) aquí en España, pero no son libros para cualquiera. Es una narrativa vivencial, pero súper descarnada. Y hay que leerlo con criterio, pues muchas veces es difícil separar la ficción de la realidad.

 

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